Cavallo lanzó un bono ante 60 empresarios
El ministro de Economía previó una reactivación en un mes
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El ministro de Economía, Domingo Cavallo, repitió ayer la misma fórmula a la que echó mano en 1995 para contrarrestar la crisis del tequila. Volvió a pedirle a los principales empresarios que suscriban un bono patriótico, esta vez por 1000 millones de dólares, para tapar el agujero fiscal.
El Gobierno emitirá en total títulos por $ 3500 millones para solventar su financiamiento, de los cuales $ 2000 millones se ofrecerán a los bancos locales, $ 500 millones a las administradoras de fondos de jubilación y pensión (AFJP) y el resto a las empresas de mayor facturación. Por eso, Cavallo citó ayer, a las 17, en el Palacio de Hacienda, a unos 60 hombres de negocios.
Frente a la mesa donde estaban Cavallo, el viceministro Daniel Marx; el secretario de Política Económica, Federico Sturzenegger, y el jefe de asesores de gabinete, Guillermo Mondino, se disponían tres filas de ejecutivos que escucharon la exposición del ministro. Entre ellos estaban Arturo Acevedo (Acindar), Sebastián Bagó (grupo Bagó), Vincenzo Barello (Fiat), David Beer (Shell), Alejandro Bulgheroni (Pan American Energy), José Cartellone (grupo Cartellone), Alfredo Coto (Supermercados Coto), Ives Desrousseaux (Electricité de France), Carlos Fernández Prida (Telefónica), Francisco y Mauricio Macri (grupo Socma), Juan Carlos Masjoan (Telecom), Pascual Mastellone (La Serenísima), Marcelo Midlin (IRSA), Juan Navarro (The Exxel Group), Luis Pagani (Arcor), Enrique Pescarmona (Impsa), José María Ranero Díaz (Repsol YPF), Cristiano Ratazzi (Fiat Auto), Agostino Rocca (Techint), Pablo Roemmers (Laboratorios Rommers), Aldo Roggio (grupo Roggio), Oscar Vicente (Perez Companc) y Adrián Werthein (La Caja), entre otros.
"Vengo a hacer un pedido, pero primero voy a explicarles lo que estoy haciendo", arrancó Cavallo. Algunos invitados, que suponían que el titular del Palacio de Hacienda les iba a explicar detalles de la incorporación del euro a la convertibilidad del peso, quedaron sorprendidos por la convocatoria a adquirir el nuevo bono a tasa variable y con vencimiento en 2004.
La emisión se encuadra dentro del Programa de Letras Externas a Mediano Plazo y será colocado por los bancos Río, Galicia, BBVA Francés, HSBC y Citibank. Se amortizará en cinco cuotas trimestrales iguales y consecutivas, la primera de las cuales será exigible el último día del segundo año. A partir de 2002, las empresas podrán utilizarlo para desgravar impuestos. Asistentes al encuentro calcularon la tasa en alrededor del 11%.
Antes que Cavallo y Marx dieran breves detalles del título, el primero se explayó con huracanado optimismo sobre los alcances de la ley de competitividad, las facultades cedidas por el Congreso al Ejecutivo y los cambios a la convertibilidad. "En tres o cuatro semanas habrá un cambio significativo en la economía", se esperanzó Cavallo, en referencia a la ansiada reactivación, tras 34 meses de estancamiento. El titular del Palacio de Hacienda comentó que las facultades extraordinarias le permiten revisar miles de leyes en pos de mejorar la competitividad argentina. Sólo quedan inmunes alrededor de cinco, que incluyen la norma laboral y los códigos comercial y civil. Pero sí planea usar los poderes delegados para modificar los topes a los encajes bancarios, de modo de favorecer el abaratamiento del crédito.
El eje general de su plan se centra en continuar la desregulación de la economía, según reconoció ante los empresarios. El ministro reiteró que evaluará con cada sector los factores que entorpecen su competitividad. Cavallo admitió que los mercados habían reaccionado mal frente a su propuesta de fijar la paridad del peso con el dólar y también la moneda europea, pero se mostró despreocupado sobre la caída de las cotizaciones de ayer. "Los que jugaron en contra van a perder", desafió el ministro, que confió que las bolsas están siendo operadas por especuladores que apuestan al fracaso de su proyecto.
"No se preocupen, porque lo importante es lo que está pasando con los argentinos", tranquilizó Cavallo a los invitados. "Hay algunos miopes en el exterior que no se han dado cuenta de lo que está ocurriendo en el país y de que la Argentina no va a tomar plata cara. Que se equivoquen. Les vamos a prestar los anteojos para que observen la realidad", se envalentonó el anfitrión.
Reacción en suspenso
Marx llamó a los ejecutivos a comprometerse con el bono y recordó que el Gobierno debe resolver una brecha fiscal de 1000 millones de dólares. "Por el número de compañías que estaban presentes, creo que el Ejecutivo podrá cubrirlo", opinó el director de Relaciones Institucionales de la petrolera Esso, Tomás Hess.
Otro empresario del mismo sector, Vicente, se mostró más cauto. "La otra vez (por el bono patriótico de 1995) suscribimos con más ganas. Esta vez estuvimos en una posición más crítica", advirtió el vicepresidente de Perez Companc. "La otra vez pudimos ayudar, pero la situación de las empresas en este momento es muy difícil", se lamentó Vicente.
Werthein, en cambio, destacó la "vocación de ayudar" de los empresarios ante la delicada situación fiscal. "El ministro transmite una gran confianza", observó el ejecutivo de La Caja en coincidencia con los demás asistentes. "Por lo menos, a mí me convenció. Los empresarios debemos responder. Es bueno lo que está planteando", se entusiasmó Werthein.
"Tenía dudas, pero las expectativas que genera el ministro hacen que el bono se vuelva un proyecto interesante", concedió Acevedo. Ratazzi, al igual que la mayoría de sus colegas, se limitó a decir que analizará en detalle las condiciones del bono antes de confirmar su suscripción.
Este encuentro con empresarios se resolvió la semana pasada, después de que los bancos se negaran a ofertar la emisión a los empresarios. "Es el Gobierno el que tiene que hacerlo", confesó una fuente bancaria. Y así fue como ayer lo hizo Cavallo, confiado en en que encontró un buen eco.





