
Este pueblo se fundó sobre una vasta llanura que alguna vez fue parte de los dominios del feroz guerrero aborigen que sometió a otras tribus y acechó en la frontera
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MACACHIN.- En el centro de una gran llanura ligeramente ondulada del territorio pampeano, muy próxima al límite con la provincia de Buenos Aires, se ubica la localidad de Macachín; sobre un terreno semiárido yacen las voces de un pasado indígena y un presente signado por el corrimiento de la frontera agrícola.
El caldén, la escasez de agua y el horizonte inhóspito se complementan con la presencia de la fauna autóctona, como zorros, ñandúes, liebres, mulitas, patos y chajaes, los que en principio sembraron hasta el inicio del siglo XIX las bases de la supervivencia de un pueblo aborigen recolector y cazador.
Este pueblo llegó incluso a alimentarse de raíces en frecuentes períodos de sequía, aunque después, en período de la avanzada araucana y la especial conducción del cacique general Calfucurá, se modificó estructuralmente el sello tehuelche y se impuso un sistema de vida arraigado por los malones y las negociaciones con los primeros colonos agrícolas del extremo oeste bonaerense.
Salinas Grandes
En ese marco histórico, desde 1834 hasta 1872, fecha de su derrota, el dominio de Calfucurá desde la "casa de honores" de las llamadas Salinas Grandes, próxima a Macachín, "fue determinante para el curso de los acontecimientos posteriores", afirma el historiador Walter D´aloia, que recuerda que "la batalla final de San Carlos fue una síntesis de la gran expansión que habían alcanzado las huestes araucanas, sometiendo pueblos aborígenes suficientemente pacíficos y trabajadores".
A los pocos años de su derrota, ya anciano y con recursos restringidos, Calfucurá falleció y su poder fue delegado a otros caciques, que en esa misma década cayeron en combate en Guaminí y Trenque Lauquen, puntos neurálgicos de los límites de fortines y de la línea demarcada con la zanja Alsina.
La historia tal vez retrate poco sobre el período anterior a los araucanos y al caballo como protagonista de sus incursiones, pero sí se ha escrito demasiado acerca del esplendor y la desazón en Salinas Grandes, desde donde se llegó a dominar hasta el río Salado en momentos en que el país afrontaba otros frentes exteriores, como la Guerra de la Triple Alianza, o crisis como la que desató el enfrentamiento entre facciones políticas y armadas. Quedaban así a merced de la indiada pueblos que debían pagar tributos al gran cacique de Salinas Grandes. Tal era el caso de 25 de Mayo, azotado por malones y pillaje (u obligado a acordar trueques a cambio de paz).
"Aún las huellas de ese pasado hostil perduran en la geografía de la zona y, particularmente, en rutas provinciales como la 65, donde le preceden caminos surcados por las rutas indígenas que buscaban lugares altos y seguros", detalló D´aloia.
Muerto Calfucurá y dominados los nuevos jefes, una inmigración mayoritariamente italiana y española siguió adentrándose en la inmensidad de la pampa hasta poblar definitivamente hace 100 años la zona de Macachín y Guatraché, cuya supervivencia constó de grandes sacrificios dada la gran sequedad producida por las temperaturas extremas.
"Sin embargo, con algo más de humedad, con praderas artificiales y cultivos especiales, se prolongó el área de pampa húmeda, encendiendo el mismo entusiasmo y la radicación de muchos productores agropecuarios y apicultores", explicó el productor Antonio Casademón. Y agregó: "El turismo ha crecido y la gente que visita las lagunas encadenadas de Carhué y Guaminí no deja pasar la ocasión y se llega hasta este lugar de La Pampa para revivir parte de un ambiente que conserva un poco de su ecosistema natural y el pasado aborigen con su historia".






