Beneficio: monjas benedictinas de Paraná solventan parte de sus gastos con la elaboración de productos artesanales en sierras cordobesas.
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A pocos kilómetros de la localidad de San Antonio de Arredondo, ubicada en las sierras cordobesas, existe un monasterio que pertenece a las monjas benedictinas, que producen y venden dulces y mermeladas artesanales. Si bien actualmente la elaboración de productos está paralizada en el establecimiento, sus pares, las hermanas de Paraná, lo hacen para ellas en la capital de Entre Ríos.
Al llegar al kilómetro 7 de la ruta 14, hay un cartel que dice: "A quinientos metros, dulces artesanales preparados por monjas benedictinas".
La elaboración de la mermelada es totalmente artesanal y se prepara en un taller ubicado en el monasterio Nuestra Señora de Paraná. La hermana Andrea se esmera en explicar que la tarea se desarrolla sin agregados químicos ni aditivos. La producción mensual es colocada fundamentalmente en las sierras cordobesas.
Para que la mermelada resulte con la consistencia debida es necesario que contenga en cantidad suficiente los elementos que favorecen la coagulación de la parte líquida en gelatina, remarca. Algunas frutas, como las manzanas, las naranjas y las frambuesas, contienen dichos elementos y por lo general sus respectivas mermeladas quedan con la densidad justa.
El secreto pasa por poner pocas cantidades, en ollas de aluminio de gran tamaño, y revolver a mano. Algunas frutas, como la naranja y el zapallo, llevan más tiempo de cocción, en tanto que el quinoto y el higo, menos.
En cambio, otras frutas, como las frutillas, los duraznos, las peras y las cerezas, carecen de "pectina", es decir, la sustancia que en contacto con el azúcar y por la acción del calor hace que el jugo de la fruta de espese y coagule. La tarea -es obvio decirlo- constituye un complemento, debido a que las hermanas dedican su vida a la oración. No obstante, la comercialización de la mermelada constituye un aporte importante para el mantenimiento del monasterio y el mejoramiento edilicio.
"La venta de productos regionales es una ayuda para nuestra economía, pero vivimos fundamentalmente de la Providencia y de la generosidad de la gente", explican las religiosas, quienes ponen un empeño especial cuando hablan de la preparación de la mermelada.
Subrayan que para obtener una mermelada perfecta hace falta que las frutas estén en el punto justo de maduración, absolutamente intactas y escrupulosamente limpias.
"Nunca se debe dejar enfriar en su recipiente de cocción", explican las especialistas al cronista, tras remarcar a modo de receta que siempre debe volcarse en recipientes limpios, secos y ligeramente calientes.
Una buena mermelada -resaltan- debe conservar el sabor de la fruta que la compone. El secreto para lograrlo consiste en una justa cocción: si ésta es demasiado prolongada anula el típico sabor de cualquier fruta.


