
El origen y el significado del término gaucho se remontan al siglo XVII y hasta la época de la independencia nacional marcaron un perfil peyorativo del arquetipo humano que pobló la campaña del Río de la Plata; la cuestión atrajo el interés de muchos investigadores y fue rodeada por un halo de leyenda propio de la literatura.
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El primer vocablo que sirve a los españoles e hispanoamericanos para calificar al naciente tipo rural rioplatense, que definitivamente habrá de ser denominado "gaucho", es el de vagabundo o vagamundo, o sólo vago, con el agregado "del campo", para diferenciarlo de los vagos urbanos.
Esta designación ya aparece en el siglo XVII y persiste aún después de llamarlo "changador" o "gauderio" e, incluso, algunos años después de que aparezca en los documentos "gaucho", su denominador definitivo.
El calificativo vago o vagabundo equivalía a un delito menor en la legislación española y de Indias, el que no tenía, como dicen los documentos coetáneos, "ni oficio ni beneficio", sin reparar que no hubo oficio que reuniera más habilidades camperas que la condición de gaucho, ni mayor beneficio que el que estos hombres sueltos y libres de las campañas abiertas proporcionaban a la economía basada en la vaquería.
En definitiva, los documentos producidos por los burócratas coloniales se refieren a sujetos mal inclinados, alejados de la sociedad organizada, a quienes no se les conoce patrón o empleador, ni fuente de ingresos lícita y honesta y que andan de un pago a otro, errando por los campos sin respeto ni obediencia a la ley o autoridad.
Changador
El segundo calificativo que, cronológicamente, se le aplica a través del documento escrito, al naciente tipo rural, en la medida que se va definiendo en su quehacer y cultura propios, es el de changador.
Como ocurre luego con gauderio y gaucho, aparece primero en la Banda Oriental -la última frontera y centro de la primitiva gauchería- a comienzos del segundo cuarto del siglo XVIII. El primer documento en el que se registra el vocablo data de 1729.
Se trata de una carta de don Francisco de Alzaibar al recién creado Cabildo de Montevideo, que dice:"Servirá de freno a impedir la extracción de dichas pieles (los cueros vacunos) por aquellos hombres que las introducen a los portugueses, que generalmente se llaman changadores, que no tienen paraje alguno pues unas veces se hallan en la Colonia y otras entran a la campaña con buen avío de caballos y como ladrones de aquellos campos hacen la faena para los portugueses".
De acuerdo con la numerosa documentación de las primeras décadas del siglo XVIII, nos enteramos de que el contrabando de cueros, producto de la vaquería clandestina se introducía a Colonia del Sacramento por medio de barcos livianos de un solo palo y balsas o almadías, a los que en esos mismos papeles se da el nombre castellano, pero de origen asiático, de champanes.
Los portugueses aplicaron a estos transportes fluviales el nombre, también de origen asiático, de jangadas, denominación que aún hoy se les da en los altos Paraná y Uruguay y, a los patrones de ellos, su derivado usual: jangadeiro o jangadoiro, que habría de hacerse extensivo a todos los vaqueros clandestinos que, por aquel medio, les vendían los cueros.
El término, recogido por los hispanohablantes, se transforma sin esfuerzo en changador, teniendo en cuenta que la j con prosodia portuguesa suena igual que la ch castellana. Sonido chicheante. En todo caso, changador quedó siempre más como calificativo de oficio u ocupación que como denominación genérica del tipo sociocultural.
Gauderio
Si changador no sigue exactamente la línea semántica que empieza en vagabundo y culmina en gaucho, gauderio, en cambio, entronca perfectamente en ella y es el firme eslabón que une esos extremos, el calificativo más exacto y el de uso más extendido.
No existen dudas de que gauderio se aplicó al después llamado gaucho, cuando el tipo entraba en su definición social e histórica, en plena Edad del Cuero, que se extendió en el siglo XVIII.
Su etimología y semántica han sido, en el Río de la Plata y fuera de él, objeto de tantas discusiones como las del vocablo gaucho.
La palabra gauderio fue zarandeada e interpretada casi cada vez que se trató de estudiar el origen y significado del término gaucho, desde Daniel Granda hasta Paul Groussac.
Hay, por lo menos, una precedencia documental de veinticinco años en el uso de guaderio sobre gaucho, -entre 1746, la primera mención escrita de aquél y 1771, la primera de éste.
De esta última fecha data un ilustrativo documento citado por Martiniano Leguizamón en "La cuna del gaucho".
Se trata de una carta de Antonio Pérez Dávila, del campamento de Acevedo, en San Antonio de Areco, que dice: "Remito presos a Pedro Zambrano, Juan Alarcón y Simón Falcón, el primero conocido gauderio y ladrón de toda especie de ganado y acusado de este delito ante los alcaldes de este partido, y los otros por aberlos cojido en su compañía con bolas, lazos, maneas y cuchillos, armas propias de gauderios y ladrones y no querer conchavarse."
Respecto del origen del vocablo se puede considerar como probado que el vocablo "gauderio era de uso en el idioma portugués, por lo menos desde la segunda mitad del siglo XVII, derivado de "gaudere", infinitivo del verbo gaudeo, de origen latino, con el significado de buena vida". Gauderio, en portugués, vale por malandrín, desvergonzado, perezoso, gatuno, vividor, vagabundo y tunante.
El sentido es coincidente con el valor que se le daba en el Río de la Plata en el siglo XVIII, para calificar a los vagabundos malévolos, hombres sin oficio ni beneficio "que tienen costumbre de vender lo que no es suyo".
Gaucho
Durante muchos años el uso, origen y valor de la palabra gaucho han sido rodeados del interés de numerosos investigadores y, también, de un halo de leyenda y misterio propios de la literatura.
