Cómo México ha logrado superar años de estancamiento político

Juan Montes
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16 de agosto de 2013  

CIUDAD DE MÉXICO—Mientras los políticos en Washington difícilmente logran ponerse de acuerdo en algo, sus contrapartes mexicanos —que pasaron los últimos 12 años enzarzados en intensas batallas políticas— están dialogando casi a diario para abordar temas espinosos, como permitir el regreso de las petroleras extranjeras al país.

En los últimos ocho meses, el Congreso de México aprobó una reforma constitucional para contener el poder del sindicato de maestros, una reforma legal que elimina la inmunidad penal de los funcionarios públicos y un proyecto de ley de telecomunicaciones que restringe los poderes casi monopólicos de la mayor telefónica del país, controlada por el magnate Carlos Slim.

Esta semana, el presidente. Enrique Peña Nieto. presentó su propuesta para abrir el mercado energético del país a empresas privadas. Los tres partidos principales también comenzaron a negociar la creación de una agencia electoral nacional que supervisaría todos los comicios federales, estatales y locales, una exigencia clave de la oposición.

Esta serie de acuerdos, tras años de parálisis política, está haciendo que los mexicanos se den cuenta del cambio y está reavivando la confianza internacional en su economía, en momentos en que el interés por otros grandes mercados emergentes flaquea. En los últimos 12 meses, el índice bursátil de México IPC ha subido 5% y el peso se ha fortalecido 3,5%, frente al dólar mientras que el Bovespa brasileño ha caído 13% y su moneda ha registrado un declive de 14%.

En los próximos meses, Peña Nieto y los tres principales partidos planean abordar una reforma tributaria para impulsar los ingresos, reducir la gran dependencia de las exportaciones petroleras y ponerle fin a la prohibición constitucional de que los legisladores sirvan términos consecutivos.

"Dedico 60% de mi tiempo a discutir con la oposición los temas que hay sobre la mesa", indica Aurelio Nuño, jefe de la Oficina de la Presidencia de la República. "Hemos llegado a conocernos bien, y a vernos no sólo como políticos sino como personas".

Mientras hablaba, timbró su teléfono. Era el presidente que le preguntó cómo salieron las reuniones del día con la oposición. "Llama después de cada reunión", dice Nuño.

Detrás del cambio está el Pacto por México. El acuerdo político, aprobado con pocos bombos y platillos el día después de que Peña Nieto asumiera el poder, ha sido firmado por los tres principales colectividades políticas: el Partido Revolucionario Institucional (PRI), de Peña Nieto; el Partido de la Revolución Democrática (PRD), de izquierda; y el Partido de Acción Nacional (PAN), de derecha.

El pacto delinea 95 objetivos que van desde la reforma tributaria hasta la prohibición de comida chatarra en las escuelas. La esperanza es cumplirlos todos antes de que la lucha política previa a las elecciones federales de 2015 complique el proceso de lograr acuerdos.

"Lo que estamos viendo hasta ahora es una especie de coalición legislativa, algo bastante sorprendente para México", señaló el analista político José Antonio Crespo, del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), de Ciudad de México.

Muchos inversionistas consideran que el futuro de la economía mexicana está ligado al éxito del pacto. "A los inversionistas les importa mucho el pacto. No se imagina cuántas preguntas me hacen al respecto", señaló Gray Newman, economista jefe para América Latina de Morgan Stanley.

Las políticas obstruccionistas fueron la norma aquí a lo largo de un período de 15 años que comenzó en 1997, cuando el país se convirtió de lleno en una democracia y el PRI, que había gobernado desde 1929, perdió el control del Congreso por primera vez. Pocas iniciativas importantes fueron aprobadas por ambas cámaras, divididas entre los tres grandes partidos políticos, y ninguna contaba con una mayoría.

Las riñas empeoraron tanto que el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, que perdió las elecciones de 2006, se negó a reconocer a Felipe Calderón como presidente. López Obrador lideró meses de manifestaciones en las calles y se declaró a sí mismo como el "presidente legítimo".

Ahora, es probable que los enfrentamientos políticos vuelvan a surgir. La prueba más crucial para el pacto vendrá en las semanas próximas, cuando los partidos se sienten a discutir sobre la apertura del sector petrolero, cuya protección por parte del Estado ha sido motivo de orgullo nacional.

Las probabilidades de que el proyecto sea aprobado parecen altas. El partido de oposición PAN dice que respaldará la histórica propuesta de enmienda, concediéndole al gobernante PRI la mayoría de dos tercios que necesita para modificar la Constitución.

El PRD es la incógnita. El partido casi seguramente votará en contra de la reforma, e incluso podría tomar las calles para manifestarse en su contra, según líderes del partido. Pero éstos también reconocen que son reacios a poner en riesgo el pacto si no consiguen salirse con la suya en un único aspecto.

"No nos vamos a levantar de la mesa, no vamos a romper el pacto", anotó Guadalupe Acosta Naranjo, un integrante de alto rango del PRD, que ayuda a representar el partido en negociaciones del pacto. "Podemos perfectamente protestar contra la reforma energética y al mismo tiempo dialogar con el gobierno sobre la reforma tributaria".

La política en México estuvo atascada por suficiente tiempo para que el país se saliera de cauce de manera peligrosa. De hecho, un motivo principal de la materialización del pacto es que los tres partidos estaban preocupados por lo débil que se había vuelto el Estado de México.

Durante siglos, el país fue gobernado con mano de hierro, desde emperadores aztecas hasta poderosos presidentes. Eso acabó con la consolidación de la democracia en los años 90. El presidente fue obligado a ceder el poder a otras instituciones como el Congreso y los tribunales, que habían quedado atrofiadas bajo su mandato.

Pero otras fuerzas llenaron el vacío del poder absolutista, como los narcotraficantes, que han acabado con la vida de unas 70.000 personas en los últimos siete años y se han hecho con el control de algunas partes del país. Algunos gobernadores dirigían sus estados como si fueran señores feudales, amasando enormes fortunas. Los líderes sindicales también se volvieron muy poderosos.

Las empresas grandes operaban sin restricciones. Los intentos del gobierno de regular los monopolios del país y aumentar la competencia en sectores como las telecomunicaciones y la cerveza no llegaron a ningún lado.

"Mientras los políticos nos peleamos durante estos últimos 15 años, el espacio que la autoridad democrática del Estado dejó vacío fue ocupado por todo tipo de grupos de intereses privados: ya se llamen monopolios, traficantes de droga o sindicatos", apuntó Jesús Zambrano, el presidente del PRD.

A pesar de ideologías muy distintas, los partidos han encontraron puntos comunes, como por ejemplo su frustración con el hecho de que las empresas telefónicas de Slim cobraban tarifas más altas que países comparables y lograban esquivar la regulación.

Otro factor detrás del acuerdo fue la salida del PRD de López Obrador, quien formó su propio movimiento en septiembre del año pasado. Esto le dio la oportunidad al partido de reconfigurar su imagen como un grupo de izquierda moderado y abierto. De hecho, fueron miembros moderados del PRD los que propusieron el pacto.

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