
Carlos López Saubidet
El sepelio
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La investigación y el desarrollo de la actividad agropecuaria en nuestro país deben mucho a la labor infatigable del recientemente fallecido ingeniero agrónomo Carlos López Saubidet, uno de los más importantes fundadores e integrantes del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).
López Saubidet -cuyos restos fueron inhumados en el cementerio Parque Memorial- ocupó durante seis años consecutivos la presidencia del INTA. Había sido el primer secretario general de ese organismo, a cuyo crecimiento contribuyó al incorporar innovaciones institucionales como, por ejemplo, las vinculaciones entre la actividad oficial y la privada para la investigación y la innovación tecnológica.
Poco después de haber egresado, en 1954, de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad Nacional de Buenos Aires, fue designado secretario privado del entonces secretario de Agricultura y Ganadería de la Nación, Alberto Mercier.
Todavía muy joven, realizó investigaciones acerca de la genética animal en la Estación Experimental Agropecuaria de Balcarce y, en 1959, la Fundación Rockefeller lo llevó a los Estados Unidos, país en el que permaneció 15 meses y donde recibió el título de master of sciences, especializado en genética animal.
A su regreso prosiguió, en la Estación Experimental del INTA de Balcarce, sus investigaciones. Sus inquietudes lo llevaron también a ser uno de los principales generadores de la idea de la integración de la Facultad de Agronomía de la entonces Universidad Católica de Mar del Plata con la Estación Experimental Agropecuaria Balcarce, en los terrenos de esta última, con el fin de asentar el proceso de investigación, docencia y extensión agropecuaria que él había visto funcionar tan bien en los Estados Unidos, sobre una base física común, compartida funcional e institucionalmente por especialistas de distintas disciplinas,
En 1962 fue designado subsecretario de Agricultura y Ganadería y posteriormente titular de la cartera, cargo que ejerció hasta octubre de 1963, momento en el que no dudó en regresar a sus infatigables tareas de investigación en el INTA que, junto con su esposa y sus cuatro hijos, llenaron su existencia hasta el último día.





