
El peruano-argentino de paso resurgió gracias a la labor de Diez Barrantes
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"Nuestra patria se hizo a caballo", dice un viejo adagio argentino. Algo muy cierto, pues no se conciben las guerras que jalonaron la independencia argentina sin el todavía poco reconocido concurso equino. Y un supuesto "monumento al caballo desconocido" implicaría el recuerdo obligado de la raza caballar que montaron los soldados de la Guerra Gaucha de Martín Güemes:el peruano-argentino de paso.
Es hora de que la Argentina entera les preste la atención que merecen y para ello la pintora salteña Florencia Diez se dispone a reeditar un libro que constituyó una piedra liminar para el estudio del tipo de caballo que se conoce con el nombre de argentino-peruano de paso, escrito por su padre, René Diez Barrantes, en cierto sentido el verdadero introductor en todo el país de una raza que ya existía, pero que él revitalizó, transformó y resucitó.
Los caballos de Güemes
Esta historia comienza en los tiempos de la Conquista de América, cuando llegan al Perú caballos de origen andaluz y berberisco.
Algunos siglos después, alrededor de 1840, empiezan a radicarse en cantidad caballos peruanos en la provincia de Salta.
Se los usaba como animal de silla y servían para que se efectuaran los traslados de uno a otro confín de la provincia.
Eran, asimismo, los más apropiados para el intercambio comercial con el Alto Perú, que se hacía entonces a lomo de caballo.
Con el advenimiento de los otros medios de locomoción que aparecen en el siglo XIX empieza para el caballo una nueva etapa, durante la cual el origen peruano empieza a perder un poco de su valor hasta producirse un principio de degeneración de la raza.
Un genio renovador
El animal empieza a mezclarse con otras razas y pierde sus características, lo cual lleva a que desaparezcan muchas de sus condiciones.
Entre ellas, la del paso. Pero hay realidades que cambian merced a la aparición de alguien providencial. En este caso, gracias a René Diez Barrantes, médico veterinario y zootecnista que empieza a estudiar la raza y sus posibilidades de mejoramiento y que se impuso como fin lograr que el peruano-argentino volviese a ser lo que era.
Su objetivo -esfuerzo y sacrificios mediante- se cumplió. La genética recuperó sus condiciones: su suavidad, la belleza y armonía de sus formas, su mansedumbre.
Actualmente hay muchísimas cabañas en Salta, al tiempo que se ha extendido en todo el país, especialmente Catamarca, Jujuy, Tucumán, Córdoba, La Pampa y Buenos Aires.
Virtudes de una raza
Según explica Diez Barrantes en el libro donde volcó todo su saber, el caballo de paso, por su rusticidad, su fortaleza y adaptabilidad a cualquier región, pampeana o montañosa, constituye sin duda el animal preferido para el trabajo rural, especialmente para recorrer los campos cultivados, por cuanto su andar al paso a cuatro tiempos , armónicos, a los que gusta describir como "casi musicales por el compás que marcan sus golpes contra el suelo, que hacen percibir al jinete, con placer, la sensación de estar cómodamente sentado en un animal que transmite vigor por el ímpetu de su accionar y la suavidad de sus movimientos".
El nombre legítimo de esta raza que Diez Barrantes nacionalizó es "caballo peruano-argentino de paso". "Ello se debe -comenta Florencia Diez, hija de René- a que el animal cambió morfológicamente al mudar de hábitat y de alimentación, ya que no es lo mismo vivir en el monte salteño que en los médanos peruanos." Algo parecido sucedió con el traslado del animal a Ecuador, donde se lo llama "caballo peruano-ecuatoriano de paso".
Señaló la diferenciación marcada que ahora existe entre los propiamente peruanos argentinos, de origen peruano pero nacidos y criados en nuestro país, "de acuerdo -acota- con nuestras posibilidades y nuestras exigencias". Por eso afirmó que se trata de dos tipos de animales, diferentes en lo morfológico pero idénticos en lo funcional.
Decía que "por la geografía, las condiciones ecológicas y las pasturas que los hacen más grandes y fuertes hay mejores ejemplares en Salta o Catamarca que en Perú".
Es mucho lo que debemos a Diez Barrantes, que agregaba a su magna obra de regenerador de una raza otras virtudes:adiestrador personal de sus animales para la educación en la rienda al estilo argentino, "manejado con las riendas juntas en una sola mano", intendente de la ciudad de Salta, director de Agricultura y Ganadería en la provincia de Salta, jinete desde los tres años y, aparte de todo esto, poeta y guitarrista amenizador de muchas veladas criollas.






