Un asado con Pepo, los recuerdos de los amigos y la historia de un país

El fogón, imprescinible en el campo
El fogón, imprescinible en el campo Fuente: Archivo
Roque Sanguinetti
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16 de mayo de 2020  • 23:31

Mi hermano Pepo murió en 2017 de lo que alguien llamaría eufemísticamente una larga dolencia. Era un tipo pensativo, y solía ponerse a escribir en el viejo escritorio de La Ramona contando anécdotas del campo, algunas jocosas y otras nostálgicas. Tenía un grupo de amigos en el pueblo, típicos de las raleadas poblaciones de la pampa gringa, que a veces se reunían a comer en el club, frente a la plaza. Revisando sus papeles encontré esta nota escrita a máquina durante la crisis de 2001, que acá reproduzco textualmente y que muestra el estado de ánimo del campo en esos días.

Dice Pepo: "La Ramona" (al sur de Santa Fe). "Ya dos de diciembre de 2001, hora una cero cinco de la madrugada? Vuelvo de comer un asado en el club con algunos perdurables personajes del pueblo (Pachulo Casadedío, Mario Piancatelli, Coco Pluquino, Hugo Sosa, Pochoclo Concetti, Viejo Panichelli, Colorado e' Stephenson, Roberto Toneguzzo). Buen asado y con achuras, mucho vino, charlas comunes pero que hacen a la sal de la vida de los pueblos, recuerdos, lamentos, esperanzas, futuro? He vuelto al club después de largo tiempo? me gustó, y creo que busco recobrar el tiempo ya perdido del inolvidable Negro Bártoli? No puedo dejar de reconocer que ahora campea un aire de tristeza, de pobreza (no quiero hablar de decadencia), y es que he visto sombras, casi espectros de otrora prósperos agricultores o animosos comerciantes? Y no puedo dejar de pensar en cómo han hundido al campo en el país, cuánto lo han ignorado y humillado, de qué dolorosa forma lo han perjudicado, y esto puede verse y palparse en la desazón (profunda) que prevalece entre los pocos que aún resisten y sobreviven en este su casi desolado ámbito. Y eso que la noche, de luna llena, era espectacular, y nos quedamos con Hugo Sosa tomando café y conversando largo rato en la ancha y solitaria vereda del club, frente a la no menos desolada y penumbrosa plaza (desolaciones y penumbras que daban un mayor encanto a la concreta noche de primavera). Tal vez todo pueda tener la entidad de un sueño, eso nunca habrá de saberse. He vuelto al club? ¿dónde está el Negro Bártoli?... ¿dónde nuestro país?... "

Hasta acá el documento vivo y poético de un momento difícil. Que sirva como homenaje a todos esos hombres del campo argentino que periódicamente deben enfrentar sequías o granizos. Y además las crisis que causan los políticos, que viven en la ciudad. Pero la gente del campo aguanta una y otra vez, poniéndole el hombro al país en las buenas y en las malas. Y después de la desolación, siempre esper a una lluvia de primavera.

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