También durante años se consideró que su uso rioplatense se iniciaba en las postrimerías del siglo XVIII y esto, sin duda, que fue primero en la antigua Banda Oriental.
Investigaciones de los últimos treinta y tantos años, de Ricardo Rodríguez Molas que llevó esa fecha a 1774 y, luego, de quien firma este artículo a 1771, cambiaron la cuestión.
Dicho documento es una comunicación del comandante de Maldonado, Pablo Carbonell, al gobernador Juan José de Vértiz y Salcedo, del 23 de octubre de dicho año, que dice: "Muy señor mío, haviendo tenido noticia que algunos gauchos se habían dejado ver a la Sierra, mande a los tenientes de Milicias dn. Joseph Picolomini y dn. Clemente Puebla, pasasen a dicha Sierra con una partida de 34 hombres..."
Hasta hoy éste es el documento escrito conocido más antiguo, en que aparece el vocablo gaucho, aplicado a nuestro tipo rural.
También existe un documento portugués. Se trata del "Diario Rezumido e Historico, ou Relaçao Geographica das Marchas e Observaçoes Astronomicas, con algunas notas sobre la Historia natural do Paiz", escrito por José de Saldanha y recopilado por el historiógrafo brasileño Aurelio Porto.
En la jornada correspondiente al 1º de enero de 1787, "al caer la tarde", dice Saldanha: "Fue mayor la vuelta o más hacia el Sur, descendiendo por otra cuchilla semejante a la de la mañana, a cuyo extremo llegamos al otro Paso del Arroyo de Caroya, dos millas más arriba o al Sur de aquel precedente. A uno y otro lado de este paso, asaz bueno y digno del paso de los carros y carretas, si las cuchillas vecinas lo permitiesen, encontramos ranchitos destrozados y vestigios de cuereadores y gauches del campo".
En la llamada aclara: "Gauche es una palabra española usada en este país para designar a los vagabundos o ladrones del campo, los cuales vaqueros, acostumbrados a matar a los cimarrones, a sacarle los cueros y a llevarlos a escondidas a las poblaciones, para su venta o trueque por otros géneros."
El testimonio de Saldanha tiene un doble valor: primero, la exacta definición del tipo humano y su quehacer; segundo, la catalogación de su origen idiómatico.
La grafía gauche por gaucho se compadece perfectamente con la pronunciación propia de los riograndenses de aquellos tiempos, casi todos de origen azoriano con ancestros flamencos, que igualmente decían ponche por poncho.
Un asunto etimológíco
Con esto vamos de lleno al origen de la palabra. Autores tan destacados como Emilio Daireaux, Arturo Costa Alvarez, Paul Groussac y Buenaventura Caviglia (h.) aportan hipótesis etimológicas. Pero sólo una se podría considerar más valedera.
En España, en el siglo XVIII el vocablo gaucho se usó sobre todo en matemática, en arquitectura, en el habla técnica de los marinos y agrimensores, con el sentido de defecto de una superficie desnivelada, declivis, desviado, torcido, que se correspondería en el sentido literal y figurado con el francés "gauche", de cual derivaría un galicismo.
La línea semántica en castellano, que convalida por completo esta etimología sería: gaucho, el defecto de una superficie gaucha (declive, declinación, decadencia de un tipo o una raza, desviación, descarrío, extravío, malinclinado, marginal, vagar, senderear, desencaminar).
Probablemente, los funcionarios españoles encargados de la demarcación de límites entre España y Portugal -o sea entre la antigua Banda Oriental y el llamado continente de Río Grande de San Pedro del Sur, habrían empleado este calificativo a aquellos hombres sueltos, vagabundos del campo, mal inclinados o malentretenidos, como dicen los documentos coetáneos, a los que los portugueses llamaban "gauderios".
Por eso Saldanha afirma con total certeza: "Palabra española usada en este país".
Vocabularios y antiguos diccionarios españoles, incluso el de la Lengua Castellana, en sus ediciones de la 4a. a la 12a. dan plena razón de esto.
Cambio de sentido
Con este significado vago, malentretenido, ladrón de campo, andariego sin pago ni patrón, el vocablo corrió en el Río de la Plata hasta la hora de la independencia.
El gran caudillo salteño Güemes, que fue teniente en los sitios de Montevideo entre los años 12 y 14, escuchó allí cómo el vocablo injurioso era lanzado como insulto a las tropas patriotas por los godos de intramuros.
También observó que, en los fogones de las fuerzas revolucionarias, integradas por aquellos rudos hombres de nuestros campos, los poetas de la tierra y, entre ellos, nada menos que Bartolomé Hidalgo, enastaban la palabra gaucho en el extremo de una copla patriótica, devolviendo el vocablo convertido en divisa, en un timbre de honor, a quienes pretendían hacerlo insulto.
De regreso a las tierras de su Salta natal, Güemes llamó gauchos a los integrantes de la caballería, en lugar de húsares o dragones.
El heroico comportamiento de esta y aquella naciente literatura panfletario revolucionaria que creó el estilo gauchesco, fueron, poco a poco, cambiando el sentido, la semántica del vocablo.
Hoy para todos la palabra gaucho tiene el valor de un símbolo, denomina al arquetipo mitificado en que se centran los valores másculos del ser nacional: valor, hombría, rectitud, sentido del honor, fidelidad a la plabara empeñada y a la viril amistad. Símbolo de tradiciones con sabor a patria.
Y gauchada, su derivado, resume la capadicad de dar generosamente, sin pedir nada a cambio.
El autor es historiador, antropólogo y folklorista.





