Ser supermercado del mundo, meta urgente

Daniel Funes de Rioja
Daniel Funes de Rioja PARA LA NACION
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11 de noviembre de 2018  

Convertirnos realmente en "el supermercado del mundo" implica, como lo propuso el presidente Mauricio Macri, necesariamente, transformar en forma concreta, eficaz y decidida la matriz exportadora. Esto supone trabajar estratégicamente la forma de diversificar la oferta exportable de productos de valor agregado. Para ello, debemos responder algunos interrogantes: ¿cómo "construir" la escala necesaria para satisfacer a una demanda que irá acompañada de un crecimiento exponencial de la población mundial? ¿Qué productos estamos en condiciones de exportar? ¿Somos competitivos? ¿Respecto de qué otros países/proveedores? ¿Cuán importante es la actividad exportadora de la industria de alimentos y bebidas (IAB) para nuestro país? ¿Impacta considerablemente la balanza comercial? Pues bien, trataré de brindar algunos lineamientos que, tal vez, nos asistan para entender el escenario en el que ensayamos y en el que queremos, por fin, actuar.

En primer lugar, debemos comprender el escenario actual: en 20 años (de 1997 a 2017) la matriz exportadora no mostró cambios sustanciales: casi el 50% de la matriz exportadora está representada por productos de bajo valor agregado. Los 10 principales destinos concentran 49% de las exportaciones totales de la IAB. De las 14.500 que integran la IAB, 97% son pymes y solo 1250 empresas registran exportaciones. En 2008 llegaron a ser 1500.

Respecto de la inserción internacional, mientras nuestros principales competidores incrementaron sus exportaciones al mundo en los últimos, años, la Argentina sigue estancada en torno de los 20/25 mil millones de dólares. Estados Unidos, primer exportador mundial de la IAB, entre 2006 y 2016 duplicó sus exportaciones, incrementándolas en 45.000 millones de dólares; China por su parte las expandió en más de 35.000 millones (141%). Brasil, las incrementó en 15.000 millones de dólares, y la Argentina en menos de 10.000 millones. Como consecuencia de esto, la Argentina cayó tres puestos en el ranking de exportadores mundiales en 10 años.

El 42% de las exportaciones argentinas está representado por la industria de alimentos y bebidas; es el principal sector exportador del país. Con estos números, lo que hay que destacar es que el potencial del sector es enorme. Abordar los sectores desde su cadena de valor, nos desafía a producir con mayor valor agregado, siendo esto traccionador para la creación de empleo de calidad y mayor riqueza.

Entonces, ¿qué separa el potencial de querer ser el supermercado del mundo de convertirnos efectivamente en el supermercado del mundo? ¿cuál es la brecha que debe superarse para, por fin, transformar una proyección en una realidad impostergable? La respuesta pareciera sencilla. Sin embargo, esto requiere generar las condiciones de competitividad necesarias para que la internacionalización deje de ser un esfuerzo y se convierta en una actividad natural del país exportador con valor agregado que aspiramos ser. Para ello, la reducción de la presión tributaria (el 40% sobre alimentos y un 50% en las bebidas), los costos laborales no salariales y los logísticos (estos últimos representan entre el 14 y el 30% de la facturación total de los sectores que integran la IAB), que repercuten severamente en las economías regionales, y el acceso al crédito, resultan claves fundamentales para dotar a la IAB de las condiciones necesarias para poder ofrecer productos competitivos, así como también para aumentar las exportaciones en los mercados existentes y traccionar nuevos destinos a partir de las negociaciones internacionales que se encuentran en curso.

Celebramos las aperturas de procesos de negociación de los últimos años y las iniciativas constantes de búsqueda de mercados potenciales. En ese marco, el diálogo público-privado es clave fundamental para que los programas de gobierno sean exitosos. E iniciativas como el Premio AlimentAR que se entregará el próximo jueves 15 pueden hacer su aporte.

El otro factor es que la inserción sea "inteligente" como herramienta en la que debemos apoyarnos para generar un crecimiento sustancial de la economía. Pero el punto de inflexión está en crear, insoslayablemente, las condiciones de competitividad necesarias para que desde un rol de liderazgo podamos transformar una visión compartida en una evidencia irrefutable. Es un camino de doble vía y una agenda necesaria por encarar en forma sistemática e irreversible. Hagámoslo real y rápidamente. El mundo no espera y nuestro modelo de desarrollo sustentable lo exige.

El autor es presidente de la Copal

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