
De Santa Fe a Asunción, un viaje por la hidrovía
Experiencia: el economista y capitán de ultramar Martín Schwab Etchebarne navegó por la Hidrovía Paraná-Paraguay y lo relata en una serie de artículos que comienza a publicarse en esta edición; desde trasmiciones en guaraní hasta los problemas en el balizamiento aparecen en el apasionante relato
1 minuto de lectura'
Si usted quiere navegar con cierta seguridad entre Santa Fe y Asunción debe aprender a hablar en guaraní. Puesto que buena parte de la información sobre los pasos difíciles la transmiten por radio los Patrones y Prácticos paraguayos, y es muy útil, tanto para los que suben como a los que bajan. También es muy buena la información que dan los controles de la Prefectura Naval Argentina, pero la mayor dificultad es la falta de balizamiento actualizado desde Santa Fe a la isla del Cerrito, en la boca del río Paraguay.
A principios de junio salí desde Puerto Nuevo para Asunción, en viaje directo sin escalas, en el portacontenedores Paraná Feeder. Quería conocer las realidades de la tan mentada hidrovía que comienza en Brasil más arriba de Corumba, río Paraguay, uniéndose en Corrientes con el Alto Paraná, que trae barcos desde la base de la represa de Itaipú, a pocos kilómetros de las cataratas del Iguazú, terminando en Buenos Aires, que conecta la hidrovía con el océano y el mundo.
Nos esperaban cinco días de navegación diurna y nocturna (95 horas de subida y 65 de bajada), luchando contra la correntada del muy crecido Paraná, contra el viento, la lluvia helada y la niebla que siempre se presenta en los pasos más difíciles. La navegación se matizaba con una espléndida luna sobre el río y las luces de las acerías, fábricas y refinerías que se recuestan sobre el Paraná inferior, en su recorrido hasta Santa Fe. Un espectáculo que les recomiendo a los que puedan hacer el viaje por río, sobre todo de noche.
Como viejo capitán de ultramar y perito naval, me llamó la atención la forma en que los eficaces Patrones navegan en la hidrovía: las principales herramientas son la brújula, el radar y el foco, para iluminar y reconocer boyas apagadas, árboles característicos y los audaces botes de pescadores nocturnos buscando sábalos y surubíes. Ellos no necesitan las cartas y cuarterones de la Dirección de Hidrografía, pues tienen la memoria gráfica de centenares de bajadas y subidas por el Paraná-Paraguay.
Hasta Santa Fe el dragado y boyado permitió una navegación segura, día y noche, apoyados por el excelente servicio de los controles costeros de la Prefectura Naval Argentina. Pero más arriba comenzó la odisea: pocas boyas y el río salvaje, como justamente lo llama el capitán Godoy al Paraná medio, que se mueve mucho y desplaza los bancos de arena con cada gran creciente.
En este momento el río ha cavado nuevos pasos, por lo que para pasar con 12 pies de calado hay que ir tanteando como un ciego con su bastón.
En estas nuevas condiciones los capitanes hacen "tripas corazón" y hasta he visto señales improvisadas en los árboles, con sábanas que colocan los barcos que bajan para ayudar a los que suben, en las difíciles travesías, de un borde a otro del río.
Algunas propuestas
Me parece que la prioridad hasta Corrientes es reponer un balizado moderno, con boyas luminosas de alimentación solar, complementando con balizas de tierra que reemplacen a las actuales sábanas. Luego vendrá el dragado, para superar los pasos críticos, lo que permitirá reemplazar los viejos barcos y chatas que aún vemos navegar, como resabio de pasadas glorias del río.
El río Paraguay es una sorpresa. Tiene una boca muy estrecha sobre el Paraná y con más vueltas que un caracol. Hay 400 kilómetros de río para 200 kilómetros en línea recta, a veces navegable al Sur, subiendo a Asunción.
El Bermejo y el Pilcomayo muchos menos importantes de lo que imaginaba. Al estar en la zona me preguntaba por qué los sobrevivientes de Pedro de Mendoza se habían metido tierra adentro, y al llegar a Asunción entendí: es el primer promontorio alto en todo el río, y los guaraníes resultaron los mejores aliados para un empresa civilizadora, que los jesuitas llevaron al mayor nivel.
Dejé el barco con sentimientos, debido a la excelente hospitalidad del capitán Godoy. Me esperaba la muy antigua y acogedora Asunción y el regreso visitando los puertos de la costa argentina.
Por Martín Schwab y Etchebarne
(Para La Nación)




