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Soy asistente técnico de Bunge. El proceso de la agricultura continua genera una progresiva disminución del nivel de la materia orgánica y, por ende, del nivel de nutrientes que requieren los cultivos. Esta caída en la disponibilidad muy notoria en el caso del fósforo también ha sido observada en algunos micronutrientes, principalmente el zinc, manifestándose tanto por la sintomatología de deficiencia como por las mermas de rendimientos.
La utilización de híbridos de alto potencial, la intensificación de las secuencias agrícolas y las bajas dosis de fertilizantes utilizados son los principales factores que han inducido a la disminución de los contenidos de estos nutrientes.
Es por ello que debemos monitorear permanentemente la disponibilidad de nutrientes de nuestros suelos y llevar a nuestros sistemas de producción al concepto de "fertilización balanceada", que permita, además de incrementar la producción y la calidad de los granos, conservar el recurso suelo.
En este camino debemos considerar al zinc como un elemento clave. La menor disponibilidad de este micronutriente hasta niveles que condicionan la producción y la respuesta a la fertilización ha sido descripta por varios autores en la región pampeana.
Es cada vez más frecuente observar la sintomatología de deficiencia en cultivos de maíz en la región pampeana, que se muestra como una clorosis internerval (rayas de verde claro) principalmente en los estadios juveniles del cultivo.
Red de ensayos
Tomando la red de ensayos hechos en el nivel país, el INTA Balcarce ha determinado con alta correlación un umbral crítico de 1 mg kg-1 (ppm) DTPA. Asociando este umbral con el mapa de suelos generado por INTA y por Fertilizar, se puede concluir que una gran proporción de los suelos del norte y del centro de región pampeana tienen bajos niveles de disponibilidad y una alta probabilidad de respuesta a la fertilización. No debe sorprendernos entonces ver las deficiencias en el lote.
Al ser un micronutriente, las dosis de aplicación son mucho menores que en los nutrientes más utilizados. En Bunge, las mejores respuestas las encontramos con fertilizantes al suelo, en dosis de entre 1 y 1,5 kilos por hectárea (kg/ha) de zinc.

Para esto es fundamental tener en cuenta la calidad de la fuente. Mezclas químicas o líquidas con alta solubilidad de zinc nos aseguran el mejor resultado.
En maíz, la experiencia acumulada en 10 años de investigación confirma que en nuestro país los cultivos del cereal responden a la aplicación de zinc al suelo, combinada con nitrógeno y azufre. Las mayores respuestas a la fertilización se observaron en Santa Fe y en el Litoral (1890 kg/ha), y en el centro y el sudeste de Córdoba (1109 kg/ha).
La respuesta promedio encontrada en suelos diagnosticados como deficientes fue de 622 kg/ha, siendo independiente del nivel de rendimiento alcanzado. En maíz tardío nos manejamos con los mismos umbrales y las respuestas encontradas son similares.
Vale la pena aclarar que, aunque tenemos menos experiencia, son interesantes los resultados obtenidos en los cultivos de trigo y de soja. En experimentos desarrollados en regiones con deficiencias hemos hallado respuestas de 350 kg/ha en trigo.
En el cultivo de soja las respuestas han sido variadas, obteniendo entre 150 hasta 350 kg/ha, tanto en siembras de primera como de segunda. El efecto residual de este nutriente es muy importante, por lo que hallamos respuestas hasta en tres cosechas acumuladas luego de una aplicación de 1,5 a 2 kg/ha.
Matías Saks





