
Se requieren mayores esfuerzos, constantes monitoreos y diagnósticos cada vez más precisos
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Las malezas tolerantes al glifosato llegaron para complicar el actual modelo de agricultura. Desde la introducción de la tecnología de la soja modificada genéticamente y resistente al glifosato, a principios de los años 90, el paradigma del negocio agrícola fue el del uso de un solo producto que combatía todas las malezas, que mataba a todos los "yuyos" menos, obviamente, a la soja.
Primero solo con esta oleaginosa, pero después también con el maíz, así pareció que el problema de las malezas se había solucionado.
Lo que hasta hace un tiempo funcionó y muy bien, pareció empezar a complicarse: comenzaron a aparecer malezas que soportaban el accionar del glifosato, se hicieron tolerantes, se adaptaron y los productores ya no pudieron controlarlas como venían haciendo. Una de las malezas que más dolores de cabeza está trayendo a los productores es el yuyo colorado o amaranthus, porque es muy complicado controlar.
En esta tercera entrega de Campo2020, vamos a plantear un interrogante hacia el futuro: el problema de las malezas resistentes o malezas difíciles, el cambio de paradigma hacia una nueva agricultura que requerirá mayores esfuerzos, constantes monitoreos y diagnósticos cada vez más precisos para poder diseñar estrategias de control adecuadas. Se terminó la siesta del glifosato.

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