Con una suba del área y más producción con valor agregado, el girasol podría dar un salto desde los US$2800 millones, según Gustavo Idígoras, de Ciara-CEC
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MAR DEL PLATA.- El girasol podría duplicar su producción y generar US$5000 millones en tres años. Así lo afirmó Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera (Ciara) y del Centro de Exportadores de Cereales (CEC), durante el Congreso de Asagir que se realiza en el hotel Sheraton de esta ciudad. Señaló que el complejo tiene margen para expandirse si se consolidan condiciones productivas, comerciales y sanitarias. Explicó que el país podría ampliar la superficie a “más de cuatro millones de hectáreas” y llevar las exportaciones de aceite “de 1,5 millones de toneladas a 3 millones de toneladas”. Según indicó, el aporte actual ronda los US$2800 millones y, de concretarse este crecimiento, el girasol se transformaría en la “cuarta industria de la Argentina en generación de divisas”, con los US$5000 millones mencionados antes.
Al mismo tiempo, advirtió que ese potencial convive con riesgos. Señaló que hay preocupación por cuestiones sanitarias, con casos en los que se detectaron residuos por encima de los límites -como en pesticidas- y uso de productos no permitidos, en un contexto donde los mercados externos son cada vez más estrictos. A eso se suman hoy los problemas en la logística: en plena cosecha, el paro de transportistas que ya lleva siete días frenó el ingreso de granos a los puertos y paralizó la operatoria exportadora.

En tanto, también planteó la necesidad de avanzar en una reducción de los derechos de exportación. Señaló que el girasol aún tributa 4,5% y lo definió como una “economía regional pendiente”. Consideró que llevar los derechos de exportación a cero sería una condición para sostener el crecimiento del sector.
El panorama global hoy acompaña la expansión, con una demanda internacional que busca proveedores fuera de la región del Mar Negro, escenario del conflicto entre Ucrania y Rusia, lo que le abre espacio a la Argentina.

Ese cambio se refleja en los números. En materia productiva, Idígoras señaló que la molienda de girasol ronda las 4,9 millones de toneladas, según datos oficiales, aunque desde la industria proyectan que podría alcanzar los 5 millones de toneladas. A la par, el salto en exportaciones de semilla marca un récord histórico. “El mejor año fue de 260.000 toneladas. Hoy ya estamos con registros de 930.000 toneladas y, si sumamos la previsión total, vamos a estar por encima del millón de toneladas”, detalló.
El crecimiento también se refleja en la actividad comercial. De acuerdo con el dirigente, los registros de exportación del primer trimestre muestran un salto significativo respecto de años anteriores, con volúmenes que se multiplicaron entre 2,5 y 3 veces. Este cambio, explicó, respondió también a un reacomodamiento del mercado internacional. “Hoy, en la Argentina, cuando el mundo busca aceite, girasol, pellet o semilla, miran a la Argentina”, señaló. Contrastó con la situación previa, cuando la referencia global estaba concentrada en la región del Mar Negro.
Sin embargo, advirtió que este escenario favorable convive con dificultades internas que ponen en riesgo la confiabilidad del país como proveedor. En ese marco, alertó por el conflicto con transportistas, que en plena cosecha frenó el ingreso de granos a los puertos. El paro, impulsado por camioneros autoconvocados que reclaman una actualización de tarifas frente a la suba de costos —especialmente del gasoil—, interrumpió la logística, generó demoras en los embarques y obligó a reprogramar buques.
“En los últimos siete días no pudimos cargar un solo barco”, señaló. El dirigente explicó que este tipo de interrupciones no solo afectó la operatoria inmediata, sino que también generó ruido en los mercados internacionales. “Todas las noticias internacionales indican que la Argentina tiene un conflicto sindical que nadie entiende qué pasó en el medio”, sostuvo.
En este contexto, planteó la necesidad de mejorar las condiciones internas y avanzar hacia un esquema más previsible. Puso el foco en el rol de las provincias y cuestionó los excesos regulatorios. “Las provincias necesitan convencerse de que el éxito económico no pasa por la ambición de tener ultrarregulaciones, sino por la capacidad de regular”, afirmó. En esa línea, sostuvo que es clave “dejar que la actividad privada resuelva sus propios conflictos y las condiciones contractuales”.
Idígoras advirtió, además, por un tema que, según señaló, genera creciente preocupación en los últimos días: los problemas sanitarios que pueden complicar las exportaciones. “Se han detectado una innumerable cantidad de muestras que superan los límites máximos”, afirmó, y agregó que en algunos casos “estamos usando productos prohibidos por el Senasa”.
Según explicó, el riesgo se potencia en los mercados externos, donde los controles son cada vez más exigentes y cualquier desvío tiene consecuencias inmediatas. “Cuando se genera una alerta sanitaria, se hace pública y los compradores empiezan a desconfiar y a decir ‘ojo con la Argentina’”, sostuvo.
En ese marco, el tema cobró visibilidad recientemente: a fines de marzo, en Bulgaria se detectaron residuos de pesticidas por encima de los límites permitidos en cargamentos argentinos de girasol. En algunos envíos, los niveles encontrados superaban entre dos y hasta cinco veces los valores autorizados por la normativa europea, lo que derivó en controles más estrictos sobre la mercadería y su destino. “Necesitamos madurar en todo sentido en nuestro país para poder seguir mostrando estas tasas de crecimiento”, concluyó
Otro de los ejes que planteó es la necesidad de abrir nuevos mercados, especialmente para productos con mayor valor agregado. En ese punto, mencionó las gestiones para exportar pellet de girasol a China, en un contexto en el que ese país está modificando su esquema de alimentación animal. “Queremos venderle pellets de girasol a China. No es un capricho. Si nosotros crecemos en el aceite, tenemos que darle una salida comercial al girasol”, explicó.
Sin embargo, advirtió que avanzar en productos industrializados enfrenta limitaciones estructurales en el comercio internacional. Según describió, los países aplican aranceles crecientes a medida que aumenta el nivel de procesamiento, lo que dificulta la exportación de bienes con mayor valor agregado. “Los países no nos quieren comprar productos procesados. No solo a la Argentina, a nadie. Es una cuestión de empleo”, sostuvo.
Para explicar cómo funciona este esquema, detalló que la semilla suele ingresar sin aranceles, mientras que a medida que el producto suma procesamiento las cargas aumentan.

Frente a este escenario, planteó que la solución no pasa por acuerdos entre empresas, sino por negociaciones a nivel internacional. En ese sentido, destacó el rol del Mercosur como herramienta para avanzar en acuerdos comerciales que permitan reducir barreras.
Identificó como prioritario un acuerdo con la India en el corto plazo. Según indicó, la expectativa es avanzar en un tratado de libre comercio en un horizonte de 24 meses. Para ello, consideró clave que exista una estrategia coordinada que contemple tanto la apertura de mercados como la necesidad de sostener un esquema equilibrado en materia de comercio. “No podemos ser librecambistas para exportar y proteccionistas para importar”, concluyó.
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