
La entrada en vigencia del euro corona el proceso de integración de Europa
Desde el 1º de enero de 2002 circulará en los doce países de la Unión Monetaria
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"Mozo, ¿cuánto le debo por el café? Un euro, señor". Esta frase será popular a partir del 1º de enero de 2002, fecha en la que comenzará a circular el euro, la nueva moneda única de los doce países que hoy conforman la Unión Monetaria Europea, completándose así, exitosamente, un inédito e histórico proceso iniciado hace más de 50 años.
En 1989 cayó el muro de Berlín y con él se derrumbaron, para siempre, los sistemas políticos comunistas que prevalecieron en el centro y este de Europa en la segunda mitad del siglo veinte. Paralelamente, surgió la oportunidad de que pudieran superarse las divisiones culturales, sociales y económicas, arraigadas en el viejo continente tras la segunda guerra mundial.
Y los mandatarios europeos lo tuvieron en cuenta cuando decidieron en 1992 suscribir el famoso Tratado de Maastricht, que significó el nacimiento de la Unión Europea, que también contempla un futuro en el que los socios occidentales convivan bajo las mismas reglas de juego con las comunidades poscomunistas del otro lado de la extinta "cortina de hierro".
La historia siguió un año después en Copenhague, cuando se fijaron los criterios fundamentales que debían cumplir los quince países candidatos a ingresar en el nuevo sistema. En esos momentos, el ritmo de progresión hacia una convergencia con la UE era diverso, pero lo que más importaba era la estabilidad política y el arraigo democrático.
Finalmente, en el Consejo Europeo de Bruselas, celebrado en mayo de 1998, se decide sobre los países que formarán parte de la unión monetaria a partir del 1º de enero de 1999: Alemania, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Holanda, Irlanda, Italia, Luxemburgo y Portugal. Inicialmente quedaron afuera Dinamarca, Inglaterra, Suecia y Grecia, pero este último se incorporó en enero de 2001.
Cinco veces a la luna
La nueva moneda de la UME, sólo en su forma "escritural", fue introducida el 1º de enero de 1999, como moneda oficial de los estados miembros, iniciándose así el período de transición. Desde entonces el Banco Central Europeo (BCE), fundado el 1º de junio de 1998 y con sede en Francfort, se hizo cargo de la política monetaria única, que comienza a ser ejecutada en euros.
El plan del BCE para la introducción de la nueva moneda a partir de enero de 2002 prevé que para esa fecha se hayan impreso unos 14.250 millones de billetes, que representan un valor total de 642.000 millones de euros. Con todos esos billetes se podría formar una cadena capaz de cubrir cinco veces el trayecto de ida y vuelta a la luna. Además se habrán acuñado 50.000 millones de monedas, utilizando 240.000 toneladas de metal, por un valor de 15.700 millones de euros.
La producción de estos billetes y monedas se está llevando a cabo en 30 fábricas, 15 imprentas especializadas y 15 casas de moneda repartidas por todo el territorio europeo.
Con el propósito de que los bancos, comercios y oficinas de correos puedan disponer de suficientes billetes y monedas en euros antes del 1º de enero de 2002, el 1º de septiembre pasado comenzó su distribución anticipada en el sector financiero, que a su vez se encargará de hacerlos llegar a sus clientes.
Por otra parte, el 15 de septiembre pasado comenzó la redenominación en euros de todas las cuentas bancarias y de los medios de pago relacionados con ellas, como cheques, tarjetas y órdenes de transferencias. Esta medida fue adoptada de común acuerdo por los gobiernos e instituciones financieras porque la anticipación de la conversión de las operaciones bancarias más habituales constituye la mejor campaña de comunicación, para ayudar a los ciudadanos a familiarizarse con la utilización de la nueva moneda.
Está previsto que durante las dos últimas semanas de diciembre se pondrán a la venta los "euromonederos", que brindarán al gran público la oportunidad de familiarizarse con las nuevas monedas antes del 1º de enero de 2002, aunque hasta esa fecha no tendrán curso legal. A los pocos segundos de iniciarse el primer día del año los billetes en euros llegarán a manos del público a través de los cajeros automáticos.
Canje libre
Pero el 1º de enero de 2002 es martes. Ese día es feriado y por eso las entidades bancarias estarán cerradas, pero al día siguiente cualquier ciudadano europeo podrá acudir a ellas -aunque no sea cliente- a cambiar libremente su dinero sin costo.
El canje es libre, por lo que no se podrá exigir a nadie su previa identificación personal en el momento de efectuar la operación. Sin embargo, se aclaró que las únicas limitaciones son las derivadas de las leyes de prevención del lavado de dinero proveniente de actividades ilícitas. Pero también es necesario marcar que la gratuidad del canje no estará garantizado en todos los Estados miembros. En Alemania, por ejemplo, la mayoría de los bancos anunciaron que cobrarán cuando no se trate de clientes de la entidad.
El plan de lanzamiento de la moneda común prevé que la doble circulación de billetes y monedas antiguos y los nuevos durará entre cuatro semanas y dos meses, habiéndose calculado que para fines de la segunda semana de enero la mayoría de las transacciones en efectivo ya se realizarán en euros.
Finalmente, el 28 de febrero de 2002 concluirá el plazo para la doble circulación, produciéndose la retirada definitiva de las monedas y billetes de las viejas denominaciones. A partir del 1º de marzo, los antiguos signos monetarios de los doce países de la UME dejarán de ser de curso legal, pero los bancos centrales nacionales continuarán cambiando los viejos billetes por los nuevos en euros durante un mínimo de diez años y las monedas durante un mínimo de dos años.
El autor es corredor de cambio y profesor en la Escuela de Exportación de la Fundación BankBoston.




