
Con la democracia se come, se cura, se educa y se hacen regresiones
Cuando falta sólo una semana para las elecciones primarias (PASO), con candidatos en recorrida frenética por sets de radio y TV y mensajes proselitistas hasta en la sopa, la temática electoral se volvió tan ubicua que no podía eludir el foco de la economía no convencional.
La conexión entre la política y la economía se intensificó de cara a las elecciones de octubre, con un récord de economistas en las listas de candidatos de todos los partidos (Federico Sturzenegger, Alfonso Prat-Gay, Domingo Cavallo, Martín Lousteau, Adrián Ramos, Jorge Triaca, Paula Español, Claudio Lozano, Luciano Laspina y Fernanda Reyes, entre otros). "Hay más preguntas sobre economía dando vueltas entre el electorado que hace dos años, con el cepo cambiario y la disminución del nivel de actividad, así que los economistas candidatos tienen más cosas para decir en este contexto", dice el economista Nicolás Dujovne.
Otros observadores plantean una visión más crítica de este fenómeno. Esteban Schmidt, periodista y autor de El Palermo Manifesto, opina que "hay pensamiento mágico en el dirigente. El economista tiene la fórmula del despelote y mi trabajo es un despelote. El economista me resuelve, además, el vacío simbólico. Existo porque cuento con el chamán. Es mucha obediencia con los mandatos que les dejó [Bernardo] Neustadt a los argentinos. Esperar al sobresaliente, al chico con estudios". Para Schmidt, "los economistas son unos vivos, se aprovechan del sentido común. Desde la llegada de [Juan Vital] Sourrouille, la política pone su esperanza en el técnico; mientras que la sociedad pone, si la pone, su esperanza en los políticos. De alguna manera transfieren parte de la enorme responsabilidad que tienen encima".
Más allá del desembarco masivo en las listas, en los últimos años la "economía electoral" comenzó a explorar una serie de terrenos vírgenes, con elaboraciones teóricas que ya tienen un impacto muy grande. Lo que sigue es una selección de algunos de los estudios más novedosos, relevantes y divertidos al respecto.
Votantes desequilibrados. El estudio aún no fue publicado y tiene un título provocativo: "La demanda por malas políticas cuando los votantes no tienen en cuenta efectos de equilibrio". Lo escribieron los hermanos Pedro y Ernesto Dal Bo (basados en Brown y en Berkeley, respectivamente), junto a Eric Eyster, de la London School of Economics. "Lo que nos llevó a escribirlo fue la cantidad de malas decisiones de política económica que estamos viendo últimamente", le cuenta Pedro Dal Bo a LA NACION. La hipótesis principal es que los votantes eligen candidatos que defienden intereses particulares y subestiman el "efecto total" de las políticas. En terminología de economistas académicos: "Pierden de vista las cuestiones de equilibrio general". Es un trabajo de economía experimental, para lo cual se realizaron votaciones entre estudiantes de Brown. "Hay una sobrerrepresentación de economistas de la Argentina y de Italia trabajando en esta temática", dice Dal Bo (¿Por qué será?.)
Un médico ahí... Una rama nueva, en plena cresta de la ola y ya con incidencia real en el tablero de poder político se vale de técnicas econométricas de última generación para detectar fraude en las elecciones. Se conoce como "Election Forensics" (análisis forense de los resultados electorales). "Es una técnica que no tiene ni diez años", explica Julia Pomares, directora del Programa de Política y Gestión de Gobierno de Cippec. "Recibió atención cuando con ella se pudo mostrar de forma muy efectiva el fraude en las elecciones de 2004 en Ucrania (la que dio lugar a la «revolución naranja»). Se dio una especie de experimento perfecto, con un ballottage de elección presidencial entre dos candidatos. El que tenía el apoyo del líder ruso Putin y del oficialismo ganó, pero hubo denuncias de fraude de la oposición y de observadores electorales, que dieron lugar a protestas masivas. La Corte Suprema invalidó los comicios y llamó a votar de nuevo el mes siguiente. El candidato oficialista perdió apoyo y hubo un claro mensaje a los dirigentes territoriales de no hacer "esfuerzos especiales" para que gane. La comparación de esas dos elecciones, con los mismos candidatos, con técnicas de election forensics; mostró que se habían robado entre 2 y 3 millones de votos en el primer ballottage", explica Pomares. En la Argentina estas técnicas aún casi no han sido exploradas, pero un estudio muy reciente del politólogo Sebastián Saiegh las usó para confirmar el fraude en la década infame.
La influencia de las hijas. Como estudio no convencional, Dal Bo recuerda la investigación de la economista de la Universidad de Yale Ebonya Washington, que en 2008 publicó en el American Economic Review un trabajo que demostró cómo los legisladores con hijas mujeres tienen una propensión mucho mayor a votar a favor de iniciativas que favorezcan los derechos de la mujer. La investigación forma parte de una línea de estudios que hace énfasis en la identidad de los congresistas, que influye a la hora de votar más allá de la postura de cada partido y de las preferencias que expresen sus bases electorales.
Los voto sólo borracho. Entre los aportes más recientes de las neurociencias a la política, figura este dato: hay una correlación positiva entre niveles de alcohol en la sangre y adhesión a ideas propias de los partidos más conservadores. Un grupo de psicólogos se instaló a la salida de un bar de Boston, sometió a distintos voluntarios a un cuestionario de ideología política, y luego les hicieron un test de alcoholemia. Para Chris Mooney, autor del libro El cerebro republicano, la historia de los "borrachos de derecha" coincide con una vasta literatura de la psicología de la política, que resalta que la ideología no es solamente un conjunto de ideas y filosofía, sino también un grupo de sesgos y "estilos" cognitivos identificables. En otras palabras, no se trata tanto de lo que la gente piensa, sino de "cómo" lo piensa. Mooney cita estudios de académicos de distintas universidades que coinciden en que los republicanos son más propensos a defender sentencias de "pensamiento rápido y directo", mientras que los demócratas favorecen la complejidad en sus razonamientos, que exige una mayor concentración y esfuerzo. Por ejemplo, apoyar la idea de que "los pobres son responsables de su pobreza" es más "fácil" -en términos de energía cognitiva- que sostener que hay factores institucionales y sociales que impiden a los pobres salir del círculo de indigencia. Y emborracharnos es una de las formas que tenemos de "evadirnos" del pensamiento complejo.
De más está decir que Mooney tiene una orientación demócrata. Pero si lo que sostiene es cierto, más que gastar plata en los spots radiales que saturan el éter por estos días (y que llevaron al tuitero estrella Coronel Gonorrea a sentenciar: "Los spots de los candidatos dan ganas de cerrar el Congreso"), los partidos de derecha deberían repartir cerveza y vino gratis en la semana previa a los comicios. Una estrategia imbatible.
Economistas, a las listas
- Candidatos
En estas elecciones hay un récord de estos profesionales en las listas, lo que intensificó su relación con la política.
- Más y más preguntas
El electorado plantea mucho más interés por cuestiones que hacen a su economía que en otros tiempos.
- Transferencia
Hay quienes dicen que la política pone su esperanza en lo técnico y que la sociedad la pone en los políticos.




