
Costumbres de los hombres de a caballo, allá lejos y hace tiempo
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Andrés Carretero, autor de "El gaucho argentino. Pasado y presente" (Editorial Sudamericana), describe cómo objetos de colección fueron en algún tiempo herramientas de uso cotidiano, utilizadas sucesivamente por indios, españoles y criollos. De este modo, estribos y espuelas pierden la frialdad de la vitrina para adquirir la vitalidad del galope.
Entre la mano de obra sin ocupación estable, como entre los indios, el primitivo estribo consistió en un botón formado al extremo del cuero que pendía del recado. Otras veces se usó un hueso de oveja, llamado pichico, o una ramita atada en lugar del botón. Por eso, las botas de potro permitían dejar al descubierto los dedos, para afirmarse al poner el cuero entre el dedo pulgar o gordo y el siguiente, para apoyar en el botón o el pichico. Más adelante este estribo elemental y primitivo fue reemplazado al usarse un aspa de carnero con estribera de cuero crudo, para luego dar lugar al estribo de madera, forrado en cuero.
En las tareas de campo se popularizó, más tarde, el estribo de metal de boca estrecha, que en las rodadas evitaba que quedara el pie enganchado, con el riesgo de ser arrastrado por el animal desbocado. Los jinetes hábiles, en esos casos, con los pies libres caían parados y evitaban lesiones. En la ciudad se impuso de a poco el estribo de boca ancha que permitía "estribar entero", o sea, con la mayor parte del pie apoyada.
Los materiales y formas de los estribos han variado en el curso del tiempo, pasando del nudo al hierro y la plata. En muchos museos y colecciones particulares suelen encontrarse los llamados "baúl", realizados en madera dura, muy populares en regiones pedregosas y montañosas, pues permiten afirmar mejor los pies.
Para uso de las amazonas, en oro, plata o combinados, hay estribos con forma de zapatillas, pero uno solo, ubicado a la derecha del animal. El arco de muchos estribos es triangular y también existe el llamado brasero. Casi siempre se lo ha realizado en plata maciza, con muchos adornos consistentes en filigranas, repujados, y aplicaciones de oro con algunos agregados de piedras preciosas o semipreciosas.
En el Litoral se difundieron en alguna época los estribos llamados de campana o corona, por las formas que se les dieron. El material usado fue hierro o plata. Muchas veces la cortedad de medios económicos fue salvada con grabados en la madera empleada. Otra variante, no muy popularizada, fue la confección de estribos en bronce.
Desde la Edad Media
La espuela en las formas conocidas en el Río de la Plata fue un implemento usado por la caballería desde la época medieval, y por ello se dijo oportunamente que los hombres que calzaban espuela portaban espada, pues los considerados ricos hombres, hidalgos y caballeros las usaban como atributo de condición social y militar.
Les estaban prohibidas a las gentes de la gleba, por no tener propiedad de cabalgaduras. En las llanuras americanas perdieron en forma progresiva su significado de nobleza y distinción para convertirse en herramienta de trabajo, usada para el manejo de los caballos a medio domar y siempre prontos a desobedecer, bellaqueando. Los romanos las usaron en forma de clavos. La llamada espuela de ruedecilla es originaria del siglo XIII.
Cuando los indios aceptaron el uso del caballo como arma de guerra y medio de transporte imitaron al blanco, pero como carecían de metales y métodos para elaborar piezas con él las reemplazaron inicialmente con una horqueta vegetal, para luego utilizar un clavo al estilo de las usadas por los jinetes romanos.
Poco a poco se difundió entre los hombres de a caballo la espuela europea (que consta del arco o abrazadera, parte metálica que rodea el talón del calzado; del rodete, que es un disco redondo, con o sin puntas, y de la espiga, con un eje sobre el cual gira el rodete).
Cuando el rodete tenía largas púas las espuelas eran llamadas nazarenas. Algunos viajeros han dejado testimonio sobre ellas, al estimar que, por su tamaño, causaban un daño innecesario al animal. Esas críticas olvidaron o ignoraron que en España, en el siglo XV, se usaron espuelas con púas de casi 20 centímetros de largo. El nombre les viene de las espinas que coronaron a Jesús Nazareno.
Este tipo de espuela fue introducido primero en México y luego en Colombia, Perú, Chile, Paraguay y la Argentina. Aquí se arraigó entre la gente rica y los militares de Buenos Aires y Entre Ríos, constituyendo una de las piezas más destacadas del llamado "estilo de la época gauchesca".
Cuando el portador de las nazarenas desmontaba las espuelas producían un sonido muy particular, que dio lugar a que se las bautizara lloronas. Este tipo de espuelas ha dado lugar a la exageración, pues hay pares de más de 3 kilos de plata maciza. Hay espuelas que son verdaderas joyas por su trabajo artesanal. Varias de ellas pueden verse en el Museo José Hernández.





