
En el predio de un viejo hotel abandonado en medio de las sierras, un grupo de alumnos le da vida a su localidad mediante un emprendimiento turístico
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VILLA VENTANA.- La sentencia suena convincente para todo aquel que la quiera oír. "Esas ruinas pueden ser una gran oportunidad, y no podemos darnos el lujo de desaprovecharla", dice el profesor de historia Carlos Lamas, que desde 2002 lleva adelante una experiencia turística con un grupo de alumnos de la escuela local en el predio de un viejo hotel abandonado en medio de las sierras que rodean a Villa Ventana, una pequeña localidad de Tornquist, a 550 kilómetros de la Capital.
Es que en este pueblo, donde viven en forma permanente sólo unas 500 personas, aumenta la expectativa sobre el futuro del viejo Club Hotel de la Ventana, un emprendimiento de lujo impulsado a principios del siglo pasado por capitales ingleses, inaugurado en 1911, y que dio vida a esta pequeña localidad dedicada al turismo, y hoy poblada de casas de fin de semana, complejos de cabañas, casitas de té, talleres de artesanías y pequeños restaurantes y almacenes.
Pero, el gran proyecto del Club Hotel sólo funcionó como tal hasta 1920 ya que, tres años antes, el entonces presidente Hipólito Irigoyen dispuso la clausura de todos los casinos, incluido el que funcionaba dentro del hotel, que constituía una de sus principales atracciones. La merma de visitantes fue notoria y, junto con la crisis económica de la época, determinó su cierre.
Entonces, el Estado adquirió el lugar que tuvo diversos destinos e incluso sirvió de alojamiento durante dos años a unos 350 soldados alemanes tripulantes del acorazado Graf Spee, hundido durante la batalla del Río de la Plata, en diciembre de 1939, tal como relatan los hermanos Stella Maris y Sergio Rodríguez, en su libro Club Hotel de la Ventana, la historia de un gigante.
Con el paso de los años, el abandono y la desidia oficial se sumaron a los reiterados saqueos que convirtieron al lugar en una verdadera ruina. Todos los proyectos de reactivación fracasaron y, en 1983, un voraz incendio destruyó lo poco que quedaba.
Experiencia inédita
Hoy sólo persisten el añoso arbolado, las enormes paredes de 45 centímetros de ancho y un conjunto de fierros oxidados que dan cuenta de la ostentosa estructura original.
Allí, un grupo de ocho adolescentes del Centro Educativo de Producción Total (CEPT) N° 12, lleva adelante, desde 1998, una experiencia inédita: conformaron un equipo de guías y realizan visitas acompañando a los turistas que se interesan por conocer el lugar y su rica historia.
"Es una buena posibilidad porque puedo estudiar y tener un trabajo", comenta Francisco Firpo, uno de los alumnos que hace las veces de guía turístico para los interesados en descubrir la historia del viejo hotel.
Su mamá, Alicia, integra el grupo ayudando en el cobro de entradas. Se cobra 2 pesos por una visita a pie que dura alrededor de una hora y media y en la que se puede conocer, sucintamente, la historia del lugar y recorrer sus despojos. En invierno se hacen dos paseos por día y en verano, llega a haber cuatro horarios.
Según los datos del CEPT N° 12, en el último verano pasaron por allí 3000 personas, que dejaron entre 40 y 50 pesos diarios. Una mitad de los fondos es para los chicos, y la otra, para la cooperadora escolar. "Para nosotros, este proyecto es vida. Culturalmente el hotel es la matriz de nuestras comunidades y en la actualidad constituye una alternativa laboral en una región que vive del turismo", comenta Alicia.
En 2003, la iniciativa de guías turísticos de la escuela local obtuvo una mención del programa Escuelas Solidarias, organizado por el Ministerio de Educación, que le otorgó 2000 pesos como apoyo al emprendimiento. Con ese dinero, docentes y alumnos preparan una casilla con la idea de instalarla en cercanías del hotel para comodidad de los visitantes.
La municipalidad de Tornquist, que hace una década declaró al hotel como "sitio histórico municipal", posee el usufructo del predio en comodato, pero no desarrolla allí proyecto alguno. Ocurre que desde hace años la comuna intenta conseguir el traspaso definitivo de las tierras que hoy maneja en comodato. No obstante, esto sólo es posible desde hace dos meses, luego de que el fiscal de Estado bonaerense, Ricardo Szelagowsky, liberó un complejo y viejo litigio sobre la posesión del lugar. "Nuestra idea es poder aprovechar el lugar, hacer participar a los vecinos, convocar inversiones y desarrollarlo turística y productivamente", explica a LA NACION el intendente local, Gerardo Ratero.
Desde entonces el predio quedó bajo la órbita de la Dirección de Inmuebles del Ministerio de Economía provincial que ya recibió propuestas del Ministerio de Asuntos Agrarios y de la Secretaría de Turismo y Deportes. El primero quiere instalar allí emprendimientos productivos y convertir el sitio en una reserva natural; el segundo se propone explotar su potencialidad turística.
Voceros de la cartera económica provincial adelantaron a LA NACION que se estudian estas posibilidades y afirmaron que "no hay intención de privatizarlo".
