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En la Argentina, los primeros orfebres se dedicaron a crear obras religiosas y los utensilios que protagonizaron la vida cotidiana de las familias adineradas; tiempo después los gauchos lucieron las artesanías en plata incorporadas al apero, a su vestimenta y al mate
Por Roberto Vega
Signadas por la paradoja de poseer dos nombres injustos en origen, estas tierras, así como las aguas que bañan las costas de Buenos Aires, adquirieron carta de ciudadanía bajo los influjos de un Río de la Plata y una Argentina que a fuer de ser sinceros no ofrecían los atributos a un traje hecho a medida.
Pero lo cierto es que embriagados en las mentas de riquezas esparcidas por doquier, los conquistadores se hicieron a la mar dispuestos a poseer aquellos reynos nativos de oro y plata. La historia -¿para qué repetirla?- es por todos conocida, las vetas auríferas saltaron a la luz en el cerro de Potosí allá por 1545 y desde entonces, el sueño se hizo realidad... Sin embargo, este tramo del continente creció a espaldas de tal influjo.
Transcurrido un siglo de tal hallazgo, y cuando en el centro minero del Alto Perú se reunían ciento veinte mil almas, en el villorrio del puerto Santa María de los Buenos Ayres apenas si se ubicaban unos 3359 infortunados (1).
Sin embargo, las carencias iniciales se trocaron en un fuerte desarrollo de la denominada civilización del cuero. A mediados del 1700, las vaquerías dominaban el escenario económico y se extendían por los campos de Buenos Aires, gran parte del Litoral, la Banda Oriental y Rio Grande do Sul.
El sustento económico de esta sociedad yacía en el ganado orejano que pastaba por esos campos, y el encargado de cumplir con aquellas tareas no era otro que el propio gaucho, así denominado primero por las autoridades portuguesas y luego por las españolas, quienes amparaban bajo ese término a todos los pobladores rurales sin fortuna económica.
Obvio resulta decirlo, entre aquellos protagonistas del primer auge rural, los atavíos del caballo y de su vestimenta no eran de brillos y lujos. Las crónicas de entonces hablan por caso de las pertenencias de un peón oriental:"Una bota de medio pie, unas espuelas de latón del peso de dos o tres libras, que llaman nazarenas, un calzoncillo, de cuya cinta está preso el cuchillo flamenco; un armador, una chaqueta, un sombrero redondo, de ala muy corta con su barbiquejo, un pañuelo de seda de color y un poncho ordinario, es la gala del más galán de los guaderios" (2).
Por entonces, los talleres de los maestros plateros se dedicaban a atender la demanda de obras religiosas, y para una abundante clientela del ámbito doméstico ciudadano, los orfebres criollos elaboraban el menaje casero de aquellas familias adineradas.
Aún debíamos ingresar en el siglo XIX para que el escenario rural se apropiara de una platería con sello de identidad particular.
Aperos que brillan
A propósito de aquel gusto por los artículos elaborados con metales nobles, dejemos que nos cuente Susana Fabrici: "...los objetos más pedidos fueron los que constituían el apero del caballo... (Este) se componía de un freno, con cabezada, testera y frentera y ornamentos varios en su barbada y copas; un fiador con chapones de plata cincelada, una manea, un par de espuelas y estribos con pasadores, un rebenque provisto de argollas y abrazaderas, un pretal cruzando la pechera del caballo y atado a su recado; un puñal con cabo y vaina de plata".
Ya en el vestuario del hombre de campo, destaca Fabrice: "...la rastra, abrochada a la cintura y compuesta por un medallón central y cadenas de eslabones a ambos lados, donde solían prenderse monedas de oro y plata, que aumentaban simultáneamente su peso y su valor. A ella se agregaban arreadores y lazos; elementos para beber, como el chambao y el chifle, y el infaltable cuchillo, la daga o el facón, para defensa personal".
Como es de prever, en el broche distintivo de su ajuar, la investigadora cierra su inventario con la mención del mate, "de uso común y muy frecuente... que estimulaba la capacidad creativa de los artesanos, empeñados en no repetir sus formas ni su decoración" (3).
En esos años, estamos hablando de la segunda o tercera década del siglo pasado, los talleres dedicados a la platería criolla dominaron el escenario en aquel oficio. Desde entonces se puede decir que el país y su río color de león cuentan con un nombre bien puesto.
Punzones ilustres
En estas dos últimas centurias, diversos maestros le dieron lustre a un arte que echó sus raíces definitivamente en este suelo.
Entre los punzones (marcas) buscados hoy con ahínco se ubican de la primera hora Manuel Alais, Aquiles Pirovano, Cándido Silva, Gregorio Merlo, Pedro Ferreyra, Bajardi, J. Pérego, Cataldi, J. Fernández y muchos otros.
A caballo de ambas centurias, surgen los nombres de Yanicelli, Barcia, Delupi, Cozzolino, Podestá, Carzolio y Grossi.
En los últimos cincuenta años, la generación de nuevos artífices plateros acercó otros apellidos muy buscados por criollos y coleccionistas. Es que la platería criolla goza de muy buena salud a fuerza de una variada y exquisita oferta y demanda.
Punzones ilustres
Notas:
(1) Bessio Moreno: "Buenos Aires, puerto del Río de la Plata; capital de la República Argentina". Estudio crítico de su población. Talleres Tuduri, Buenos Aires, 1939.
(2) Espinosa, José de: "Estudio sobre las costumbres y descripciones interesantes de la América del Sur"; citado en Malaspina Alejandro: "Viaje al Río de la Plata en el siglo XVIII"; Buenos Aires, Sociedad de Historia Argentina.
(3) Fabrici, Susana. Catálogo: "Plateros de la Federación". Buenos Aires, 1993.
El autor es periodista e investigador.
Por la huella
El Instituto Municipal de Artesanías de Colón, Entre Ríos, invita a la inauguración de la 13° Fiesta Nacional de las Artesanías, que se desarrollará desde hoy hasta el 22 del actual, en el predio del Parque Quirós.
En la feria, dedicada este año a la platería, expondrán 550 artesanos, entre argentinos, uruguayos, paraguayos, bolivianos, brasileños, peruanos y chilenos.
En el marco del encuentro tendrá lugar un seminario sobre la evolución de la platería, del que participarán Juan José GŸiraldes, Manuel Anchorena, Ana María Cousillas, Marta Sánchez, Guido Marengo, Rodolfo Ramos, Roberto Vega y Guiomar de Urgell.
Para mayor información, comunicarse al (0447) 21911.
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Del 21 de febrero al 1 de marzo, Coronel Vidal, partido de Mar Chiquita, se viste de fiesta para realizar la XX edición de la Fiesta Nacional del Potrillo.
La celebración se desarrollará en las instalaciones del Club River Plate y en el campo de jineteada Julián Hormaechea, de la Escuela de Gendarmería ubicada en el kilómetro 6 de la ruta 55. El programa incluye jineteadas, desfile de gauchos a caballo y de carrozas, fogones, exposición de artesanías, conferencias y bailes criollos.
Para mayores informes, comunicarse por el (0265) 20923.
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En homenaje a Florencio Molina Campos, la galería Zurbarán, ubicada en Cerrito 1522, organizó una exposición con las obras más importantes del artista y cuatro esculturas que recrean sus principales personajes. La muestra permanecerá abierta hasta el 14 de marzo y puede ser visitada de lunes a viernes, de 11 a 21, y los sábados, de 10.30 a 13. La entrada es libre y gratuita.





