
Liag Argentina SA tiene hoy bajo agricultura de precisión unas 24.000 hectáreas en el país. Con esta tecnología varía insumos y densidades según la heterogeneidad de los distintos ambientes
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VEDIA.- Guillermo Mangas no le encuentra otra explicación. Mira decenas de gráficos con el rinde de los cultivos, su variabilidad intralote, las distintas capacidades de uso del suelo, su heterogeneidad y vuelve a la misma conclusión: la incorporación de la agricultura de precisión ha contribuido a cambiar la historia productiva de la empresa en que trabaja.
A 310 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, la estancia Las Balas, de la firma Liag Argentina SA, propiedad de la familia australiana Kahlbetzer -que en el país tiene unas 120.000 hectáreas propias y maneja otras 40.000 hectáreas arrendadas para agricultura y ganadería-, está embarcada en un proyecto de agricultura de precisión que en los últimos años ha mostrado resultados por demás sorprendentes.
Del total del área bajo control, hoy la compañía tiene unas 24.000 hectáreas con esta tecnología, entre este establecimiento del noroeste bonaerense y El Consuelo, estancia ubicada a unos 27 kilómetros de Vicuña Mackenna, en el sur de Córdoba. Además de estas explotaciones, suma hectáreas con la tecnología también en campos alquilados. La empresa, que tiene a Mangas, de 33 años, como gerente de producción agrícola, ganó en 2006 el Premio LA NACION-Banco Galicia a la Excelencia Agropecuaria como Mejor Agricultor. Frente a una marcada heterogeneidad en el campo de por medio, la empresa logró en los ambientes de peor calidad de Las Balas un margen positivo de entre 40 y 60 dólares por hectárea, por el uso de esta tecnología (variando insumos y densidades), versus el manejo que venía implementando de manera tradicional con la aplicación fija de insumos. En su caso, esta ganancia tuvo que ver, principalmente, con una reducción de insumos. Esto se dio sin una pérdida de rinde.
En tanto, la firma ha logrado de 5 a 20 dólares por hectárea a favor de la agricultura de precisión en los ambientes de alto potencial. Como se observa, el impacto más importante sucedió en los ambientes de menor rinde por ahorro de insumos antes que en los de mayor rendimiento, donde ya se venía aplicando un elevado uso de insumos. Un dato importante es que en Las Balas hay un 25% de ambientes o lomas (de baja retención hídrica) que rinden en promedio entre un 25 y un 40% menos que el promedio. Después hay un 30% de sectores de alto rinde que siempre están entre un 10 y un 20% por encima del promedio de los lotes. En El Consuelo, donde hay suelos más frágiles y menor retención de agua con más del 80% de arena, las lomas rinden entre un 40 y 60% menos que el promedio, mientras los sectores de alto potencial llegan a ubicarse entre un 15 y un 40 por ciento arriba del promedio. La pampa arenosa cruza, más allá de la distancia geográfica, a uno y otro campo.
Otro dato: mientras en Las Balas hay un 40% de maíz, 40% de trigo (luego va a soja de segunda) y un 20% de soja de primera, en El Consuelo el esquema es maíz-soja. En este último campo, se agrega la incorporación de cultivos de cobertura en el 30% de la superficie.
Descripciones al margen, Las Balas y El Consuelo tienen una característica en común: una alta heterogeneidad en los lotes, con suelos con escasa retención de agua, otros donde no hay problemas -a veces con la influencia de la cercanía de la napa-, y hasta otros donde el recurso está en exceso. Esa heterogeneidad llevó a esta empresa a plantearse si tenía sentido hacer el mismo manejo para los distintos sectores.
En rigor, había maíces que iban desde los 6000 hasta los 16.000 kilos por hectárea en el mismo lote o sectores con trigo de 2500 a 7000 kilos y sojas desde 3000 a 6000 kilos. "En un mismo lote el margen bruto de maíz iba de menos 245 dólares por hectárea (con un rinde de 10 quintales en los sectores de peor calidad) a los positivos 415 dólares por hectárea (con un rinde 130 quintales en las zonas buenas)", comentó a LA NACION Guillermo Mangas, gerente de producción agrícola de la compañía. Esta era la situación con un manejo fijo de insumos.
Con las diferencias de rinde en un mismo lote se hicieron cuestionamientos sobre el manejo que podía resultar más adecuado. Así se abrió la puerta de la agricultura de precisión, disciplina donde desde 1998/1999 la empresa venía tomando mapas de rendimiento para miles de hectáreas. "Vimos que se justificaba un manejo diferencial entre ambientes", dijo Mangas. "Los promedios de lotes dejaron de ser buenos indicadores para nosotros; en realidad, vimos que tenían que ser promedios de cada ambiente intra lote", agregó.
Ambientes y cultivos
Hoy la empresa ha diferenciado cuatro ambientes de manejo dentro de un mismo lote, y en función de ello trabaja con un manejo particular. En primer lugar, hay un ambiente de loma que es de bajo rinde, asociado a la menor retención hídrica, luego hay un segundo ambiente que es promedio y después un tercero de alto rinde con suelos de mejor retención de agua, más materia orgánica, menos arena y también con napa. Por último se definió un cuarto ambiente (en Las Balas) con sectores que se ganaron a los bajos anegables y donde existen problemas de drenaje internos, por ejemplo. De ahí en más, con los diferentes ambientes se varía la utilización de insumos y densidades, según el cultivo.
