1 minuto de lectura'
Raúl Otondo, Carlos Alberto Cerrutti, Claudio Lorenzo y Héctor Frutos integran el Fogón Criollo del Club Social y Deportivo Arroyocortense, obviamente de Arroyo Corto, un antiguo pueblo del partido de Saavedra en el sudoeste bonaerense.
Tienen en común, relatan, el gusto por los caballos, pero sobre todo por las jineteadas. Son los responsables, con algunos amigos más, de organizar las que se realizan en la zona. Hace ya más de 30 años se compraron los primeros ejemplares de la tropilla de reservados muy conocida en gran parte de la provincia de Buenos Aires.
Es una actividad -"mejor dicho un gusto que nos damos"- al margen de lo personal de cada uno y, aunque no lo parezca, son muchas las horas que les lleva y muchos también los kilómetros recorridos comentan días antes de una de las jineteadas más famosas de la zona. Se trata de la Fiesta Provincial del Reservado, organizada por el Fogón Criollo Arroyocortense y el Club de Pesca y Turismo Pigüé, con el auspicio de la Dirección de Cultura del partido de Saavedra.
Según nuestros interlocutores, la provincia de Buenos Aires va a la cabeza en la realización de estos espectáculos criollos al punto que, solamente en el sudoeste, funcionan más de sesenta centros tradicionalistas que los organizan.
Trabajan con un calendario que determinan a mediados de año con el fin de no superponerse. Muchos fogones -como el Arroyocortense-poseen tropilla propia, lo que no quita que se presenten algunas particulares, de las que cada vez quedan menos, comenta Lorenzo.
-¿Cómo convocan a los jinetes?
-En realidad, no es necesario hacerlo. Se trata de gente muy especial -algunos casi profesionales de las jineteadas- aun cuando tengan otra ocupación; sus medios de información más corrientes son las audiciones de radio, los programas de televisión especializados y gran cantidad de afiches, que los fogones o centros tradicionalistas se encargan de ubicar en estaciones de servicio, bares, cruces de rutas, y comercios en general. Además el mejor medio de comunicación en este tema es el boca-oído.
-¿Entonces?
-Los jinetes van llegando el día preciso al espectáculo y se anotan para alguno de los tres tipos de monta: clina, grupa, o bastos y encimera. Para cada categoría se sortean los caballos; el jinete sólo pone los estribos en la última categoría mencionada. Pese a que el arroyocortense tiene una tropilla de más de 150 reservados, siempre algunos de los jinetes anotados se queda sin monta.
-¿Son todos de la zona?
-Si bien en un porcentaje importante son locales -de ochenta a cien kilómetros a la redonda- también se acercan bastantes forasteros algunos de muy lejos.
Algo que puede sonar extraño es que la gran mayoría viene en auto o llega en transporte público. Salvo algunos que trabajan en campos vecinos, nadie llega montando.
-¿Qué características especiales tiene un reservado?
-A primera vista no se diferencia de un caballo manso, de andar o de tiro según el tipo. Yo lo defino como un caballo de chacra que fue imposible domar. Otra fuente de provisión de reservados son las estancias de las zonas de cría con gran cantidad animales chúcaros; descubrir el que pinta para reservado no es demasiado fácil, pues a veces hay probar muchos para encontrar uno o dos. En cambio, en la pampa húmeda es más sencillo que ya esté ubicados. Incluso la mayoría son mansos de abajo que revelaron su carácter indomable cuando se trató de montarlos. De todos modos se piensa que hay influencias genéticas, líneas de sangre que le dicen.
-¿Dónde consiguen ustedes los reservados?
-Se corre la voz y es cuestión de estar atentos. Algunos de la tropilla del arroyocortense los trajimos de bien lejos. A veces son los propios jinetes los que nos dan noticia de reservados que se venden. En ocasiones nos los ofrecen por carta y hasta por teléfono; en otras han llegado especialmente a ofrecerlos y no sería raro que ahora entre a tallar el correo electrónico.
-¿Son necesarios cuidados especiales?
-Los mismos que recibe un caballo de trabajo, con la ventaja de que tiene muy poco desgaste, pues la monta dura muy poco; debido a eso, muchos reservados son longevos y pueden presentarse durante muchas jineteadas sin decaer. Nosotros tenemos historias de caballos que con más de veinte años se mueven como si tuvieran cinco o seis. Eso sí, con el tiempo -y la experiencia- van modificando su forma de bellaquear y de arrancar; es algo así como si tuvieran memoria del mejor modo de deshacerse del jinete y adoptan los movimientos.
Para dar y prestar
Nuestros entrevistados han reunido experiencia sobre reservados "como para dar y prestar". Saben que no deben permitirse equivocaciones cuando compran un ejemplar para la tropilla, que son responsables y prueban a fondo cada animal. "Desde ya que no lo hacemos nosotros: somos de a caballo pero no pasamos de ahí, así que llevamos alguno de los muchachos de jineteada, nos atenemos a su opinión y también... a lo que vemos, porque de eso sí entendemos."
- Si -como dijo Lorenzo- hay características que se transmiten, ¿tratan de obtener potrillos hijos de reservados?
-Lo ideal sería de padre y madre, algo no demasiado fácil, pues hay muchos más reservados castrados que enteros, ya que en buena proporción se intentó domarlos para andar. De todos modos, si se da la oportunidad, la prueba se hace; a veces esa cría sale brava, y en otras tenemos un potrillo totalmente dócil.
-¿Cuál es la diferencia entre jinetear y domar?
-En nuestro léxico, jinetear es montar un reservado o caballo indomable, en un espectáculo especialmente armado para ello, mientras que domar es amansar un potro nuevo para hacerlo de andar. En el primer caso se trata de animales indoblegables, mientras que en el segundo admiten el acercamiento del hombre y terminan mansos y bien adiestrados.
-¿Cuál es el público de las jineteadas?
-Depende de las zonas; por lo general resulta heterogéneo: el puestero y el patrón, muchos puebleros a quienes les gusta el espectáculo, profesionales que poco tienen que ver con el campo, pero sí con nuestra tradición caballista. En Las Encadenadas vemos muchas familias de los pueblos vecinos que acampan por dos o tres días y disfrutan de toda la fiesta que, además de las jineteadas, ofrece la actuación de conjuntos folklóricos, comidas criollas, y venta de artesanías típicas, para finalizar con un baile.
Raúl Otondo nació, se crió y sigue en el campo, "tanto que a los 5 años mi padre nos llevaba a las jineteadas que en esa época se organizaban en los pueblos para las fiestas patrias". Carlos Alberto Cerrutti vive en el pueblo -Pigüé- y su participación en el fogón pasa especialmente por su amor a la tradición campera. Héctor Frutos, si bien no se considera realmente de campo y vive en el pueblo, ama el caballo y todo lo que gira a su alrededor. En cuanto a Claudio Lorenzo, dice que su amor al caballo le viene desde siempre; pese a no tener tradición familiar campera, hoy se dedica al campo y es uno de los más entusiastas colaboradores en el movimiento de la tropilla de reservados del Fogón Criollo Arroyocortense.
Así es la cosa amigazo, podríamos decir, y así se mantiene en toda la extensión argentina una tradición que nos viene de muy lejos y con la que no podrán los motores..., al menos por ahora.
- 1
2Mensaje: Kicillof le metió presión al Gobierno por las retenciones y expresó que el libre mercado “pasó de moda en el mundo”
3Todo listo para Expoagro 2026: la agenda completa de actividades
4“Vine con mucho entusiasmo”: inquietos y sorprendidos, los productores ponen el foco en la inversión en Expoagro


