En el actual contexto de la guerra en el Golfo Pérsico, un aumento de la participación del biocombustible beneficia al productor y abastece al mercado para afrontar la crisis internacional que afecta al petróleo y el gas
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El mundo está atravesado por una situación coyuntural, la guerra en el Golfo Pérsico y su impacto en el suministro de energía y fertilizantes, y uno más estructural dado por la desaceleración de la demanda china de soja, en el marco de una abundante oferta global de la oleaginosa.
¿Cómo se unen ambas cosas? En este sentido, lograr una mayor producción de biodiésel beneficia a los productores y abastece de combustible al mercado para afrontar la crisis internacional que afecta al petróleo y el gas.
Recordemos que Brasil es el principal productor mundial de soja con unos 180 millones de toneladas de producción para esta campaña, seguido por los EE.UU. con 116 millones y en tercer lugar la Argentina con 48 millones. A diferencia de los otros grandes productores, nuestro país supo consolidarse como el primer exportador de harina y aceite de soja, gracias a las inversiones en molienda en torno a Rosario, pasando a ser un exportador marginal del poroto, a diferencia de los EE.UU. y Brasil.
Ahora bien, las importaciones chinas de soja, que crecían a una tasa de 48% anual entre 2001 y 2017, cayeron a una de solo 2%, entre 2018 y 2025. Básicamente las importaciones se encuentran estancadas entre 108 y 112 millones de toneladas en los últimos tres años.

Estados Unidos y Brasil, atentos a esta situación, comenzaron a virar hacia una mayor transformación interna del poroto gracias a políticas de uso del aceite de soja para la producción de biodiésel o diésel renovable. Esta política apalanca las exportaciones de harina de soja, diversificando mercados y licuando riesgos, pero compitiendo con la Argentina.
Los últimos datos que circulan en torno a la cuestión deben llamarnos la atención a los argentinos. En los EE.UU. la molienda de soja alcanzará un nuevo récord en la campaña 2026/27 (se cosecha en octubre), en torno a las 70 millones de toneladas, con una producción de aceite que se destinará más a la producción de combustibles que a la cocina.
En el caso de Brasil, con datos para la campaña 2025/26 (la que se está cosechando) de una producción de aceite de soja del orden de las 12,4 millones de toneladas, 6,9 se destinarán al uso industrial (biocombustibles) y 4,1 millones de toneladas al uso culinario. El resto puede ir a exportación u otros destinos.
Claramente, nuestros competidores están desarrollando su industria del biodiésel a partir del aceite de soja de forma acelerada.
Yendo entonces a la coyuntura marcada por la guerra en el Golfo Pérsico, trascendió que Brasil podría aumentar el corte de biodiésel del 15 al 16% para mitigar el aumento del petróleo, aunque una potencial escasez. Esto significaría incrementar el uso industrial del aceite en 400.000 toneladas, lo cual implicaría moler 2 millones de toneladas más de poroto. En el hemisferio norte, el gobierno estadounidense tiene sobre la mesa la posibilidad de incentivar aún más el uso de aceite para biodiésel y así mitigar el efecto de la guerra sobre los combustibles fósiles.
Mientras tanto, ¿qué pasa en nuestro país? La producción de biodiésel viene en franco declive, con apenas una pequeña cuota en la Unión Europea para la exportación, incluso cuestionada y que podría quedar sin efecto próximamente, y un corte interno con biodiésel en torno al 7,5% y que implica unas 700.000 toneladas.
En estas circunstancias, más que nunca, necesitamos incrementar el corte con biodiésel. El complejo soja sigue siendo el principal generador de divisas de la Argentina y está bajo amenaza. La industria del biodiésel genera trabajo, agrega valor y beneficia al productor rural ya que ayuda a sostener un mejor precio para el aceite, que se traslada a un mayor poder de compra de la industria.

Urge entonces que, en el marco de la ley vigente 27.640, el Gobierno incremente el corte obligatorio, ya que se encuentra dentro de las potestades fijadas por la norma. Por otra parte, el Congreso debe retomar los proyectos sobre biocombustibles, tanto para biodiésel como para bioetanol, fijando nuevos pisos de corte con el objeto de generar trabajo, desarrollar industria, beneficiar al productor rural, cuidar la casa común, en beneficio de todos los argentinos y argentinas.
El autor fue ministro de Agricultura
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