El primer propietario de estas tierras, ubicadas en San Cayetano, fue Pedro Apphatie, que las adquirió en 1882; todavía se conserva su escritura original
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OCHANDIO, provincia de Buenos Aires.- En el partido de San Cayetano, en las inmediaciones de la estación Ochandio -una población con alrededor de cincuenta habitantes, ubicada a 530 kilómetros de Capital Federal- se encuentra Manantiales, una estancia que aún conserva su escritura original, firmada en 1882 por el bisabuelo y tatarabuelo de sus actuales propietarios, Raúl y Teresita Gardey e hijos.
Un pintoresco y tupido monte da la bienvenida. Basta seguir la huella del camino bordeando la arboleda para llegar al casco, una antigua y prolija población que comenzó a adquirir su forma actual en 1883, de la mano de Pedro Apphatie.
Apphatie era un vasco francés que llegó a la Argentina junto con su esposa, Elena Etchecopar, y un grupo de amigos: Pedro Lanusse, Carlos Casares y Pedro Luro, entre otros. A poco de pisar tierra firme, se radicó en Chascomús y se dedicó a la cría de ganado lanar, lo que le permitió adquirir propiedades y convertirse en un prominente estanciero.
Cuando sus cinco hijos crecieron, se mudó a Buenos Aires, a una casona del barrio de Constitución, escenario de diversas reuniones sociales. En una de ellas, Pedro Lanusse presentó a los hermanos Bernardo y Honorio Gardey, de Tandil, futuros esposos de Juana y María, hijas de don Pedro Apphatie.
El 18 de noviembre de 1882, a más de treinta años de desembarcar en suelo argentino, Pedro Apphatie firmó la escritura de unos nuevos campos: 15 hectáreas de tierras vírgenes en la zona del arroyo Cristiano Muerto, en el sudeste bonaerense, dominadas por pajonales, que sólo conocían de tolderías transitorias.
Antiguos caminos
En 1867, cuando estaban fuera de la línea de frontera del partido de Necochea, habían sido concesionadas a Antonio de La Hero, que se las transfirió a Carlos Casares, amigo de don Pedro y vendedor de estos campos sin mensura.
Un año después, el casco de Manantiales quedó erigido al costado del cruce de dos antiguos y silenciosos caminos. El paisaje desértico daba paso a una de las primeras estancias no fortificadas de la zona, dedicada a la ganadería y pensada en función del trabajo, con casas para el personal y el encargado; horno de barro y carnicería; dos galpones para guardar la lana; corral de palo a pique y bañadero de ovejas; todos conservados hasta la fecha.
En 1920, Pedro Apphatie muere y Honorio y María Gardey heredan Manantiales. Ese año edificaron una elegante casona de estilo señorial y desde entonces pasarían largas temporadas junto con sus vástagos, Raúl Honorio y María Elena, y a Bernardo y Juana Gardey, que no tuvieron hijos.
Raúl Honorio fue el único de los nietos de Apphatie que tuvo descendencia. A su muerte, Raúl Gardey recibió la estancia donde vive con su esposa, Teresita Pascuet, en la vieja casa del encargado, reciclada en 1945.
Las construcciones pintadas de rosa y verde dejan traslucir su historia, guardada con recelo por las sucesivas generaciones. Allí se esconden muebles, documentos familiares, antiguos carruajes, marcas y herramientas de trabajo que cayeron en desuso, pero que aún conservan el espíritu de los antiguos moradores, que pese a las dificultades, con trabajo y esperanza supieron salir adelante y mantener parte de las tierras de Manantiales, que llevan más de 120 años cobijando a la familia.
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