
Fue legado de los españoles; son hoy un clásico en las fiestas patrias
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SAN ANTONIO DE ARECO.- La conquista de América tuvo entre sus protagonistas el caballo. Sabemos que acompañó a sus amos desde el primer momento y que fue, sin duda alguna, el "as de espada" con que el conquistador definió la partida ante el nativo de estas nuevas tierras, y que éste, a su vez, lo adoptó para sus correrías.
Junto al caballo trajo el español sus formas de montar y todo lo concerniente al manejo. Esto incluye entretenimientos como las "corridas de sortija" o "a la sortija", como también suele decirse. Es común que en los afiches de alguna fiesta tradicionalista se haga referencia a éstas como "carreras de sortija". Denominación totalmente equivocada, ya que en ningún momento los participantes miden la velocidad de sus montados. Y si tomamos las cosas muy en serio, tendríamos que citarlo como "juego de sortija". Es así como Juan Manuel de Rosas lo cita en su diario de la expedición al desierto. En el parte del 26 de mayo dice textualmente: "Por la tarde se jugó sortija y gallo ciego con premios. Llegó el chasque del capitán Iturra, quien daba parte de haber descubierto, como a 40 o 50 leguas Colorado arriba, fuerzas enemigas".
Allá, en la Edad Media
Tenemos referencias medievales de este entretenimiento y sabemos que era infaltable en las justas entre caballeros. Estos ensartaban con la lanza en el anillo de la dama que consideraban su ama y señora, y se la entregaban demostrando su devoción.
En la inolvidable visita que la infanta Elena de Borbón hizo a nuestro país fue agasajada por los paisanos de San Antonio de Areco en la estancia La Santa María, del comodoro Juan José Güiraldes. En esa ocasión se corrió a la sortija, y todo paisano que la sacaba se la entregaba a la infanta demostrando su alegría por la visita y su conocimiento del espíritu de estas corridas, tan españolas como la princesa misma.
Sé que aún hoy en la fiesta de San Juan, en la Ciudadela de Minora (España), las corridas de sortija son parte importante de la celebración. En nuestro país siempre que se celebra una fecha patria suele haber corridas de sortija.
Los versos de don Pedro Rizo y Héctor del Valle dan testimonio: "El sol ha elevado un rayo/ imponente y silencioso/ y despierta luminoso el 25 de Mayo./ Marcelo Acuña en su bayo,/ un flete que es un primor,/ luce prendas de valor,/ cuidadas y muy prolijas,/ para florearse en las sortijas/ donde habrá de lo mejor..."
Pero... ¿en qué consiste este juego? De un arco, debajo del cual deben pasar cómodos dos caballos, pende una sortija, a una altura tal que sea posible agarrarla con la mano, y de un tamaño no mayor a la sortija de una dama.
Los participantes se colocan a no menos de 50 metros del arco y, lanzando sus caballos a galope, deben ensartar la sortija con el "puntero" que llevan en la mano. El que ensarta mayor cantidad de sortijas es el ganador.
A los participantes se los denomina "corredores". Ellos pueden pasar de a uno bajo el arco o en yuntas, pero la competencia es siempre individual.
Los corredores arreglan antes de empezar el juego la cantidad de "pasadas" que darán.
Suele nombrarse un juez que, a caballo bajo el arco, acomoda las sortijas y da la orden de largada, verificando que la sortija haya sido ensartada con el puntero, ya que un corredor tramposo puede atraparla entre los dedos, haciendo creer que la sacó.
En estos tiempos en que el espíritu de competencia es tan fuerte, el animador de la fiesta suele llevar unas planillas donde va anotando la cantidad de sortijas obtenidas por cada corredor, siempre con la anuencia del juez.
También hemos visto cómo por el afán de ganar se ha desvirtuado la tradicional forma de sentarse a caballo. Y vemos, con horror, cómo los corredores han acortado los estribos de forma que van parados sobre el recado. Para lo cual han debido agregar una pechera de la que se agarran y evitan con esto caer hacia atrás. Afortunadamente esta costumbre no está vigente en todos lados y en fiestas como la de la Tradición, que se celebra en San Antonio de Areco, está prohibido hacer esto.
El "puntero" con el que se debe ensartar la sortija suele ser de madera, de unos 15 centímetros de largo, y es éste el émulo de la lanza medieval. El arco por el que se debe pasar suele ser de caña, o dos cañas unidas por una soga de la que cuelga la sortija.
Antiguamente eran de madera, grande, maciza, imponente, como la importancia que este entretenimiento tenía. Es desde ya mucho más peligroso pasar dentro de esos viejos arcos que por los modernos, ya que el caballo se asusta con más facilidad y el golpe contra él puede ser terrible.
Existe uno de éstos, de madera dura, en el Parque Criollo Ricardo Güiraldes, contra el que se mató un paisano de Duggan, hace ya muchos años, corriendo en el callejón frente al citado parque.Y para certificar la peligrosidad de estas corridas, quiero recordar también a don Luis López, paisano de mis pagos, que murió como consecuencia de un golpe recibido en una "corrida de sortija".
Registros bibliográficos
Un clásico de la literatura costumbrista, "Equitación gaucha" de Justo P. Sáenz (h.), hace referencia a las corridas de sortija, diciendo que no vale la pena describirlas por ser harto conocidas. Ya se la menciona en escritos de 1657. Otro autor al que podemos citar es Tito Saubidet, quien en su conocido "Vocabulario y refranero criollo" hace una acabada descripción de este juego.
Sabemos por testimonio de algunos vecinos que durante años en pueblos como Azcuénaga o Ruiz, en el partido de San Andrés de Giles, se llegó al absurdo total de correr en auto. Se hacía por parejas, el hombre manejaba y la mujer debía ensartar la sortija. Vecinos de Areco recuerdan que en la década del 30 se hizo una corrida a la sortija en esa ciudad, que ganó un mozo con su novia, compitiendo en un automóvil descapotado.
Es de esperar que agrupaciones tradicionalistas dedicadas a promover nuestras costumbres sepan mantener el espíritu de los más antiguos juegos de nuestros gauchos: las "corridas a la sortija" o "el juego de la sortija", y evitar de plano eso de las "carreras"...






