
El contexto mejoró con la pesificación
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CASILDA, Santa Fe.- Son los únicos hombres capaces de observar a través de una cosechadora como si estuviera construida de un fino cristal transparente.
Se trata de los contratistas rurales, hombres que conocen fielmente el funcionamiento de cada una de sus máquinas.
Proveen servicios de cosecha y labores y, en muchas ocasiones, siembran un pedazo de campo.
En dos años y medio han pasado de la agonía económica y comercial a un presente más sólido, activo y dinámico.
No hace mucho, en 2001 muchos estaban acuciados por la presión que genera el secuestro de máquinas por parte de los acreedores.
Hoy, las cosas cambiaron, casi no se comenta en el ambiente acerca de cheques rechazados por falta de fondos, algo muy común un año y medio atrás.
"Lentamente, en 2002, con la pesificación, se fueron cancelando las deudas adquiridas, evitándose remate de inmuebles y casas de familia que operaban como una garantía de los créditos en maquinaria. Algunos compromisos se fueron renegociando, se postergaron vencimientos. Y lo más importante, se generaron buenas expectativas debido a la nueva condición económica, se pudo pensar", comentan en la Federación de Contratistas de Máquinas Agrícolas, presidida por Jorge Scoppa.
Scoppa y su hermano componen una sociedad que cuenta con 4 máquinas cosechadoras y trillan anualmente unas 3000 hectáreas de trigo, 1100 de maíz y 2800 de soja en las zonas de Alejo Ledesma, Córdoba y San Justo, Santa Fe. Siembran, además, 350 hectáreas propias de trigo y soja.
"La situación económica actual de los contratistas es claramente mejor a la época de la convertibilidad. El tipo de cambio alto determinó una mejora de los precios relativos, especialmente en lo referente al costo de vida, servicios, sueldos del personal. Claro que, como contrapartida, el efecto del impuesto a las ganancias sin ajuste por inflación daría a pagar valores confiscatorios.
Estas resultan complicaciones y dudas que angustian para lo que resta del año 2003", comentaron Omar y Nahuel Grazioli, contratistas de la zona de Inriville, Córdoba.
Refuerzo del equipamiento
Miles de horas en contacto con metales, caucho, aire comprimido, sistemas mecánicos y electrónicos les otorgan una sensibilidad aguda a los ojos, los oídos y la nariz.
Son hombres que se pasan tres cuartas partes del año fuera de sus hogares, eso sí, son también responsables de gran parte de la actividad comercial de pequeños pueblos rurales. Combustibles y lubricantes, repuestos, pólizas de seguros contra incendios, riesgos del trabajo y del transporte, comida y bebida representan los principales "insumos" de la vida en el campo.
Se calcula que un "equipo móvil" de un contratista constituido por dos máquinas cosechadoras medianas, dos tractores, una tolva, casilla, aguatero, tanque de combustible, dos maiceros cuestan nuevos unos 300.000 dólares.
Los 7000 contratistas que como hormigas circulan de aquí para allá por todos los confines de nuestro país han debido desembolsar (en su momento) cerca de 2100 millones de dólares para comprar las máquinas que hoy están en su poder.
Nuevas expectativas
Justamente, las nuevas expectativas en el campo en 2002 tuvieron un efecto dinamizador sobre los proveedores de estos productos. Algunos vendieron como hacía mucho no lo hacían. Los principales productores de estas herramientas tienen saturada la línea de producción y otros no cuentan con entrega hasta más allá de abril de 2003.
Una de las cuestiones que preocupan ciertamente para el año en curso es la probable falta de gasoil para realizar las tareas de los contratistas.
"Si se desata la guerra en Oriente, cuestión casi inminente, podría faltar o encarecerse mucho el combustible", comentó Gustavo Torresi, contratista de la zona de Casilda y Villa María, que cuenta con 4 cosechadoras, 2 sembradoras y un pulverizador.
Este contratista cosecha y siembra para terceros. Trilla unas 2000 hectáreas de grano grueso, 1000 de fina e implanta 1800. Cuenta con 500 hectáreas entre propias y arrendadas.
Torresi no es el único preocupado por la probable falta o encarecimiento del combustible para 2003 debido al conflicto bélico, ya que la cuestión tiene asideros económicos concretos.
Se estima que el 40 por ciento de los gastos operativos de la recolección de una soja de 22,5 quintales por hectárea corresponde a combustibles y lubricantes.
Los porcentajes son muy parecidos en los casos de una maíz de 50 quintales y un girasol de 18.
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