
Esta empresa fue precursora en la fabricación de ventiladores para el secado de granos
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Desde 1920 haciendo industria argentina. Este es el lema de la empresa juninense Cirigliano, destacada en la fabricación de ventiladores industriales y en almacenaje y secado estático ecológico de granos. La firma ha recorrido un largo camino desde aquella primera desgranadora de maíz montada sobre el chasis de un Ford T modelo 1924, hasta los sofisticados equipos que se utilizan actualmente en el cuidado de los granos.
Una herrería y un pequeño horno de fundición fueron los pilares sobre los que Pascual Domingo Cirigliano basó su emprendimiento hace ochenta y cinco años. Allí empezó a reparar máquinas agrícolas y a fabricar piezas de repuestos. Hijo de italianos venidos de la zona de Potenza, desde chico ayudó a su padre en la granja que éste tenía en el mismo lugar donde hoy se monta la planta industrial.
"Al principio fabricaba bombas tipo «sapo», a diafragma y centrífugas y toda la línea de bombeadores. Luego armó los molinos a viento Samson, que en las décadas del 30 y 40 eran el sesenta por ciento de los que se utilizaban en el sur argentino, y los motores que hacían funcionar todos esos productos", contó Sergio Cirigliano, nieto del fundador y actual presidente de la firma.
Pese a que el pionero abandonó la escuela en 2° grado y aprendió a leer gracias a las enseñanzas de un tío, llegó a resolver cálculos complejos de matemática e ingeniería aplicada, que lo ayudaron a cimentar su progreso.
El resto de la historia es un recuento de éxitos. El grupo General Electric se interesó por su producción y comenzó a comercializarla bajo la marca Genalex. Con el tiempo, Cirigliano compró los derechos de esa marca y la sustituyó por el nombre de su firma. "Más tarde, General Electric le propuso armar algunos de los productos que importaba y así fue como empezó a producir, entre otras cosas, ventiladores axiales", comentó Sergio, de 45 años.
A partir de ese momento, se aventuran en la fabricación de los ventiladores de pala de paso variable, que después se aplicarían a los sistemas de secado estático de granos. "La nuestra fue la primera empresa de fabricación integral de equipos de aireación y secado estático en la Argentina", arriesgó el actual presidente.
Pero allí se les presentó un escollo: todavía no estaba creada la conciencia de que era posible secar los granos con el pasaje de aire a baja velocidad, simulando las condiciones de secado natural en las plantas. "Cuando les decíamos a los productores que con nuestros equipos era posible pasar de un 24% de humedad en maíz a un 14%, no lo podían creer. Con el tiempo lo entendieron y hoy no existe una planta que no tenga un equipo de aireación."
Posteriormente, se animaron a construir silos secadores para semilla. Estos equipos tienen un fondo plano donde se introduce todo el aire por debajo y se produce el secado.
Pascual llegó a disfrutar de los éxitos de su empresa y de los beneficios que sus productos aportaron a la agricultura. Cuando murió, en 1973, quedó formada una sociedad encabezada por sus hijos: Aníbal, Alciro y Lidia. Esa tradición hoy es continuada por las nuevas generaciones, representadas por Sergio y Gustavo, hijos de Aníbal. El primero preside la firma y el segundo es el encargado de ventas en la Capital Federal.
Orgullo y progreso
La que comenzó como una pequeña empresa del interior bonaerense hoy tiene puntos de venta en Junín, Capital Federal, Córdoba y Salta, cuenta con 50 empleados y ya exportó a Medio Oriente, Cuba, Uruguay, Bolivia, Paraguay y España. "Producimos ventiladores axiales, helicoidales y centrífugos; equipos de aireación y secado estático ecológico; celdas de almacenaje y secado; silos secadores; trabajos especiales bajo plano; ventiladores para túneles y minas, y ventiladores Maxess para buques", detalló Sergio.
El gran orgullo de los que trabajan en esta empresa es haber participado en las principales obras del país, como el Chocón, Atucha I, Central Hidroeléctrica de Río Tercero, Túnel Subfluvial Hernandarias, Hierro Patagónico de Sierra Grande, el Premetro y Subterráneos de Buenos Aires, entre otros.
"Nos proponemos aumentar el volumen de ventas en las transferidoras de granos, introducir la fabricación de la transferidora de fertilizantes a granel e intensificar la producción de los equipos ya consolidados", dijo Sergio.
La fábrica cambió mucho en estos ochenta y cinco años, pero el espíritu de su fundador sigue presente. En su memoria se instaló un museo en el interior de la empresa, en el que se expone todo el material didáctico que él hizo para el ferrocarril, los modelos y las piezas que fabricó, las primeras agujereadoras que él mismo armaba, viejas bombas, diarios en los que aparece su nombre y el primer recibo del pago de un impuesto fechado en 1920, cuando nació el emprendimiento.
Pero todavía falta un detalle para que el homenaje sea completo. "Nuestro sueño es armar la vieja desgranadora con un modelo Ford T", se ilusionó Sergio.




