
1 minuto de lectura'

Los problemas de la producción agropecuaria actual son diversos y dinámicos. Un tema conflictivo son las malezas, los problemas en su control y la demanda de la sociedad por el cuidado del medio ambiente. El sistema productivo argentino en los últimos quince años tuvo el predominio de la soja transgénica. Esto llevó a utilizar casi con exclusividad herbicidas de acción total, con un excelente control de las malezas. Dicho manejo, simple y repetitivo, no pudo sostenerse en el tiempo debido al notable aumento del número de malezas resistentes. Así lo destacan en un informe Luis Ventimiglia, Horacio Acciaresi y Héctor Carta, del INTA Pergamino.
Según señalan, el trigo y el maíz incrementaron su siembra, diversificando así la aplicación de productos químicos para controlar malezas. En el caso de la soja se ha recurrido a otras moléculas, muchas utilizadas años atrás, con el objetivo de mejorar el control de malezas resistentes. Entonces, se preguntan por qué aparecen problemas de toxicidad con más frecuencia,
"Esta problemática es de naturaleza variada. Intervienen factores ambientales y también errores humanos. En el primer caso, por ejemplo, en años fríos y lluviosos (como el actual), al usar algunos herbicidas preemergentes, que pueden generar cierto grado de fitotoxicidad, al permanecer la semilla durante mucho más tiempo que el habitual en el suelo hasta convertirse en plántula", indican.
Para los expertos, los errores humanos tienen diferentes causas, pero las más frecuentes son errores en la elección de un producto determinado o en la dosis a emplear. Otro problema recurrente está asociado con la limpieza del equipo aplicador. "Puede ocurrir que el último herbicida utilizado no es compatible con el cultivo al cual se va a realizar la próxima aplicación. A veces queda un pequeño remanente de producto en el tanque y se asume que no será tóxico dado que se va a agregar una cantidad importante de otro herbicida", afirman.

También en algunas ocasiones el tanque queda vacío y, si se va a pulverizar otro cultivo con productos diferentes, siendo el anterior no recomendado para el nuevo cultivo que se va a aplicar, hay que lavar el equipo aplicador con productos desincrustantes y neutralizadores.
"El olvido o el desconocimiento también causan problemas. Así, la aplicación de un herbicida en un cultivo puede generar inconvenientes en siguiente de la rotación. A pesar de conocerse los efectos tóxicos en la secuencia, la ausencia de registros suele conducir a casos de fitotoxicidad en la rotación. Esto es muy común en los lotes de la región y es conocida como carryover o apilamiento de herbicidas de un mismo mecanismo de acción, que potencian el problema", destacan en el trabajo.
"Hay que tener en cuenta que en la agricultura extensiva pampeana, las condiciones de suelo y clima (lluvias, temperaturas, actividad microbiana, entre otras) intervienen en la dinámica de la degradación de un producto, por lo tanto, una misma dosis podrá persistir más o menos tiempo de acuerdo a estas condiciones, siendo un aspecto a considerar. Así, determinados principios activos se van degradando con las lluvias, pero no es lo mismo en un suelo que no tenga impedimentos que en uno que tenga una capa endurecida a los 30 centímetros que impide el drenaje de agua y, por consiguiente, su degradación será inferior", agregan.
Los técnicos remarcan que es importante que aquellas personas involucradas en el uso de agroquímicos estén capacitadas para su correcto manejo. "El uso de Buenas Prácticas Agropecuarias (BPA) no implica la aplicación de un agroquímico o una dosis determinada, sino un esquema de manejo que comprende todo el proceso productivo. ¿De qué vale hacer todo bien si una práctica, cualquiera de ellas, se realiza de manera incorrecta? Su impacto será variable, dependiendo de qué práctica sea, pero siempre incidirá negativamente en la producción. Por ello, las BPA deben ser parte integral del manejo de la producción agropecuaria", aconsejan.






