
En el Archivo Gráfico y Museo Histórico de San Francisco se exhiben restos de dinosaurios, antiguas fotos y herramientas del hogar usadas por los colonizadores
1 minuto de lectura'
SAN FRANCISCO.- "¿Me muestra los esqueletos de animales de la era cuaternaria?"; "ese viejo arado tirado por caballos, ¿es el antecesor de las sembradoras mecánicas?", "¡nunca lo imaginé: novias con vestidos negros!" Todos estos comentarios se escuchan con frecuencia en el Archivo Gráfico y Museo Histórico de San Francisco y la Región, una institución sostenida desde una fundación no oficial que lleva su mismo nombre.
Uno de los grandes méritos de este museo reside en poseer una de las colecciones paleontológicas más valiosas del interior. La institución encuentra siempre la respuesta para develar algún secreto de antaño, un objeto para exhibir o una fotografía extraídos del cajón de los recuerdos, que sirven para testimoniar el ayer.
Arturo Bienedell, el presidente de la Fundación Archivo Gráfico y Museo Histórico, asegura que "nos brindamos a la comunidad a través de nuestra obra, que apunta a la formación de mejores ciudadanos que conozcan su pasado".
Un valioso aporte al conocimiento de la megafauna sudamericana -que desapareció hace unos 8500 millones de años- lo constituye la exposición de paleontología. Se pueden apreciar restos fósiles de gliptodontes, sclerocalyptus, toxodon, tegomastrodon, hipidium, tigre "dientes de sable", que en el período cuaternario habitaron el este cordobés.
"Todo comenzó en abril de 1997, cuando las excavaciones llevaron al hallazgo de restos fósiles que fueron rescatados, identificados y expuestos", comenta Bienedell. "En especial merecen ser destacados los restos del tigre «dientes de sable», ya que se encuentran intactos."
Bienedell asegura que desenterrar los restos fósiles es una tarea que sólo puede desarrollar un especialista e implica mucha paciencia. "Las tareas se realizan con cuidado para no dañar lo hallado. Primero, se delimitan los contornos del material encontrado, con pico y pala. Luego, con más detalle, se quitan los sedimentos con una piqueta y raspando con un pincel. Mientras tanto, se coloca yeso para que no se deterioren los huesos y puedan ser trasladados luego al museo."
Conocer las costumbres de los primeros colonizadores sirve para comprender una buena parte de la idiosincrasia de muchas poblaciones del interior. Esto es posible gracias al aporte de quienes efectuaron donaciones al museo. "Tenemos bajo nuestra custodia valiosas fotos, papelería y objetos sobre vida cotidiana y el trabajo de familias de la región", relata Bienedell.
Patrimonio de los gringos
Un paseo por las instalaciones del museo permite interiorizarse y mirar con pasión el bagaje dejado para la posteridad por los inmigrantes. Los elementos que conserva la entidad invitan a conocer, por ejemplo, los secretos de la "carneada", una de las reuniones todavía más esperadas en muchas casas de campo. Este encuentro se hace en julio y agosto, se extiende durante dos o tres días, y su fin es el sacrificio de cerdos y vacunos que permitirá producir los chacinados que distinguen a esta región.
Luego, el visitante puede encontrar un primitivo arado de madera con el que, desde el comienzo de la colonización, se roturaba la tierra. Ese mismo arado fue tirado por bueyes o caballos y manejado por los colonos que debían caminar sobre los surcos.
En otro rincón del edificio, un niño se sorprendía al conocer que a comienzos del siglo XX, un poco de confort llegaba a cada casa a través de ese ventilador y la cafetera de alcohol y la cocina de leña que estaba observando. Más aún llamó su atención el scaudalette o "calienta cama", un recipiente de cobre donde colocaban brasas y se lo dejaba calentar para pasarlo reiteradamente sobre las sábanas de las camas. Y más allá, la burera, un elemento indispensable para producir manteca.
No faltan instrumentos musicales que acompañaron a nuestros antepasados en boliches y fondas, como el acordeón, los violines, las guitarras y alguna mandolina. El paso del tiempo y los cambios de hábitos hicieron que estos y otros elementos de la época fueran dejados de lado, pero nunca olvidados, entre las costumbres relacionadas con el patrimonio histórico y que se conservan en el Archivo Gráfico y Museo Histórico.





