
Un golpe de suerte en el mundo del GNC
Historia de la productora y principal exportadora de equipos de GNC de América latina, con sede en Beccar
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Carlo Evi se pasea a sus anchas por su nueva fábrica. "Finalmente cumplimos el sueño del pibe: tener las oficinas y la producción en un mismo lugar", dice orgulloso el titular de Tomasetto Achille, productora y principal exportadora de equipos de gas natural comprimido (GNC) de América latina, mientras muestra los 12.000 m² de galpones equipados con máquinas de última generación, en Beccar.
Corría 1985 y Evi tenía un taller de electricidad para el automóvil en ruta 8 y Márquez, junto con un socio. "Un día vino José Aspromonte [dueño de las estaciones de servicio Aspro] y me preguntó por dónde pasaba el caño de gas", cuenta Evi. Dos años después, una quinta que estaba frente a su taller se transformó en una estación de servicio de gas. Este fue el primer contacto de Evi con el mundo del GNC y el primero de una serie de golpes de suerte que le cambiaron la vida.
Evi aprovechó la oportunidad de tener un taller justo enfrente de una estación de servicio expendedora de gas. "Con mi socio fuimos pioneros en la instalación de equipos de GNC en vehículos, teníamos 300 autos convertidos", explica Evi, que entre 1988 y 1989 fue el primero en ventas de equipos de GNC del país.
Pero las cosas no fueron tan fáciles. En 1990 su socio falleció y Evi enfrentó la quiebra de su empresa. Volvió al mercado dos años después con Distribuidora Shopping.
"En 1994 tomé la decisión de hacer un equipo de GNC y en 1996 salimos con una tecnología propia y compramos la marca Tomasetto Achille -dice Evi-. No tenía ni para respirar, pero sabía que necesitaba una marca que me respaldara."
La firma comenzó a operar en Brasil en 1997 con una estructura de 20 personas. "Empezamos a vender en el Norte, como podíamos. Y, en 1998 nos animamos a vender en Río de Janeiro."
Algo extraordinario sucede en 1999 en Brasil. "Un buen día estaba reunido con un cliente y también estaba allí un señor que hablaba portugués con acento inglés, mientras fumaba un habano. Este hombre no me dejaba hablar con mi cliente y me preguntaba por mi empresa. Trataba de evitarlo para poder negociar con el brasileño."
Luego de la insistencia del inglés, se encontraron esa misma noche en el hotel donde estaba hospedado Evi. "Esta persona me dijo que el GNC tenía mucho futuro y que quería ser mi socio, pero yo no le creía", cuenta Evi.
Un loco en la Argentina
Desde Brasil, Evi viajó a Italia y aquel inglés, que resultó ser el inversor multimillonario Robin Blacker, viajó directamente a la fábrica de Evi en Buenos Aires. Desde allí llamó a Evi a Italia. " Un attimo, c è un pazzo in Argentina [Un segundo, hay un loco en la Argentina], les dije a mis proveedores italianos."
Blacker le preguntó cuánto valía su empresa. "Tenía un calendario en la mano y fijé mi vista sobre abril. Entonces, le dije: «4 millones de pesos», y Blacker me preguntó qué porcentaje le vendía. Le contesté el 25%", recuerda Evi. Lo único que le pidió Blacker en ese momento fue el número de su cuenta bancaria. Evi le pidió que le pasara con la secretaria de su empresa. "Le dije a Mónica: «Pasale el número de cuenta así este tipo se deja de embromar y corta la comunicación desde mi oficina a Italia»."
A primera hora del lunes siguiente, de vuelta en Buenos Aires, Evi recibió el llamado del gerente del banco. "Me dijo: «Qué hiciste, loco, tenés un palo en tu cuenta». Pensé que era un chiste." No era broma. Blacker había depositado en su cuenta un millón de pesos sin haber firmado antes ningún papel.
A los dos días, después de haber concretado la compra de un galpón frente a su fábrica, Evi viajó nuevamente a Italia. "Ahí compramos maquinaria por dos veces y media la plata que había entrado. Eran tantas que no entraban en la fábrica, pero mi idea era atacar Brasil con todo y, en 2000, lo logramos." Ese fue el año en que Tomasetto Achille abrió su división de Comercio Exterior y también comenzaron a vender equipos de GNC a Medio Oriente.
En la actualidad, la empresa tiene siete personas en esa área. La crisis de 2001 los encontró con el mercado brasileño en plena expansión. "Estábamos endeudados, pero el ciclo de trabajo era muy importante, y pudimos hacer frente a todos los compromisos con nuestros proveedores italianos gracias a las ventas de Brasil."
Luego de la crisis, la empresa internalizó el total de la producción en la Argentina. Entre 2001 y 2006 desarrolló los motores diésel a gas para vehículos pesados. "Fue una decisión muy fuerte porque invertimos más de lo que la empresa producía."
Este año, la empresa estima facturar 50 millones de pesos y producir 14.000 reductores y 30.000 válvulas por turno por mes. El 85% de su producción se destina a la exportación, no sólo a Brasil sino también a Bolivia, Chile, Colombia, Estados Unidos, Italia, Bangladesh, India, Paquistán, Irán, Tailandia y Egipto.
Ahora, con el sabor de la tarea cumplida, Evi todavía tiene planes de crecer. "Salimos de Río y vamos a hacer una planta de ensamblado en Victoria, Brasil, en el área de pesados. Y estamos trabajando con el IRAM para que las normas de calidad argentinas sean homologadas con las europeas", concluyó.




