Los beneficios del monitoreo de cultivos

Daniel Igarzábal
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10 de septiembre de 2016  

Formo parte del equipo de Halcón, una empresa de monitoreo de cultivos del norte de Córdoba. Monitorear es una tarea profesional que implica una formación especial, diferente a la antigua práctica de los "plagueros". No quiere decir que necesariamente lo deba efectuar un profesional ingeniero agrónomo, pero sí coordinar, supervisar y evaluar los resultados. Las decisiones que toma el profesional a partir de un buen diagnóstico son sustancialmente distintas a las habituales de "lo hago porque todos lo están haciendo", Las plagas, enfermedades y malezas constituyen uno de los problemas derivados de la modificación del ambiente y redunda en menores rendimientos. Cada año se presentan de una manera diferente. Es que el hombre es muy reciente en la superficie del planeta (menos de 40.000 años), mientras que los insectos ya llevan más de 400 millones de años de experiencia. Pretender controlarlos con un producto o con algún organismo genéticamente modificado con algún grado de tolerancia es subestimar la fuerza natural de adaptación.

El monitoreo sienta las bases para compatibilizar el ambiente con la producción, ya que, al tener una radiografía permanente de los lotes, el uso de insumos fitosanitarios se optimiza. Se utilizan solo cuando es necesario y se decide cual usar de acuerdo a la presencia de otros organismos.

Aunque muchos productores consideran al monitoreo como un costo más de producción, se trata de una inversión. Esta inversión evita costos innecesarios, tanto económicos como ambientales. En la Argentina el monitoreo va tomando cada vez mayor relevancia. A principio de los años 2000 apenas se monitoreaba un 5% de la superficie de soja. Hoy en día más del 50% de los productores conocen los beneficios del monitoreo y, con mayor o menor técnica, monitorean el cultivo.

El monitoreo integral de cultivos es una práctica que constituye la base de una agricultura planificada y es a la vez un registro de trazabilidad. Los mercados internacionales pondrán cada vez más barreras para la comercialización, y una de las más cercanas es la del control exhaustivo de residuos de productos químicos usados para la defensa de los cultivos.ß

En los últimos tiempos, un conjunto de variables aceleró el fenómeno de resistencia a los garrapaticidas y antiparasitarios en general, situación que compromete seriamente la rentabilidad y sustentabilidad del sistema debido a que la disponibilidad futura de nuevos productos para combatirlos se encuentra comprometida por los altos costos de investigación, desarrollo y validación. ¿Qué hacer entonces? Virar rápidamente la situación actual con un cambio drástico de enfoque tanto en el control como en las estrategias de erradicación de garrapatas en bovinos.

Quienes quieran colocar sus productos en el escenario internacional deberán responder a esos parámetros para no quedar fuera del negocio.

Ya se han registrado situaciones de este tipo como el caso de Uruguay. De las 20.000 toneladas de carne vacuna exportadas a Estados Unidos desde octubre de 2015, 55 fueron interceptadas con restos del plaguicida, lo cual representó al 0,3% del total y no sólo significó pérdidas para el sector sino también un gran obstáculo en la continuidad de las exportaciones. También Brasil ha sufrido rechazo de contenedores cuya carne tenía residuos, La Argentina no fue ajena a esto y, en menor medida, en años pasados lo ha sufrido.

Este ejemplo evidencia la importancia de reenfocar el control y manejo del tema en la Argentina, ya que las garrapatas en bovinos no sólo generan cuantiosas pérdidas en materia productiva y económica, sino también en ventas externas por las complicaciones en exportaciones rechazadas por residuos.

En nuestro país, la garrapata común del bovino ( Rhipicephalus microplus) ha avanzado peligrosamente hacia el sur de dónde se la había erradicado hace 30 a 40 años, incluso más.

En Santa Fe, al sur del nuevo límite de la zona de erradicación están los departamentos de Castellanos y Las Colonias. Para tener en cuenta, Santa Fe es la segunda productora y la primera exportadora de lácteos de la Argentina, y justamente los departamentos mencionados concentran el 50% de la producción, además de tener una importante cantidad de establecimientos con novillos para exportación y consumo interno. Hay importantes estudios que indican que de llegar la garrapata a estos departamentos se haría endémica.

En el caso de la provincia de Corrientes, la reinfestación alcanza todos los departamentos del sur (no hay más zona indemne). Con una particularidad: Corrientes moviliza más del 85 por ciento de los terneros que produce a engordar a Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires.

Situación parecida se da en los departamentos del norte de Entre Ríos. Hay estudios que indican que si ingresara la garrapata en el norte de la provincia de Buenos Aires se haría endémica.

Desde los noventa, la investigación sobre nuevas drogas para ser usadas en bañaderos de inmersión se detuvo por la contaminación que generaba en el medio ambiente.

No se vislumbran nuevas moléculas para el control de garrapatas antes de la próxima década y de ahí que, en las actuales circunstancias de avance de la garrapata y resistencia a los garrapaticidas se sostenga que los garrapaticidas, desde el punto de vista de la resistencia son un recurso no renovable.

Al respecto, los expertos coinciden en que algunos de los garrapaticidas utilizados en la actualidad son aun efectivos, siempre y cuando se utilicen de la forma indicada.

El compromiso en la capacitación y el control del uso racional de los garrapaticidas debe ser renovado para postergar lo máximo posible la aparición de resistencia de esa categoría, sino también resistencia múltiple en distintas especies o géneros de parásitos que afectan la producción, contaminen el medio ambiente y generen la presencia de residuos en la carne y la leche. Falta una visión sistémica de parte del Estado, del problema de las garrapatas y la resistencia a los garrapaticidas.

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