Si del impacto de la tecnología se trata, hay varios puntos para destacar además del margen positivo alcanzado por la reducción de insumos o, inclusive, con más rinde en los mejores ambientes. En verdad, en esta empresa, que de hacer sólo 300 hectáreas de maíz con agricultura de precisión enseguida saltó a las 24.000 actuales con todos los cultivos, el primer impacto grande de la tecnología fue la fertilización de fósforo de reposición. "Lo primero que se hizo variable nos permitió ajustar la política de fertilización; nos permitió manejar la reposición de fósforo en forma consistente", señaló Mangas. Cada dos o tres años, aquí se lleva adelante una fertilización de reposición. Hoy el objetivo es que todos los lotes no bajen de 20-25 partes por millón tanto en Las Balas como El Consuelo.
En líneas generales, en trigo se maneja de manera variable la fertilización nitrogenada y azufrada. En realidad, el azufre se aplica con el fósforo de reposición en presiembra del trigo. Es decir, cuando se aplica el fósforo de reposición también se aplica azufre que va a utilizar el cultivo de trigo/soja. "Esto se hace cada dos o tres años dependiendo del lote", explicó. El voleo de fósforo se hace en presiembra de trigo, presiembra de soja de primera y en lotes con problemas de este nutriente.
En trigo, además, se hace un monitoreo de enfermedades por ambientes. Pero, en este caso, más que segregar dosis se segregan áreas de fumigación o sectores que no se pulverizan si el cultivo no expresa su potencial. "Eso se determina con el monitoreo y las expectativas de rinde", comentó Mangas. En este cultivo se usa una densidad fija de plantas, no variable. La razón la explicó este técnico. "Todavía no tenemos respuestas consistentes por densidad variable", dijo.
Por el lado de la soja, lo que se hace variable es la fertilización del fósforo de reposición en presiembra de soja de primera (al voleo). En la oleaginosa no se utiliza la densidad variable, por más que hoy se están desarrollando ensayos. En este caso, antes que la densidad se siguió una estrategia de reducir el espaciamiento entre hileras.
Ahora bien, si hay un cultivo donde más se varía insumos, ése es el caso del maíz. También se trata del cultivo donde más impacto tiene esta tecnología. Por eso, a diferencia del trigo, aquí sí se hace densidad variable. De igual modo se trabaja de manera variable con nitrógeno, azufre y fósforo. Los preemergentes también se aplican de modo variable. Para tener una muestra de la densidad variable, en Las Balas se varía de 55.000 plantas por hectárea en la loma a 72.000/75.000 en la media loma y a 80.000/85.000 en los bajos, dependiendo del híbrido y de la calidad del lote. En el establecimiento El Consuelo, en tanto, se manejan 40.000/45.000 plantas en las lomas. 60.000/70.000 en las medias lomas y de 70.000 a 80.000 en los bajos.
Como también ocurre con el trigo, en maíz el nitrógeno se hace con una dosis direccionada por ambientes. En general, en Las Balas se usan entre 80 y 100 unidades de nitrógeno en las lomas y de 180 a 200 unidades en los bajos. El azufre también se varía con unos 15 kilos en los bajos y 8 en las lomas. El fósforo también se varía con la reposición que lleva adelante la empresa. Para este cultivo el nutriente se toma como arrancador.
A todo esto, en maíz también se varían los preemergentes. Esto va relacionado con los niveles de cobertura, el producto y los porcentajes de materia orgánica. "El maíz es el cultivo que más impacto tiene en todo este manejo", apuntó Mangas, que en este campo está acompañado en su trabajo por el técnico Enrique Angellotti.
Pensando más allá de la agricultura de precisión, en la empresa, que tiene todo su sistema de producción estabilizado y ve a la sustentabilidad como su "norte", ya están planeando en cómo introducir esta tecnología también para la ganadería. "Ya estamos tratando de cuantificar la oferta forrajera a partir de fotos satelitales", dijo Gustavo López, gerente de producción ganadera de Liag y responsable de la cabaña de Hereford Las Balas.
En campos alquilados
Además de tener 10.000 hectáreas con agricultura de precisión en Estancia Las Balas (Vedia-Buenos Aires) y otras 9000 en El Consuelo (Vicuña Mackenna-Córdoba), Liag Argentina hoy también trabaja con agricultura de precisión 4500 hectáreas en campos alquilados. Las tierras alquiladas están en la zona de Vicuña Mackenna.
¿Cuál es la estrategia en los campos alquilados? "Buscamos que la tecnología permita segregar ambientes que puedan tener un impacto en el negocio", señaló Guillermo Mangas, gerente de producción agrícola de la empresa.
En líneas generales, se pretende hacer agricultura de precisión sobre campos conocidos, donde en la empresa puedan saber cuáles son sus limitantes.
Así como se preocuparon por incorporar la tecnología de agricultura de precisión, en la firma también pusieron especial énfasis en lograr su validación. Para ello, en Las Balas no sólo se mide por ejemplo el rinde del maíz, sino el efecto de la densidad, del nitrógeno y hasta de los preemergentes con un análisis estadístico.
Análisis direccionados
Aparte de esto, otro punto importante es que desde el trigo se incorporó el concepto de hacer análisis de suelo direccionados y no al azar. "Esa es otra cosa que nos permitió la agricultura de precisión. Ya no se hace un análisis al azar, sino que la estadística del manejo de los mapas de rinde nos permite seleccionar los sectores representativos del ambiente", señaló Mangas.