Mercedes Willich es docente y se instaló en Villa Ventana hace 14 años. Hoy, en su casa funciona un museo histórico de la comarca. Allí, una de las tres salas está dedicada al Club Hotel de la Ventana. Entre las vitrinas hay muebles, cuadros, grifería, vajilla, ropa de cama, papelería y otros objetos que ella y su esposo fueron comprando a particulares durante una década. "Es un trabajo de hormiga y conseguí las cosas más insólitas en la zona y hasta en Buenos Aires", admite.
"Nuestro objetivo es que se realice la conservación de las ruinas y el aprovechamiento de las tierras para emprendimientos productivos", dice Willich. Y agrega: "A los turistas les gusta mucho conocer esto que, además, es parte fundamental de la historia de la comarca y una atracción como lo son los cerros".
Según la docente, lo sucedido en el hotel "da mucha bronca y suele pasar que muchos visitantes lo emparentan con la historia del país". No obstante, sabe que las tareas de restauración requieren inversión de recursos y la intervención de profesionales capacitados para la tarea.
"Siempre se mantiene latente la inquietud por el futuro del hotel", dice Carolina Petrocini, que con su marido, Jorge Díaz Cantera, maneja el complejo de cabañas Ñuke Mapu, en la zona desde hace once años.
"Nosotros conocimos el hotel antes del incendio y lo recordamos de espiar por la ventana y por los relatos de los viejos habitantes a lo largo de los años", cuenta Díaz Cantera, que cree que las ruinas son "indudablemente un polo de atracción que debe repotencializarse". Y concluye nostalgioso: "Era un lugar maravilloso, fantástico, y se convirtió en un verdadero Titanic".
"La maravilla del siglo"
Para erigir el edificio, cuya superficie cubierta era de 6400 metros cuadrados, se montó una fábrica de ladrillos en la zona
VILLA VENTANA.- Dicen que aquel 11 de noviembre de 1911, en la gran fiesta inaugural del Club Hotel de la Ventana, el presidente Julio Argentino Roca lo calificó como "la maravilla del siglo".
Al acto asistieron 1200 personas, entre las que estaban, además de Roca, el embajador británico, lord William Barrintong; Pablo Richieri, Enrique Crotto, Luciano Fortabat, Emilio Mitre, Joaquín de Vedia y Mitre, Ramón Santamarina, Osvaldo Díaz Vélez, Miguel Cané, Jacinto Peralta Ramos y Jorge Newbery, entre otros.
El emprendimiento fue impulsado por el médico Félix Muñoz que, luego de visitar la zona serrana, interesó a su amigo Manuel Lainez, para instalar un centro asistencial para el tratamiento de enfermedades respiratorias.
Lainez, dueño de 3000 hectáreas en la zona, comentó la idea de Muñoz a Percy Clarke, gerente regional de la compañía británica Ferrocarril del Sud, que ya tenía planes para desarrollar el negocio hotelero acompañando el crecimiento de la red ferroviaria. Y así se originó el proyecto sobre el que se comenzó a trabajar en 1903, en un predio de 70 hectáreas aportadas a la sociedad por Lainez.
En 1909 se formó la Compañía de Tierras y Hoteles de la Sierra de la Ventana SA, presidida por Samuel Pearson, con un capital de 2,5 millones de pesos. Con parte de ese dinero, la firma adquirió 14 mil hectáreas.
La construcción del hotel comenzó en 1904 y estuvo a cargo de los arquitectos Jacques Dunant y Gastón Mallet, del ingeniero Emile Sangford y del constructor Antonio Gherardi. Para erigir el edificio de estilo belle epoque, cuya superficie cubierta alcanzó a 6400 metros cuadrados, se montó una fábrica de ladrillos en las cercanías.
El hotel tenía un enorme vestíbulo, salón comedor, salón de fiestas; 173 habitaciones y 4 suites; sala de música; 58 baños; gimnasio cerrado; farmacia; dos peluquerías; biblioteca; capilla; sala de máquinas; amplísima cocina; canchas de golf, fútbol, polo, y tenis; piscina; y, su mayor atracción, tres salas de casino.
Un tren a domicilio
Tras su habilitación, en noviembre de 1914 fue inaugurado un ramal de trocha angosta que conducía, desde la estación de Sierra de la Ventana, distante 27 kilómetros, hasta metros del acceso mismo del hotel.
El 9 de julio de 1916 se desarrolló aquí una celebración del centenario de la Independencia nacional, a la que asistieron la princesa Isabel de Borbón, el príncipe de Gales, el futuro rey Eduardo VII y el presidente de Brasil, general Campos Salles.
La prohibición de los juegos de azar, dispuesta por Hipólito Irigoyen, sumada a la severa crisis económica, provocó una merma de visitantes y el hotel debió cerrar el 14 de marzo de 1920.
A fines de 1943, la provincia compró el predio y, un año más tarde, llegaron al lugar 350 soldados alemanes, miembros de la tripulación del buque Graff Spee, que vivieron allí poco más de dos años hasta que fueron repatriados. En realidad, la mayoría de estos soldados se quedaron en el lugar y formaron familias que aún viven en la zona.
El 8 de julio de 1983 un incendio destruyó por completo las instalaciones del Club Hotel de la Ventana.






