
En busca de una salida
En un mundo policéntrico y cada vez más fragmentado, los efectos económicos y sociales de la crisis producen un fuerte replanteo de la efectividad de la actual estructura de gobernanza; los líderes de 19 países y la UE volverán a encontrarse
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Cuando en 2008 asomó la crisis, quienes intentaban predecir el futuro inmediato comenzaron a hablar del menú que le esperaría a la economía mundial.
En la virtual sopa de letras que alimentaría al mundo desde entonces, figuraban, primordialmente, tres variantes: V (un abrupto freno y caída seguido por una recuperación vigorosa y definitiva), W (años en los que se observarían caídas y repuntes sucesivos) y L (un bajón importante y una crisis que se prolongaría por un largo rato).
Cuatro años después, el menú tiene el mismo sabor a incertidumbre. El mundo sigue buscando su rumbo y los expertos, preguntándose en cuántas manos y de quiénes está la solución.
El sacudón tuvo efectos muy variados. A las consecuencias económicas, financieras y sociales, se sumó el cuestionamiento sobre el papel de instituciones internacionales (como el FMI y el Banco Mundial) y las dudas sobre quién o quiénes tienen hoy verdadera representatividad como para diseñar e instrumentar una salida.
En medio de tantos crujidos, viejas estructuras parecieron revitalizarse. El G-20 (Grupo de los 20) es, sin dudas, un claro ejemplo.
En una atípica crisis –engendrada y con centro en los países desarrollados– nada mejor que un ecléctico grupo de naciones en el que están representadas, además de los tradicionales protagonistas de este tipo de foros, muchas de las promisorias economías emergentes: desde las que integran el marketinero Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) hasta la Argentina, Turquía, Corea del Sur y México, entre otras.
A poco de revivir, el G-20 que había nacido como un comité de crisis, mostró sus aspiraciones para transformarse en piloto de la economía mundial. Más allá de las intenciones, ¿cómo llegan el G-20 y sus referentes a la sexta cumbre de líderes que se hará el 18 y 19 de junio próximo en Los Cabos, México?
"Los grandes temas de la agenda global están en el G-20, el tema es cómo alcanzar acuerdos entre naciones que puedan incorporarse a la realidad en un mundo cada vez más fragmentado y policéntrico que genera muchas dudas de que exista una G que pueda concentrar eso", dijo Félix Peña.
Así inauguró Peña la mesa redonda "Desafíos para la cumbre del G-20 de Los Cabos: ¿hacia nuevas reglas del juego para las relaciones comerciales internacionales?", organizada por la Fundación Standard Bank.
Economistas, ex funcionarios, políticos, representantes de organismos internacionales, empresarios, diplomáticos (como el embajador de la UE en la Argentina, Alfonso Diez Torres) y diferentes actores del comercio internacional participaron activamente del debate que se extendió durante todo el día.
Julián Kassum, consultor en Relaciones Económicas Internacionales, reconoció tres momentos en la vida del G-20: en 2008, resurgió con un perfil ligado estrechamente a la crisis; a partir de 2010 se posicionó como conductor de la economía global y empezó a ocuparse de temas de largo plazo; en 2011, la grave crisis europea lo obligó a volver a su rol inicial de comité de crisis.
Jean Pierre Lehmann, profesor de Economía Política Internacional en el IMD (Suiza) y director fundador del Grupo Evian, dijo que es imprudente hacer predicciones sobre qué es lo que pasará en la economía mundial porque vivimos en un período en el que se han dado los cambios más rápidos y profundos de la historia. "Si miramos a 2000, vemos un mundo muy distinto al de hoy: no existía Facebook; China no era miembro de la OMC; Estados Unidos era la única superpotencia...", enumeró.
Lehmann cree que la revolución en la tecnología de la información y las comunicaciones, no es una revolución industrial sino intelectual que está cambiando el paradigma y que los negociadores que participan del G-20 no siempre están al tanto de esos cambios. "Hay una clara disociación entre el mundo de la tecnología y las instituciones que nos gobiernan", agregó tras asegurar que "el mundo navega por aguas desconocidas y no hay manual para guiarnos".
