
Dos informes recientes sobre las perspectivas de la siembra de maíz y las intenciones de inversión de los productores dan cuenta de la realidad del agro
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Confianza en el futuro, pero prudencia en las decisiones inmediatas parece ser una fotografía que muestra el estado general de la producción agropecuaria en el país.
La desregulación de la economía, la apertura comercial y la certeza de que con este gobierno no habrá restricciones al agro abonan la perspectiva optimista. Del lado opuesto, la persistencia de la presión impositiva, las elevadas tasas de interés y el aumento de costos de algunos insumos, especialmente el gasoil, obligan a mantener la cautela.
La Bolsa de Cereales de Buenos Aires en su informe pre-campaña del maíz para el ciclo 2026/27 proyectó que la intención de siembra será de 8,5 millones de hectáreas, una superficie similar a la del ciclo pasado. El trabajo detectó aumentos de intención de siembra en la región núcleo, centro de Santa Fe, Entre Ríos y sectores de Buenos Aires, impulsados por mejores perspectivas climáticas asociadas a un evento El Niño y por mejores expectativas productivas para el cereal.
En cambio, en el NOA y el NEA se proyectan reducciones de superficie, especialmente en el noreste argentino. Allí vuelve a pesar la preocupación por la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis), cuya evolución sigue condicionando las decisiones productivas y agrega incertidumbre de cara a las siembras tardías, explica el trabajo de la Bolsa.
Además, el informe destaca que las variaciones regionales tenderían a compensarse entre sí, permitiendo sostener el área nacional. Más allá de la cuestión sanitaria, las decisiones de los productores están influenciadas por factores climáticos y económicos. Aunque los márgenes mejoraron respecto de un año atrás gracias a precios más firmes, el maíz continúa siendo un cultivo con una elevada demanda de capital. En el plano internacional, la campaña 2026/27 se perfila con una producción mundial menor que la del ciclo anterior, una caída de los stocks y un comercio más ajustado, situación que ya comenzó a reflejarse en los precios. El valor promedio internacional del maíz aumentó 17% interanual y, en el mercado local, la posición abril de 2027 se ubica 14% por encima de la registrada un año atrás.

No obstante, el encarecimiento de algunos insumos, especialmente el gasoil y los fertilizantes fosfatados, “sigue presionando sobre la rentabilidad del cultivo, con mayor impacto en las regiones alejadas de los puertos y centros de consumo”, añade.
El factor crítico es el gasoil. La relación insumo-producto del combustible “empeoró un 41,8% con respecto a la campaña previa y un 45% con respecto a las últimas cinco campañas”. A su vez, en el caso del fosfato diamónico la relación desmejoró “en un 5,6% con respecto a la campaña anterior y un 6,6% con respecto a las últimas cinco campañas”.
Un aspecto llamativo del informe es que no parece haber impactado en la intención de siembra por parte de los productores el esquema de baja de Derechos de Exportación (DEX) para el cultivo que comenzará a regir en 2027. ¿Será porque apenas es de un punto porcentual para todo el año, de 8,5% a 7,5%? Incógnita.
Respecto de la visión de futuro, el reciente Índice de Confianza que elabora el Centro de Agronegocios de la Universidad Austral se ubicó en 147 puntos, apenas 2,7% por debajo de la medición anterior y 15,7% por encima de un año atrás. “Además, el 93% de los productores cree que el agro tendrá buenos tiempos en los próximos cinco años”, expresó el informe.
No obstante, el Ag Barometer muestra que el índice de condiciones presentes cayó 4% y que la percepción sobre la situación financiera actual se deterioró 10%. Es decir, los productores ven un presente más ajustado que hace unos meses. Por eso hay un hilo conductor entre el informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y el de la Universidad Austral: la cautela. Parece haber una combinación de confianza estratégica y prudencia táctica.
En un ciclo en el que se pronostica un evento climático El Niño de intensidad fuerte, las decisiones se toman con pausa, según se desprende de ambos informes.
En lo inmediato, no se prevé que el Gobierno impulse un cambio sustancial en las condiciones macroeconómicas del programa que ejecuta. Con los DEX ya hizo todo lo que estaba dispuesto a hacer para este año, parece ser el mensaje que transmitió la decisión anunciada hace dos meses. La sintonía fina correrá por cuenta del sector privado.
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