
Opina Jorge Adámoli
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Aumentar la producción de granos requerirá utilizar racionalmente todas las herramientas tecnológicas disponibles, así como un proceso ordenado de expansión de la frontera agrícola. Gracias a los trabajos de las universidades, del INTA, de Aacrea, de Aapresid y a la iniciativa de excelentes productores, en forma individual o en redes, muchos campos logran altísimos rendimientos de granos y de carne, al mismo tiempo en que conservan los suelos e incrementan la materia orgánica.
Esto lo logran con adecuadas rotaciones y con un manejo integrado de plagas, entre otras prácticas. Como ecólogo apoyo estas prácticas positivas, al mismo tiempo que cuestiono las prácticas degradatorias.
En la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA hicimos un trabajo analizando imágenes satelitales de toda la región chaqueña, donde previmos que las áreas cultivadas podrán alcanzar en 2010 cerca de 10 millones de hectáreas (el doble de la superficie cubierta en 1995/1996).
En muchos campos la agricultura es moderna y competitiva, y eso es bueno. Pero la modernidad parece ser un proceso de "tranqueras adentro", porque en la escala regional el cuadro en muchas partes es desolador, con un avance descontrolado de los desmontes.
En Salta se quiere expandir los desmontes vendiendo la reserva provincial Lotes 32 y 33, la única representativa de la transición Chaco Subhúmedo-Yungas. El argumento es que estaba deteriorada y que van a destinar los fondos para pavimentar dos rutas. Con el mismo argumento podría venderse el cabildo de Salta para pintar la terminal de ómnibus, o los atenienses podrían vender el Partenón, dado que está en ruinas. España tiene como política de Estado la defensa de su patrimonio cultural, artístico, natural y edilicio. Nada de eso frena el desarrollo; todo lo contrario, le da un sustento mucho más sólido.
Aprovechando el actual período de buenas lluvias, se está desmontando masivamente en ambientes frágiles que siempre pertenecieron al chaco semiárido, (inclusive en los años 30 y 40 tenían características áridas). Luego de quemar los restos de los desmontes, algunos productores hacen doble cultivo de soja sin ninguna rotación. Estas prácticas ocurren y deben ser combatidas, porque se corre el riesgo de disparar un severo proceso de desertificación. Muchos de los campos desmontados ya estaban fuertemente degradados por sobrepastoreo o por explotación forestal "minera". Queda claro que el problema no es la soja, ni otros cultivos, ni la ganadería, ni la actividad forestal. El problema son las malas prácticas de manejo, que pueden provocar daños irreversibles.
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Es importante analizar la relación entre las nuevas tecnologías y la mano de obra rural. Tomando el caso del algodón, queda claro que los herbicidas sustituyen el trabajo manual de la escarda y que la mecanización, en particular la de las cosechas, eliminó una sustancial fuente de trabajo. Si yo fuera asesor recomendaría la adopción de nuevas tecnologías y si fuera productor haría el máximo esfuerzo por adoptarlas. Pero debe quedar muy en claro que esto va a provocar una fuerte caída del empleo rural. La sustitución del algodón por soja y la generalización de la figura de los contratistas acentúa este proceso. Como resultado, se verifica una migración a hacia los cinturones de pobreza de las grandes ciudades.
Países como Francia tienen muy en cuenta estos problemas, lo que explica muchas de las medidas que toman para la fijación del productor rural en el campo. Brasil tiene un área de 330.000 hectáreas irrigadas en el valle del río San Francisco con altísima producción de frutas tropicales que generan fuertes ingresos al país. Desde que comenzó, hace 40 años, este proyecto reservó entre el 40 y el 50% de la superficie de los núcleos irrigados para pequeños productores y cada año perfecciona más sus criterios ambientales. Esto lejos de significar trabas para la producción, la hace más competitiva y con mayor consenso social.
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La región chaqueña tiene un inmenso potencial productivo, pero también tiene una gran biodiversidad y un importante capital humano. ¿Cómo conciliar entonces intereses contrapuestos? En los principales países agrícolas del mundo el Estado aplica normas de planificación u ordenamiento territorial, teniendo en cuenta las potencialidades productivas, procurando conservar funciones y servicios ambientales, así como la equidad social.
El ordenamiento territorial es una vía para la resolución de conflictos por usos alternativos de la tierra. Por tal motivo requiere, además del aval político, de la participación de los diferentes sectores interesados. En la búsqueda de consensos, cada sector debe ceder parte de sus pretensiones para llegar a alternativas superadoras. Un buen ejemplo de esto son las restricciones que los automovilistas aceptan de buen grado a fin de tener un tránsito ordenado en las ciudades, como son el respeto a los sentidos de las calles y a las paradas en los semáforos.
El autor es profesor de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.






