
Gustavo Rubio / Asesor
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Habitualmente desarrollo mis actividades en el sudeste cordobés, donde el cultivo de maíz tuvo una importancia vital en la rotación. Ahora, va perdiendo terreno debido a la sojización a la que estamos sometidos.
El maíz es un cultivo de alta inversión y exigente en los ambientes para poder desarrollar su potencial.
Hace poco tiempo se empezó a trabajar en la zona con una práctica sencilla y de costo cero, que consiste en cambiar la fecha de siembra, corriéndola al mes de diciembre.
Estamos observando que, pese al atraso en la siembra, el potencial del cultivo se mantiene intacto y logramos un mejor ensamble de las lluvias con el ciclo del mismo. Si bien tenemos menor radiación total, ésta es adecuada y su período crítico de prefloración cae en febrero/marzo, cuando las lluvias son más seguras y las temperaturas, menos exigentes.
Esta práctica permite sembrar maíz en ambientes que no hubiésemos pensado hacerlo tiempo atrás, con muy buenos resultados productivos.
También nos permite seguir en la secuencia a un trigo, cebada o una vicia como abono verde (para aportar nitrógeno al suelo), mantener cubierto el suelo en invierno y dejar luego del maíz un gran rastrojo para la soja posterior.
Es posible hacer maíz en diciembre sin resignar potencial gracias a la biotecnología que nos ayuda con los genes Bt, Herculex y RR, que nos facilitan la técnica de cultivo, pero quedan problemas sanitarios por resolver, como son el tizón del maíz y la roya, que se agravan en fechas de siembra hacia el verano.
Tampoco están evaluados suficientemente los distintos híbridos del mercado fuera de su fecha clásica de septiembre/octubre. Habrá que trabajar para ajustar la nueva técnica y, así, impulsar el cultivo, que es un eslabón muy importante para la sustentabilidad del sistema agrícola.