La idea podría resumirse: instituciones y metodologías del siglo XX difícilmente puedan resolver problemáticas del siglo XXI.
Hay datos con los que Lehmann reforzó su teoría, como el análisis de la transformación demográfica. Según dijo, en los últimos 80 años, sólo el 15% de la población mundial tenía nivel de vida alto; el resto, bajo. En pocos años esas cifras se invertirán. Sólo en China se estima que en cinco o seis años más habrá 1000 millones de consumidores con poder adquisitivo.
Welber Barral, profesor de Negociaciones Comerciales Internacionales del Instituto Rio Branco y ex secretario de Comercio Exterior de Brasil durante la presidencia de Lula da Silva, cree que hay dos problemas centrales que afectan al G-20: la dificultad de construir consenso y el proceso de decisiones.
"El proteccionismo es hoy tal vez más importante que la seguridad alimentaria y no está en la agenda del G-20", citó como ejemplo. Luego destacó que "nuestro esquema mental todavía es de bienes, aunque los servicios sean más importantes siguen figurando como acompañantes".
La modalidad de la reunión hizo que el auditorio participara activamente del debate. Una de las tantas preguntas-reflexiones de los asistentes estuvo a cargo del economista Ricardo Rozemberg, quien planteó si es factible consensuar cambios estructurales en medio de una crisis como la actual.
"Si se miran las propuestas del G-20, pareciera que el problema de todo lo que pasó en el mundo tiene que ver con la governanza, pero si hoy pensáramos en qué instituciones crear, no serían muy diferentes de las actuales. La discusión no debería agotarse en la gobernanza sino avanzar en por qué fracasaron", dijo.
Osvaldo Rosales, director de la división de Comercio internacional e integración de Cepal, se enfocó en dos aspectos: cómo adaptar el sistema comercial internacional a la expansión de las cadenas de valor globales y cómo re-pensar la integración latinoamericana como vector de inserción de los países de la región en la economía global.
"Asia-Pacífico es el socio fundamental para la región. En menos de 8 años, China pasó a ser de socio marginal a uno determinante. Para América del Sur, hoy el crecimiento de China es más importante que el de Estados Unidos y el G-7 (Grupo que forman además de EE.UU., Alemania, Francia, Japón, Reino Unido, Italia y Canadá). En poco tiempo, China superará a la UE como destino de exportaciones y fuente de importaciones de la región", explicó.
Según Rosales, un "costado" que debe reverse en esa relación es la gran concentración en commodities, especialmente en América del Sur, menos en México. "Es muy importante porque no hay experiencias de crecimiento económico basado exclusivamente en commodities. No se trata de la maldición de los recursos naturales, sino de las políticas que se apliquen."
Una de las claves –dice– es hacer up grades cognitivos para adecuarse al nuevo mundo porque hablar de apertura comercial u orientación exportadora está pasado de moda.
"Hoy el tema es estrategia de internacionalización y, por lo tanto, más que de inserción comercial, prefiero hablar de inserción en cadenas de valor. Hay que preguntarse hasta qué punto la política comercial de un país ayuda a que sus empresas estén presentes en esas cadenas regionales o globales de valor. El tema para los países con ventajas en recursos naturales es cómo pasamos de ser competitivo en recursos naturales a serlo en más segmentos de las cadenas de valor asociadas a los recursos naturales, sea en la extracción, distribución o alguno de sus usos", comentó Rosales.
Con realidades y pronósticos disímiles, los 19 países más la UE ya empezaron la cuenta regresiva para la próxima cumbre.
Una frase de Lehmann resume el espíritu que sobrevuela la próxima reunión de líderes: "El G-20 es casi como un ritual: los líderes van, rezan, hacen plegarias al libre mercado y cuando vuelven a sus países hacen proteccionismo", dijo sonriente en Buenos Aires.




