
Guillermo Cavalleri / asesor
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Me desempeño profesionalmente en una amplia franja del sudeste y el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, una región que incrementó en los últimos años sustancialmente la superficie destinada a la agricultura. El cultivo de la soja y el doble cultivo trigo/soja o cebada/soja han sido uno de los puntos importantes de la agricultura en la región.
En la región sudoeste, principalmente en los partidos de Benito Juárez, Adolfo Gonzales Chaves y San Cayetano, el crecimiento de la superficie agrícola se dio en áreas mixtas agrícola-ganaderas de mayor riesgo productivo.
Hablo de suelos que poseen capas subsuperficiales discontinuas de tosca, horizontes superficiales arcillosos y suelos con poca profundidad, características que determinan una menor capacidad de retención de humedad en el perfil y, por ende, una mayor dependencia de las precipitaciones durante el ciclo del cultivo.
Ante esta realidad, he tratado de ir desarrollando mi experiencia sobre cómo hacer el cultivo de soja en la región. Luego de analizar las variables climáticas y los resultados en soja en los establecimientos Las Marías y San Marcos, he llegado a la conclusión de que la siembra de este cultivo debe realizarse desde mediados de noviembre y hasta fines de diciembre, siempre que exista en el suelo un adecuado nivel de humedad.
¿Cómo lo hago? Para ello, utilizo para las siembras tempranas materiales correspondientes a ciclos IV largos, mientras que para las siembras tardías uso materiales de ciclo III largo.
¿Qué logro con esto? Básicamente, con esto logro que coincida el período crítico de definición de rendimiento desde fines de enero y hasta principios de febrero para las siembras tempranas y desde mediados de febrero y hasta mediados de marzo para las siembras tardías.
Para destacar, a partir de esta forma de ubicar la siembra, el período crítico puede coincidir con la mayor probabilidad de precipitaciones en la zona.
Contra mi experiencia y esta forma de encarar la siembra de soja, si uno siembra de fines de octubre a principios de noviembre, se encuentra con que estas fechas coinciden en su momento crítico de definición de rendimiento con el período de mayor déficit hídrico estival. Es algo que se agrava por los perfiles someros típicos de los suelos de esta zona, y el resultado es un menor rinde en grano con respecto a las siembras de fines de noviembre e incluso a las siembras de segunda, según observé a partir de mi experiencia, siempre que éstas se hagan con adecuada humedad y el ciclo no se vea interrumpido por heladas tempranas. Aprendí que la fecha de siembra es, quizá, la decisión más importante que debemos tomar para producir granos.
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