
1 minuto de lectura'
La actual campaña agrícola no termina de afirmarse en área, no sólo por el clima cambiante de los últimos días, sino por lo poco tentador de los mercados agrícolas. A pesar de que las opciones sólo se reducen a la siembra final de soja y maíz de segunda fecha, el año ya está casi cerrado.
Será un nuevo año sin crecimiento del área sembrada, (entre 31 y 32 millones de hectáreas) con caídas en la superficie de maíz respecto del año anterior, una relación oleaginosas-cereales que continúa en el 65-35% (65% del área agrícola se siembra con soja y algo de girasol) y seguramente una campaña que no utiliza toda la tecnología disponible. Nuevamente estaremos rondando los 100 millones de toneladas que logramos hace unas campañas y que hoy se han convertido en un límite máximo de producción frente a las condiciones que nos plantean las regulaciones vigentes.
Esta relación oleaginosas-cereales se debe a la necesidad de buscar resultados económicos que permitan la sustentabilidad económica de las empresas, hoy lejos de lograrla.
Los mercados agropecuarios domésticos, según los precios de mayo 2015, han bajado en promedio entre 20 y 25% en dólares, respecto de campañas anteriores y los costos de implantación y protección de cultivos han crecido en el mismo período entre un 15 y un 20% en dólares. A ello hay que sumar que en algunos casos (trigo y maíz por ejemplo) las restricciones al comercio exterior impuestas por las autoridades económicas, implican dejar mercados cautivos al consumo local y precios finales a la producción que llegan a estar entre 20 y 40 dólares por debajo de la capacidad real de pago.
Esto no es gratis: se genera la reducción constante del área de estos cultivos y con ello la pérdida de sustentabilidad del sistema productivo. También, problemas en la reposición de nutrientes, malezas, plagas y enfermedades.
Con todo esto cerraremos un 2014 con menores exportaciones agrícolas en general, con mínimas exportaciones de carne vacuna de aproximadamente 200.000 t equivalente res con hueso (siendo superados ya por Paraguay y Uruguay en este rubro), con crecimiento en carne aviar y porcina, estancados y a la baja en la producción de leche y economías regionales que no encuentran salida rentable a sus actividades productivas.
Inflación del 40% anual, sumado a un tipo de cambio real promedio para el sector agrícola de $ 5,5-5,8 por dólar (luego de retenciones y restricciones a las exportaciones), con aumento de costos de producción en dólares y una infraestructura realmente insuficiente, conforman un resultado fácil de predecir: estancamiento, camino a la reducción de la producción para los próximos años, mientras nuestros competidores vecinos, Uruguay, Paraguay y Brasil, crecen año tras año.
Mientras el ministro de Agricultura habla de un país que produce alimentos para 400 millones de personas y olvida que tenemos cerradas, o lo que es peor aún, manejadas discrecionalmente las exportaciones de nuestros productos, seguimos arrastrando problemas de sub y desnutrición.
A estos problemas del agro se suman números negativos en el PBI anual, caída en la actividad industrial, mayor desocupación, crecimiento de la pobreza e indigencia, economías regionales paralizadas, ausencia de información oficial y estadísticas confiables, aumento de la inseguridad, corrupción y narcotráfico creciente y, lo que faltaba, pérdida de la institucionalidad.
La pregunta para 2015 será, sin duda, si los Argentinos seremos capaces de cambiar el rumbo actual, y para ello mi pregunta es:
a) ¿Cuál es la mirada y qué propuesta tienen hoy para el país, quienes aspiran a ser gobierno?
b) ¿Qué Argentina de largo plazo planifican? ¿Cómo piensan ponerla en marcha?
c) ¿Qué participación imaginan que tendremos en el contexto actual de una demanda creciente de alimentos a la cual podremos aportar calidad y cantidad?
d) ¿Qué decisiones y estrategia de política fiscal y comercial se tomará, frente al abandono real de este tema en la "década ganada"?
e) ¿Seguiremos sólo pensando en la mesa de los Argentinos o miraremos al Mundo para exportar?
f) ¿Qué marco político, económico y jurídico mostraremos a la comunidad internacional para captar inversiones de largo plazo para el sector energético y de infraestructura?
Estas preguntas y muchas más deberían tener respuestas y propuestas claras por parte de quienes aspiran a gobernar los próximos años. Hasta ahora sólo se ve, por parte de estos actores, la disputa por el centro del escenario, la definición de los "límites", de con quién sí o no soy capaz de buscar consensos, y el tratar de aprovechar la coyuntura sólo en forma oportunista sin realizar propuestas de fondo.
Es cierto que, ante todas estas preguntas, nos corresponde también al sector privado tener respuestas y propuestas claras que nos alejen del "silencio cómplice" de los últimos años, del cual algunos han sido protagonistas por conveniencia económica sectorial, perdiendo de esta forma la visión global y de largo plazo del país.
Esperemos que, como país y como sector, no volvamos a perder la oportunidad que nuevamente el mundo nos ofrece para los próximos años. De nosotros depende.
1
2Murió Jorge Chemes, expresidente de Confederaciones Rurales Argentinas, a los 64 años
3Por una emergencia sanitaria: una empresa argentina le entregó a Sudáfrica un millón de vacunas
4Millonaria operación: el vicepresidente de la Rural y sus hermanos vendieron 24.000 hectáreas a un poderoso grupo inversor



