Una política para descarbonizar el agro con metas más ambiciosas

Calentamiento global: la reducción de emisiones de gases invernadero estuvo en la agenda del presidente Obama; el campo puede reducir 40% sus emisiones hasta 2030
Ernesto Viglizzo
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26 de marzo de 2016  

La Cumbre Mundial del Clima (COP21) realizada en París a fines del 2015 nos planteó un dilema: los países deben detener el calentamiento global si quieren evitar una catástrofe climática de escala global. La consigna es mantener la temperatura media del planeta 1°5 C por encima de los registros preindustriales, y no hay otro camino que reducir las emisiones de carbono. Asimismo se acordó que tal esfuerzo no debe afectar la producción mundial de alimentos, una buena noticia.

Varios países se comprometieron a reducir de 30 a 40% sus emisiones hasta 2030. La Argentina fue a París con un compromiso más bien tacaño: reducir las emisiones apenas un 15% respecto del nivel que tendríamos en el 2030 si continuáramos emitiendo a las tasas actuales. Más allá de los cambios que decida hacer el gobierno actual, debemos ser conscientes que por tamaño y diversidad territorial, la Argentina tiene un potencial de mitigación mucho más alto que otros países. Un compromiso mayor de nuestra parte favorecería nuestra reinserción en el mundo y nos alejaría del riesgo de una eventual penalización comercial.

Contextualicemos: el sector rural argentino emite solamente el 0,44 % de las emisiones globales pero provee, grosso modo, un 24 % y un 15 % de los granos y carnes que se comercializan en el mundo. Reducir la producción para mitigar la emisión suena descabellado. Hay que buscar opciones. El 50% de las emisiones argentinas son atribuidas al campo. La deforestación explica la mayor parte de ellas. La ganadería también carga sus culpas. Una hectárea ganadera extensiva emite en promedio 5 a 10 veces más carbono que una de soja.

Pero una hectárea de maíz de alto rendimiento en siembra directa puede capturar, a través de su biomasa, suficiente carbono para neutralizar las emisiones de la soja. Sólo se requiere una rotación equilibrada (1 a 1) entre ambos cultivos. La baja de retenciones al maíz hoy favorece esta situación.

Si imaginamos un sistema hidráulico regulado por una válvula que permite orientar el flujo de carbono en una dirección u otra, podemos admitir que nuestro sector rural puede accionar la válvula para actuar como fuente que emite carbono, o como sumidero que lo captura. La clave está en el balance. Reduciremos nuestras emisiones si el sumidero supera a la fuente. Hoy ocurre lo contrario.

¿Cómo accionar la válvula para emitir menos? Los productores argentinos sobrecumplieron sus deberes a través de la adopción masiva de la siembra directa, lo cual permitió economizar grandes cantidades de combustible fósil. Sin embargo, hay dos cuentas pendientes: la deforestación y la ganadería. Reducir la deforestación es el camino más directo para mitigar, ya que explica más del 40 % de las emisiones del sector rural. El sistema digestivo de los bovinos y ovinos, en cambio, genera emisiones inevitables, y poco podemos hacer al respecto.

Bajar la emisión no alcanza. También hay que capturar y retener carbono ¿Cómo hacerlo? Hay que abrir la válvula que permita llenar nuestros "silos de carbono" ¿Cuáles "silos"? Los árboles en crecimiento, los cultivos y las pasturas. La forestación es la opción más efectiva, pero también aportan los cultivos de gramíneas (maíz, sorgo, trigo) y las pasturas con gramíneas perennes. En proporciones distintas, los tres combinados pueden almacenar grandes cantidades de carbono tanto en la biomasa como en el suelo.

En síntesis ¿cuál sería una política inteligente para descarbonizar el sector rural argentino? Cerrar tanto como sea posible la válvula de emisión, y abrir la de captura de carbono. Si llegáramos a 2030 con las mismas emisiones de hoy, si redujéramos las tasas de deforestación a un 50 %, y si forestáramos un 0,5 % de la superficie de Argentina, que se sumaría a lo ya forestado, el sector rural podría reducir en 30-40 % sus emisiones, cifra similar a la comprometida por varios países en la COP21. Necesitamos una política activa que promueva estos cambios mediante estímulos financieros, y es el litoral argentino la región forestal llamada a jugar un papel estratégico para enfrentar este desafío.

El autor es miembro correspondiente de la Academia Nacionalde Agronomía y Veterinaria.

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