
Carlos Antonio Moncaut, autor de varios libros del pasado rural
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"Desde que tuve noción fui un obstinado lector de todo lo que se vinculara con el pasado rural bonaerense, y un día me convertí en escritor", dice Carlos Antonio Moncaut, autor de "Inundaciones y sequías en la pampa bonaerense (1576-2001)". El año último, cuando el agua cubría más de 4 millones de hectáreas en Buenos Aires, elaboró este texto con datos recopilados durante años de investigación: desde una carta de don Hernando de Montalvo al Rey en 1576 y acuerdos del Cabildo dando cuenta de lluvias y sequías -pidiendo procesiones y novenas para paliarlas- hasta notas de periódicos que describen los padecimientos en áreas afectadas.
Moncaut incluye la opinión de Florentino Ameghino, los proyectos de obras hidráulicas fallidos y analiza la necesidad de recuperar el sistema ecológico de las pampas, antes protegidos por pajonales.
"Dividí mi tiempo entre lo que necesitaba hacer para comer y lo que verdaderamente me gustaba: la naturaleza, el campo y su pasado. Me atrapó su encanto y su misterio. De noche estudiaba, y de a poco empecé a recopilar y escribir. En 1957 publiqué mi primer trabajo." Fue "Viaje del vapor Río Salado del Sud, de Buenos Aires a Chascomús, en 1857". "Estaba en la biblioteca de la Universidad de La Plata cuando descubrí en el diario porteño La Tribuna de 1857 crónicas inéditas sobre un barco a vapor que había atracado junto al cementerio viejo de Chascomús", cuenta Moncaut.
"Se cerraron las puertas de la biblioteca y tuve que pasarme toda la noche revisando testimonios de aquel increíble episodio: dos noruegos pedían al Congreso la concesión para explotar la línea de embarcaciones de Buenos Aires a Chascomús. Una sucesión de tormentas e inundaciones los obligaron a internarse por el río Salado. Gente de a caballo los silgaban con cables para que el barco pudiera avanzar por arroyos y lagunas hasta Chascomús, donde atracó en medio de una celebración popular. Regresaron a Buenos Aires y fue su único viaje", describe el autor.
Ruinas del río Salado
Cuando tenía 18 años escuchó una conferencia del rector en la Universidad Nacional de La Plata Alfredo Calcagno. Moncaut sabía que Calcagno solía viajar al río Salado para investigar los restos de la reducción jesuítica Nuestra Señora de la Concepción de las Pampas y le preguntó sobre el lugar. En 1981 dedicó un libro al tema.
En 1957 el Archivo Histórico de la provincia había organizado un concurso sobre historias de pueblos. Moncaut presentó una "Biografía del río Salado", que no fue aceptada, pero impresionó a un miembro del jurado. Lo publicó por sus propios medios y en un año vendió cinco ediciones. Dedicó todo un verano a buscar en ese archivo la correspondencia entre Rosas y sus capataces: "Encontramos más de 2000 fojas de correspondencia entre Rosas y sus hombres de confianza, en las que se puede reconstruir el quehacer cotidiano de entonces y su personalidad progresista como administrador".
Su madre, Flora Castrillón, fue directora de la escuela de Etcheverry, el pueblo donde nació. De su padre, Carlos O. Moncaut, aprendió "el respeto por la gente sencilla, la rectitud en el camino de la vida y el amor por los animales y las plantas". En su formación intelectual reconoce las lecciones en el Colegio Nacional dependiente de la Universidad de La Plata de profesores como Pedro Henríquez Ureña, María de Villarino, Gabriel del Mazo, Abraham Rosenvasser, Narciso Binayán, Alberto Palcos.
Era chico cuando rescató del fuego en su casa de las calles 1 y 46 una partida de nacimiento y papeles pertenecientes a su abuelo vasco, oriundo de los Bajos Pirineos, que se estableció en las chacras a la vera del arroyo Azul, donde nació su padre.
Casi médico, con 17 materias aprobadas, desde los 16 años fue empleado en el Jockey Club de La Plata, donde se desempeñó como subgerente de la Dirección de Hipódromos (hasta que quedó cesante por razones políticas, medida que cuestionó por vía judicial en 1963). Visitador médico de un laboratorio de productos medicinales hasta 1992, desarrolló en forma paralela su vocación de investigador. En moto, en carpa, en auto, acompañado desde 1961 por su esposa María Teresa, recorrió el interior con la misma pasión con que frecuentó archivos y bibliotecas. Participó en excavaciones arqueológicas en Salta, investigó especialmente la zona de la cuenca del Salado, Luján, Azul, Chascomús, Ranchos y Magdalena. Pronunció más de 200 conferencias, editó dieciséis libros y dedicó programas radiales y notas a los temas de sus investigaciones.
Teros, chajás y patos
Atravesando el jardín de su casa uno puede cruzarse con un tucán o un tero. "Solía hacer expediciones a los bajos del Tuyú: allí hay que entrar en botes tirados por caballos, que a ratos caminan y a ratos nadan. Recogía los pichones, que luego criaba en mi casa. Ahora apenas tengo teros, chajás, algunos patos, pero supe tener muchos especímenes, aunque a los vecinos les molestaba un poco..."
Un museíto alberga piezas reunidas con fervor de historiador y tradicionalista. Una ollita de tres patas que su madre se disponía a descartar fue el primer objeto que le despertó la afición por recobrar lo que el tiempo relega al desuso.
Allí están hoy: vaso de pulpería de fondo grueso (para su estabilidad a bordo de los veleros), armas, boleadoras, lámparas, porrones, balanzas, cencerros, tarros lecheros, tallas religiosas, acordeón, polífono, azulejos, mates, una pava que perteneció a Benito Lynch, braseros, rebenques, rastras, estribos, espuelas, monedas y medallas.
Inventariada y distribuida en un "arcón de los recuerdos", la colección testimonia la huella que dejan los objetos de uso cotidiano en los sentimientos de los individuos y los pueblos, como si se hubiera llevado la memoria del campo a su casa.
Escritor "por una necesidad espiritual difícil de explicar", es sobre todo en los libros en los que encuentra inspiración y fundamento para sus propios trabajos. Las paredes de una de las habitaciones de su casa están literalmente tapizadas por una biblioteca de 30 mil volúmenes, comentada por Julián Cáceres Freyre en estos términos: "Comenzó a reunir libros a los 18 años sobre el territorio de Misiones, atraído por la selva y los animales, tan bien retratado por Horacio Quiroga en sus cuentos y novelas. Y en 1945 comenzó a adquirir en las librerías de la ciudad de las diagonales los libros clásicos de viaje de Juan Queirel, Eduardo Holmberg, Federico de Basaldúa y otros clásicos de esa rica zona de la tierra colorada. Desde entonces y hasta hoy Moncaut reúne todo lo referente a las tradiciones indígenas y folklórica de la provincia de Buenos Aires".
La historia de sus pueblos, estancias, fortines y misiones, la vida campera, tanto material como espiritual, a la que se agrega todo lo referente a las ciencias naturales, con especial énfasis en la ornitología, ya que es un incondicional admirador de William H. Hudson. Fue ampliando el campo de su interés bibliográfico con la Banda Oriental, a lo que se sumó la adquisición de materiales y estadísticas e informativos en la economía, el comercio, la agronomía y la veterinaria bonaerense; los censos de informaciones oficiales editados por ministerios o reparticiones públicas, especialmente del siglo XIX, revistas y diarios de época e importante material iconográfico.
"Creo que desde antes de nacer me apasionó el campo", define Moncaut.
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