
La estancia Dos Hermanas, de Rachel y Pamela Schiele, combina agricultura y ganadería con la preservación de pastizales naturales
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En un momento en que todos los europeos huían de Europa, una de estas hermanas hijas de ingleses fue voluntaria de la Cruz Roja en el campo de batalla. En la edad en que muchos eligen la tranquilidad del hogar, ellas todavía recorren los campos en busca de nuevas especies. En el lugar en el que los productores apuestan el todo por el todo al cultivo de soja, ellas decidieron preservar una de las pocas reservas de pastizales naturales de la zona y se transformaron en una de las primeras productoras orgánicas del país. Rachel y Pamela Schiele son, decididamente, dos mujeres fuera de toda clasificación.
La historia de la iniciativa de estas hermanas comenzó en 1929, cuando ambas heredaron una fracción de la estancia familiar en la antigua línea de fortines en la frontera contra el indio, cerca de la salitrosa Laguna Las Tunas. Un territorio de 4200 hectáreas que contenía, hasta hace poco, restos de un antiguo fortín y pastizales donde abundaban los ñandúes y venados de las pampas. Casi ochenta años después, Rachel y Pamela aún recorren las pampas que conocieron en su niñez.
La estancia de las Schiele, Dos Hermanas, desarrolla actividades ganaderas en un 70% de su superficie, y agrícolas en la porción restante. La ganadería se desarrolla sobre pasturas implantadas y en 1000 hectáreas de pastizales naturales.
En 1992, la estancia obtuvo la certificación orgánica del total de su producción, basada en carnes, maíz, trigo, girasol y soja. De esta forma, se transformó en uno de los primeros establecimientos agropecuarios de esta envergadura certificados en la Argentina y uno de los precursores de esta modalidad en el país.
"Desde muy jóvenes vivimos en Inglaterra. Allí conocimos varias reservas chicas, lo que nos hizo valorar nuestra suerte de tener una estancia, al lado de terrenos nunca arados y con vegetación y fauna muy interesantes", contaron ellas.
Eso las llevó a decidir preservar los pastizales de la estancia y a transformar toda su producción en orgánica.
"A pesar de las dificultades iniciales, por la resistencia a un cambio en el manejo, logramos, en 1984, dejar de utilizar insecticidas. Y, en 1990, abandonamos definitivamente el uso de herbicidas, con lo cual obtuvimos la certificación orgánica. Para el futuro, esperamos que los otros campos linderos con la laguna se sumen a esta idea y formemos, entre todos, un anillo de protección en torno de la laguna", agregaron las Schiele.
Además, a las actividades habituales de producción, a fines de 2004 "Las dos hermanas" agregaron a sus objetivos el cultivo de especies forrajeras nativas, convirtiéndose en uno de los primeros viveros del país en trabajar con especies herbáceas.
La meta de esta nueva actividad es producir semillas para resembrar en diferentes lotes de la propia estancia pasturas naturales, y proveer de semillas y plántulas a otros. Las especies que se cultivan son pata de gallo, cebadilla chaqueña, tembladerilla, pasto laguna, flechilla y gramilla blanca.
Otra de las particularidades de las Schiele es que decidieron preservar una parte de su campo para crear un refugio (por medio de un convenio con la Fundación Vida Silvestre Argentina firmado en 1989), que conserva sus más de 1000 hectáreas de pastizales naturales.
Para acentuar sus acciones de cuidado del ecosistema típico, desde 1991 la estancia ha comenzado a implementar algunas acciones concretas para mejorar el estado de conservación de los pastizales, con la ayuda de Juan José Cantero (de la Universidad Nacional de Río Cuarto), un reconocido especialista en los pastizales del centro de Argentina.
Entre las tareas de Cantero se encontró el relevamiento de la situación de las diferentes comunidades vegetales del refugio de las Schiele, un estudio que encontró un importante reservorio de especies forrajeras nativas y promovió la inclusión de Las Dos Hermanas como Area Valiosa de Pastizal en 2004.
Pastizales naturales
"El valor de estos pastizales justificó el diseño y aplicación de un régimen de manejo rotativo, y un estricto sistema de descansos de la hacienda, que es monitoreado por especialistas del grupo de Cantero", comentó Mauricio Piola, administrador de la estancia.
Además, desde 1998, la estancia cuenta con un guardaparque, Carlos Corbella, que, con la asistencia de la bióloga Sandra Vernet, tiene a cargo la difusión de las actividades y el propósito de Las Dos Hermanas en las escuelas de las localidades cercanas, un público de alrededor de 1800 chicos de 13 colegios de la zona.
Este programa involucra a 7 localidades vecinas a la estancia, y consiste en el desarrollo de una serie de actividades educativas como charlas, visitas al refugio, viajes de estudio, etc, realizadas en forma periódica con cada grupo.
El programa de educación ambiental no se agota en los chicos, y en los últimos años, se han sumado pasantías con estudiantes universitarios o de la escuela agrotécnica de Venado Tuerto, que tienen por objeto mostrar en las instancias de formación de nuevos profesionales, que existen alternativas al modelo productivo tradicional vigente en la región.
Por su parte, los 18 empleados de la estancia son destinatarios de actividades de capacitación, que incluyen viajes educativos a distintas localidades de la región, o charlas periódicas de especialistas en diferentes temas.
Lo que hace a este proyecto aún más interesante, es que todas estas actividades no cuentan con financiamiento externo, sino que son inversiones que provienen de los propios fondos generados por las actividades productivas de la estancia.
Refugios en terrenos privados
Se originaron por iniciativa de la Fundación Vida Silvestre Argentina, mediante un programa que fue creado en 1987
Estancia "Dos Hermanas" es uno de los primeros campos del país en formar parte del Programa Refugios de la Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA), "un plan para promover la conservación en tierras privadas, mediante una serie de acuerdos con propietarios de campos con valor para la conservación", dijo Alejandra Carminati, de esa ONG. Creado en 1987, el Programa Refugios ha generado una red de áreas protegidas privadas que suma hoy trece propiedades, distribuidas en todo el país, por un total de 105.000 hectáreas.
"En la Argentina, la concentración de tierras de dominio privado alcanza a casi el 90% del territorio, por lo que los propietarios pueden cumplir un rol esencial en el destino de los recursos", dijeron desde la FVSA.
Según la ONG, las alternativas productivas disponibles implican la transformación de ambientes naturales en monocultivos y priorizan la rentabilidad a corto plazo por sobre la conservación. En esta situación, las actividades en las áreas privadas generan una fuerte presión sobre los ambientes naturales. "En este contexto, el programa busca generar herramientas que permitan a los propietarios compatibilizar el uso productivo con la conservación de la biodiversidad", dijo Carminati.
La aplicación del programa implica una charla con el propietario acerca de sus inquietudes sobre la problemática de los recursos que encierra su campo, para lo que se realiza una evaluación ambiental de la propiedad. Luego, el propietario obtendrá un informe sobre el valor biológico de sus tierras y sugerencias para mejorar el manejo del área.
Finalizada esta etapa, la FVSA evalúa la potencialidad del área para ser transformada en un Refugio de Vida Silvestre, teniendo en cuenta su valor ambiental y el compromiso del propietario con los objetivos del Programa. Luego, se firma un acuerdo con pautas básicas ambientales para el manejo del campo, a las cuales el propietario adhiere. Por su parte, la FVSA se compromete a asesorar al dueño en temas vinculados con la conservación y el manejo de los recursos; brinda apoyo en la gestión del proyecto ante las autoridades e instituciones y realiza un seguimiento del funcionamiento de la reserva.






