
A todo color: técnicas recientes permiten transformar en rojas plantas que originalmente fueron verdes.
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En la primavera los jardines empiezan a tener una vida distinta. Dejamos atrás los días grises para entrar en una época repleta de flores y colores.
Esa abarcativa gama que nos atrae es elaborada por las plantas gracias a una armoniosa expresión de genes.
Si bien podemos decir que los genes específicos están en todos los órganos de la planta, vemos que el color en general está confinado a las flores y, en algunos casos, también a las hojas. Esto se debe a que los genes responsables del color se encuentran expresados solamente en las flores y en las hojas.
En los otros casos, si bien los genes están presentes en la planta, no están siendo expresados, están silenciados. Si estos genes se expresaran, las hojas, raíces, etcétera, serían de color.
Avances de laboratorio
Mediante técnicas de ingeniería genética es posible transferir los genes no sólo de los pétalos a las hojas en una misma especie, sino también de una especie a otra. Esto abre la posiblidad de que aquellas especies que nunca tuvieron colores en flores, frutos, etcétera, ahora lo tengan.
La coloración roja de las flores se debe a las antocianinas, un pigmento natural de la planta. Técnicamente es posible obtener una planta roja cuando antes fue verde. Esto se logra transformando la planta genéticamente.
Pero... ¿qué quiere decir transformación genética? Que los genes que fabrican antocianinas, pueden ser separados del total de los genes para ser llevados a aquellas partes verdes de la planta.
Idealmente, la transferencia de genes permitiría tener una planta roja independientemente de la estación. La intensidad del color puede ser regulada por medio de la mayor expresión los genes responsables de la síntesis de antocianinas. Técnicamente es posible lograr que el color sea más o menos intenso si los genes se expresan en mayor o menor cantidad.
La expresión puede ser localizada a una parte de la planta. Se puede lograr que las hojas sean rojas, o las flores, o las raíces, o bien toda la planta. Esto daría como resultado una variedad completamente nueva.
Ventaja competitiva
Esta técnica es una herramienta interesante para los productores de plantas ornamentales. Países como como Holanda, Japón, Bélgica y Australia la aplican para obtener nuevas variedades de plantas ornamentales, patentarlas y así lograr la exlusividad de las ventas.
Pero la protección de la variedad va mas allá de las patentes. Muchas veces las empresas protegen sus "inventos" con genes suicidas, que evitan que se propague la planta sin la intervención de sus creadores.
La planta que lleve este gen vivirá lo suficiente para producir semillas, pero no dará una segunda generacion a partir de las nuevas semillas.
La patente biológica tiene vigencia en cualquier lugar del planeta. No importa dónde se intente la germinación de las semillas... no germinarán. El derecho de quien trabajó sobre la especie está.
Si dejamos suelta la imaginación es factible pensar que el color podría expresarse en las flores, hojas o raíces, pero también en determinados momentos del día, por ejemplo, cuando la intensidad de luz es alta.
Un arco iris en el jardín
Todas estas herramientas presentan nuevos desafíos para los paisajistas. Ellos contarían con árboles o plantas de menor altura, rojos por más tiempo, independientemente de la estación.
También es un gran desafío para los productores que estén interesados en romper las barreras tradicionales para irrumpir en el mercado con variantes originales.
Los beneficios económicos de obtener colores novedosos son más que evidentes. La decisión de hacer las plantas en la Argentina en lugar de comprarlas en el exterior es un compromiso empresarial más que técnico.
El autor es doctor en bioquímica y biología molecular de plantas e ingeniero forestal. Actualmente se desempeña en la Universidad The Ohio State, de los Estados Unidos.




