
Por Carlos Bodanza Para LA NACION
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BAHIA BLANCA.- Con remates mensuales que sobrepasan los 6000 animales, el consignatario Edgardo Vittori ha hecho un culto a su profesión. Compradores de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y La Pampa concurren cada mes a sus subastas.
Al recordar sus inicios, su voz denota el orgullo del largo camino recorrido. "Cuando empecé, un viejo consignatario me dijo que para ser buen consignatario tenés que saber sufrir." Así lo vive Vittori, porque como él mismo aclara, cada remate es una historia. "No hay ningún remate que sea igual al otro. Todos tienen circunstancias y alternativas distintas, donde hay angustia hasta que van llegando los compradores."
Oriundo de Tornquist y criado en 17 de Agosto, desde los 13 años su actividad estuvo relacionada con el campo. Incursionó en cooperativas y en venta de maquinarias, hasta que, a los 25 años, viviendo en Tornquist nuevamente, comenzó a trabajar en una consignataria de haciendas: Lanusse-Olasiregui, que al cabo de un año se transformó en Bermúdez y Olasiregui.
Comenzó saliendo a los campos a revisar hacienda ayudado por Adolfo Concetti, que hoy es su martillero. "Entré en la consignataria porque sabían que conocía a la gente de campo, pero en realidad, de las vacas sólo sabía que tenían cuatro patas. Enseguida comprendí que era lo que siempre había soñado", sonríe Vittori .
En 1981 fue trasladado a Bahía Blanca, donde por recomendación de un amigo recaló en la consignataria de Pedro y Antonio Lanusse, tomando su representación. En 1989 organizó uno de los remates más grandes de su historia. "Creo que fue el segundo o tercero más grande de la ganadería argentina, con 12.000 vacunos en un día, distribuidos en dos ferias. Por la gran sequía, la gente se tenía que desprender en forma increíble de los animales, era un momento muy difícil, ya que había una gran inflación y los productores sufrieron una gran descapitalización. El estado de la hacienda era pésimo, a tal punto que las vacas nuevas, muy delgadas por su estado, terminaban en frigoríficos para conserva."
En 1991 decidió iniciar su propio camino. "Al elegir esta actividad soñaba con ser un consignatario. No tengo campo, no tengo hacienda, no siembro, sólo me dedique de lleno a esto", dice Vittori, de 64 años.
Comienzos difíciles
Los comienzos fueron difíciles, pero con sus convicciones salió adelante. "Me propuse por 90 días no llamar a ningún ganadero o amigo para que comercializara a través de mí, para ver si los años que habían transcurrido en esto habían sido obra de la casualidad o se debían al respaldo de la empresa que tenía detrás."
Su estrategia ha sido parte de su sello. "Jamás yo ni mis colaboradores salimos al campo para abrir una tranquera para pedir hacienda. Soy un convencido de que la gente elige un servicio si le parece útil, entonces de esa manera ningún ganadero se siente comprometido conmigo, ni yo tampoco a la hora de vender la hacienda."
Durante los últimos años ha sido unas de las consignatarias que traduce en números la confianza que la gente del sector le ha depositado, con remates que superan los 6000 animales mensuales y compradores que llegan de todo el país. "Yo prefiero hablar del crecimiento y no de cantidades de animales, porque los números son traicioneros. Lo que puedo decir es que fuimos creciendo y ése es mi verdadero orgullo", sostiene.
Este año Vittori cumple 40 años en la actividad y sueña con que su firma continúe, apoyado en una solidez económica lograda a través de los años y gracias a su "otra familia", como él mismo la define. "Tengo que decir gracias al equipo de gente joven que he formado. Luché toda una vida para ser consignatario, para tratar de ser creíble y creo que lo he logrado", concluyó.
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