
Las mantas de Jasimaná, en Italia
En el pequeño pueblo de Salta, 16 de sus 150 familias tejen la lana de llama con una técnica ancestral y envían sus prendas al país europeo
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Con la revalorización mundial de los tejidos tradicionales y de los sistemas antiguos de producción, en varias regiones argentinas despiertan, con pasión de pasado, antiguas tradiciones hilanderas que comienzan a formar parte del circuito global.
Desde el mínimo y escondido poblado de Jasimaná, en la provincia de Salta -de acceso restringido por falta de caminos-, el maestro artesano Santiago Cruz comenzó a formar un grupo de productores que lleva exportado a Italia unas 400 mantas de dos y una plaza, de colores naturales, desde 2004. Lo hace con la Fundación Awaysun, que en quechua significa tejamos, y con la colaboración de otros artistas entre los que se encuentra Rodrigo García Bes.
La tarea empezó en 2000 y ha incluido diferentes talleres de capacitación para promover este arte que está escrito en el ser de los habitantes de la región. La idea de Cruz y su gente es desarrollar un programa socioeconómico en la comunidad. En Jasimaná hay 150 familias de las cuales 16 están trabajando en el proyecto -en promedio tienen entre 7 y 8 hijos cada una- y viven en los parajes Río Grande y El Arremo ubicados dentro de Jasimaná, entre los 3200 y los 3600 metros sobre el nivel del mar.
Para concretar la formación del grupo, "conseguimos que se abriera el mercado italiano para estas mantas de lana de llama que se fabrican aplicando una técnica rescatada del pasado, llamada técnica de ojito. En 2004 hicimos la primera presentación en Biela y este año haremos otra para que nos sigan conociendo. Exportamos con un concepto diferente del tradicional donde lo más importante no es la cantidad. Está dentro de la línea del mercado ecosolidario o comercio justo", aclara Cruz.
Y agrega que en 2001 realizaron un encuentro en Salta en el que participaron 30 artistas textiles de todo el país que produjeron sus obras frente al público; se llamó Enarte. "Estos seis días de intenso trabajo posiblemente vuelvan a tener lugar el año próximo. Fueron muchos los visitantes y la gente quedaba sorprendida por la calidad de los trabajos", comenta Cruz, que nació en el seno de una familia tejedora y se dedicó de lleno al oficio después de estudiar dibujo y pintura. Aparte de acompañar a los tejedores de Jasimaná, Cruz expone sus obras en Italia, donde lo esperan con sus tapices en noviembre próximo para mostrar, como lo hizo antes, paisajes y rostros de su tierra en diversas tramas que cambian de volumen, colores y texturas.
"Este año llevaré una obra centrada en la cosmogonía andina. Aquí se ven los valles y los estratos de la tierra que tienen millones de años", cuenta.
Las mantas de las familias de Jasimaná, por ahora, no tienen una marca específica. Se comercializan con el nombre de Progetto ermanno, pero posiblemente muy pronto se expongan con etiquetas especiales que incluirán el nombre de los artesanos, el número de lote y el lugar de producción.
Un turista que visite Salta puede acercarse hasta ellos para conocer cómo tejen en sus hogares o en los talleres, junto a los telares. Jasimaná está a 283 kilómetros de la capital. Si recorre los Valles Calchaquíes, en Angastaco debe tomar un desvío por el que se sube al pueblo a través de un camino de alta montaña. El recorrido es de 40 kilómetros, abundante en curvas y subidas, se realiza a 25 kilómetros por hora, en vehículos grandes.
Es posible también visitar criaderos de llamas y de ovejas, cercanos a la ruta, e incluso familiarizarse con un sistema de calentamiento solar de agua que con cajas negras permite elevar la temperatura de 600 litros en cinco horas. En la zona hay otro pueblo que probablemente también ingrese en el rubro exportador. Se trata de El Colte, situado en los Valles Calchaquíes, entre Cachi y Senclantás. Ahí están los tejedores de poncho -en cada casa hay un telar- famosos en la zona.




