Las ventajas de los acuerdos y tratados internacionales

Diana Mondino
Diana Mondino PARA LA NACION
La aprobación de un convenio de complementación económica con Chile da un paso más en la integración regional que puede, a su vez, acercarnos a otros mercados
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27 de diciembre de 2018  

Nuestra Cámara de Diputados aprobó un Acuerdo de Complementación Económica con Chile y Brasil. Los Congresos de ambos países ya habían aprobado esa iniciativa, al igual que el Senado. En mi opinión, es una gran noticia. Nuestro Mercosur no es muy fuerte que digamos, y complementarlo con Chile –el cuarto destino de las exportaciones argentinas (US$2621 millones en 2017), tercer destino para las ventas de las pymes al exterior y comprador importante de manufacturas industriales y agropecuarias, según datos de la Cancillería–es un muy buen paso adelante.

Un acuerdo con Chile no es solo acceder a un mercado de casi 18 millones de habitantes, a quienes esperamos proveer en forma más competitiva de energía, alimentos, servicios y todo lo que llamamos "knowledge economy". ¿Quién sabe? Tal vez la fenomenal integración de Chile con Asia y Estados Unidos nos permita acceder en mejores condiciones también a esos mercados.

Seguramente en muchos productos tendremos que aumentar vertiginosamente nuestra productividad y debemos siempre recordar que proteger al que hoy es débil tiene sentido solo si algún día dejará de serlo, ya que es imposible hacerlo eternamente.

Claro, no es fácil. Sabemos que los mercados abiertos son fuente de crecimiento económico, prosperidad y creación de empleo. La Unión Europea (UE), por ejemplo, es uno de los mercados más abiertos del mundo –eso sí, con mil regulaciones– y aspira a trabajar en pie de igualdad con el resto de las grandes regiones del planeta.

El acuerdo con Japón comenzará pronto a regir. Será un mercado gigantesco, donde no todos los productores son igual de poderosos. Es un tema políticamente equivalente a un pantano y, aun así, se logró. Agrego que la difícil discusión por el Brexit demuestra que hay muchísimos pros y contras en lo que concierne a la suscripción multilateral de tratados y acuerdos. Muy especialmente muestra que modificar las reglas de juego, donde habrá ganadores y perdedores, es extremadamente difícil.

Evidentemente, es fácil identificar a los perdedores que se quejarán de viva voz. Es difícil identificar a quienes eventualmente serán los ganadores porque aún no tienen esos beneficios o porque justamente están trabajando para lograrlo. No tienen tiempo que perder en protestas.

Por otra parte, cabe señalar que los acuerdos no son solo para comprar y vender más y mejor. Los tratados ayudan a las naciones a facilitar todo tipo de relaciones entre ellas. Pueden ser de muchas clases: de tipo militar, cultural, social, político, impositivo, económico, etc. Los países se benefician así mutuamente, creando vínculos con el objetivo de favorecer a (casi) todos los habitantes de los países.

Las ventajas del comercio ya son tan conocidas que se piensa que son las únicas, pero los tratados tienen muchas ventajas adicionales. Veamos algunas:

  • Dada la enorme carga fiscal argentina, los convenios son importantes para evitar los problemas de la tributación internacional. Son vitales para atenuar los efectos de la doble carga que soportan los contribuyentes que realizan operaciones en el extranjero. Gracias a la firma de tratados y al uso de distintos mecanismos para evitar la doble tributación se puede evitar el doble pago de impuestos. Sin tratados, el inversor está sujeto a impuestos tanto del país del que provienen los ingresos como del país del contribuyente y nadie quiere pagar dos veces por un mismo ingreso, utilidad o rendimiento. En el país de origen lo habitual es gravar por todos los ingresos bajo el criterio de renta mundial, lo que obliga a tributar por los ingresos totales, se hayan obtenido dentro o fuera del territorio. Si la Argentina no firmara esos tratados, los inversores pueden padecer doble imposición. No extraña que los inversores prefieran otros países.
  • Los acuerdos asimismo dan un marco de certeza, que se incrementa conforme va ampliándose la red de convenios. Se conocen claramente las reglas y, muy especialmente, se sabe que no pueden ser modificadas a menos que se modifiquen los subsiguientes convenios. Esto permite contar con horizontes de largo plazo. Se homologan criterios bromatológicos, calidades, se unifican criterios, se autorizan establecimientos una sola vez… El trámite puede ser complejo pero ya no hay que hacer cada trámite nuevamente según los criterios de cada país. Los criterios del comprador suelen ser muy estrictos y es lógico, ya que es quien decide a quien le compra.
  • Los tratados establecen métodos para solucionar controversias, que se suelen dar en un proceso amistoso. Los costos de litigar son menores y las relaciones entre las partes pueden ser más amables.
  • Los tratados suelen incluir el principio de no discriminación, que evita políticas que penalizan a los extranjeros, les permite –o no- trabajar en ciertas actividades y reconoce sus estudios –o no- en el extranjero. Es más fácil así para las personas buscar su mejor futuro. ¡Que se otorguen derechos no exime de responsabilidades, algo que solemos olvidar! Se facilita la entrada y salida de personas, ya sea permitiendo el trabajo -inclusive de profesiones reguladas- o lo opuesto, como extradiciones de quienes delinquen.
  • Un punto muy importante es que se favorece también a los trabajadores, puesto que la apertura comercial implica la creación de empleo, no sólo en los mercados de origen sino también en los de destino. Cierto es que también se destruye empleo en las industrias menos eficientes y la gente debe lograr nuevas habilidades para mantener su empleabilidad. Pero eso es sólo para las tareas muy específicas para un sector. Todas las funcionales (contabilidad y finanzas, logística, marketing, etc., se aplican en todo tipo de industrias). Las cláusulas de salvaguarda de los derechos de los trabajadores son cada vez más exigentes. Defendamos con ahínco que el libre comercio sea motor de progreso y también de bienestar social por lo que puede haber requisitos sobre el puesto de trabajo en particular: no puede haber trabajo esclavo, en malas condiciones, etc.

En resumen, los acuerdos o tratados internacionales ofrecen certeza en reglas de juego, beneficios potenciales en comercio e inversiones, facilita el reconocimiento de cualificaciones profesionales y mejora la movilidad de trabajadores. ¡No les tengamos miedo!

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