
En la Rural se exhiben piezas de gran valor testimonial
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A pesar de la ausencia de vacas, puede decirse que la exposición rural de este año presenta una no pequeña ventaja: la de poder prestar más tiempo y atención al otro gran protagonista de las pampas.
Y no sólo está la posibilidad de interesarse por los remates de caballos o por las destrezas ecuestres de la pista central, ya que en 1300 m2 del stand cuyo título es "El apero criollo.... señal que cabalgamos" se halla presente toda la historia de los usos y costumbres del hombre argentino "de a caballo".
"La idea es mostrar evolución y la vigencia de estas prácticas ecuestres", expresaron los organizadores de este stand, José Y. Javier Eguiguren, de "Eguiguren Arte de Hispanoamérica" y Roberto Vega, de "Manos Artesanas Comunicaciones".
"Al público -agregaron- le encanta acercarse, porque no hay duda de que la Rural es el ámbito natural y de que la gente encuentra aquí un espacio criollo con el que se siente muy identificado." El visitante que recorre esta muestra puede sentir que está pagando una vieja deuda con aquel gaucho de la libertad. Su visita se convierte en un ida y vuelta entre el pasado y el presente de un modo continuo. Se despliega un panorama que va desde aperos del año 1830 hasta los contemporáneos recién terminados de confeccionar.
Las piezas no sólo valen por su belleza sino también por la historia que puedan contar: "Es lindo -opinó Vega- reunir las dos caras de una misma realidad: la obra artesanal, con sus características tradicionales y la historia que le incorpora el propietario que la usó a través del tiempo."
Curiosidades ecuestres
El visitante puede contemplar, entre otros, el recado de pato que perteneció a Juan Domingo Perón. Se trata de un regalo que el general, acumulador de amores y odios hoy diluidos, recibió de la Marina de Guerra Argentina y cuya confección había sido encargada a la talabartería Arias. Perón lo incorporó a su patrimonio y cuando fue derrocado en 1955 sus bienes fueron rematados. Con una particularidad: le habían quitado todas sus señas particulares, ya que en el pretal y en la cabezada se observaba el hueco de la ausencia de un monograma con las iniciales del ex presidente hecho en plata y en oro. La pieza fue comprado por un propietario de campos de Corrientes que más tarde lo dio como regalo de bodas a su hijo.
Hay también un malabrigo de un general del Ejército argentino que participó en la campaña del Chaco a fines del siglo XIX. Su uso le implicó problemas, pues padeció sanciones disciplinarias militares porque no usaba la silla de reglamento, sino ese demasiado llamativo malabrigo enchapado en plata, con detalles en oro y con sus iniciales.
El más viejo de todos los aperos está a la entrada de la muestra. Perteneció a Juan Vicente Pampín y era obra de un correntino, Manuel López Ibarra.
Pampín murió en la batalla de Pago Largo, utilizando el mismo apero que ahora se exhibe. Al recibir las pertenencias del soldado, su viuda decide regalar el apero a su cuñado, Juan Vicente Pampín. Con su nuevo dueño, el apero participó también en batallas, una de ellas la de Caseros, en las filas de Urquiza y también en varias de la guerra del Paraguay.
Dentro de la muestra -exhibe 35 aperos y 12 sillas de montar de distintos propietarios- hay otra muestra, pues en el mismo stand se expone la colección de 30 cuadros del pintor costumbrista Rodolfo Ramos, discípulo de Eleodoro Marenco. Para el público resulta muy significativo porque refuerzan con su arte la visión de los usos de la equitación criolla.






