Un olvidado capitán que llegó a Buenos Aires a lomo de caballo

Monumento a Juan de Garay
Monumento a Juan de Garay Crédito: Shutterstock.com
Jorge Vera-Ortiz
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8 de febrero de 2020  

Un personaje olvidado por nuestra historia, descansa en el sueño de los justos. Documentos originales nos advierten que se trata del conquistador Alonso de Vera y Aragón y Hoces, estepeño, nacido en 1558 e hijo primogénito de los andaluces Carlos y María de Hoces. Fue casado con Mariana de Ardiles y era sobrino del Adelantado del Río de la Plata, Juan de Torres de Vera y Aragón. Secundó a Garay durante los días de la fundación de la ciudad de Buenos Aires en 1580.

Escasos años contaba cuando luego de combatir contra los Araucanos, y con el propósito de fundar Buenos Aires, el Adelantado con su lugarteniente Juan de Garay, lo distinguen como jefe principal para comandar las columnas de vecinos que desde la Asunción del Paraguay marcharían por tierra con bastimentos y arreo de ganado vacuno y una tropeada caballar andaluza que sumaba nada menos que 1200 cabezas. Tarea que consumó, adviértase, un mes antes de la fundación, el 11 de mayo de 1580, cuando arribó al puerto de Buenos Aires y, contrario a lo afirmado por historiadores de nota, lo hizo antes que Garay, quien venía bajando por el Paraná.

"Con sus 22 años de edad, Alonso habría de ser el primer hombre en plantar sus pies en la tierra de la que iría a ser, un mes después, la ciudad de la Trinidad en el puerto de Buenos Aires". Sorprende que aún hoy nuestra metrópoli carezca de una calle que evoque su nombre.

El histórico arribo y jubiloso encuentro entre sendas partidas fundadoras aconteció el 29 de mayo del año 1580, efeméride en que la Iglesia católica conmemora la "Santísima Trinidad" y que habría de ungirle el nombre a la ciudad el 11 de junio de 1580 cuando su fundación.

Una insalvable curiosidad nos avisa que nuestro Alonso desde la lejana Asunción traía consigo y su tropa, como cosa que hacía a la tradición y a sus vidas cotidianas, un producto cultural allí arraigado, "la yerba paraguaya", para el tan preciado mate amargo, compañero inseparable de nuestro gaucho telúrico, dando vida en estas latitudes a la llamada "cultura del mate" de vertiginoso arraigo en Buenos Aires.

Una suerte de primer gaucho. La crónica anterior nos induce a pensar que nuestro personaje y sus hombres, si se quiere, encarnarían una suerte inicial de gauchos, aún sin nombre. Una especie de precursores de este tradicional "hombre de a caballo" arribados por vez primera a las, aún de "naides", llanuras pampeanas. Acaso protagonizarían una pieza significativa de la prehistoria del gaucho y su mate.

Nuestro insigne Vasco a la hora de aquilatar los méritos de Alonso de Vera y Hoces, en el reparto de predios a los primeros vecinos, le destina el privilegiado solar emplazado frente a la Plaza Mayor -hoy Plaza de Mayo-, y sede de la actual Arquidiócesis de Buenos Aires, lindando al oeste con nuestra Catedral Metropolitana.

Luego de desempeñarse como teniente general de Gobernador y Justicia Mayor de Asunción del Paraguay, y a la sazón general del Guayrá, Alonso fue encomendado para ejecutar la jornada colonizadora de Mbiazá, ubicada cerca de lo que es hoy San Francisco del Sur en el Brasil, lo cual significaba sumar otra salida al mar. La empresa se vio malograda como consecuencia de una confabulación orquestada en Asunción por los enemigos del Adelantado y su familia, y a escasos días de partir la armada de Vera. Los portugueses, a la postre, se establecerían en el mismo sitio. Siglos después lo habríamos de lamentar. Ninguna ciudad española se fundó después.

El autor es Académico Correspondiente por Buenos Aires de la Academia Paraguaya de la Historia

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