Consejos de los ex: ¿qué le dirían al futuro ministro de Economía?

Juan Carlos de Pablo
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8 de diciembre de 2019  

Preguntas al economista Jean Baptiste Colbert (1619-1683): Fue ministro del rey de Francia Luis XIV; trabajó en el desarrollo del comercio y la industria con políticas de intervención del Estado. El lineamiento que dio a sus medidas quedó definido con el nombre de colbertismo.

Quien ejerce una importante función ejecutiva, si quisiera aprovechar la experiencia de sus antecesores, podría leer sus memorias, biografías o autobiografías, o convocarlos para encontrarse personalmente. En la Argentina, tanto en el caso del Ministerio de Economía como en el de la presidencia del Banco Central, algunos extitulares lo han hecho, mientras que otros se lo perdieron. ¿Qué le dirían hoy a quien estrenará el cargo ministerial dentro de un par de días, algunos extitulares de los equipos económicos?

Al respecto, al francés Jean Baptiste Colbert (1619 - 1683) le propuse hacer un ejercicio de imaginación: reunir alrededor de una mesa al futuro encargado de las políticas públicas que tienen que ver con la economía, con algunos argentinos que en el pasado ejercieron el mismo cargo, para que estos le brindaran algunos consejos útiles, basados en sus propias experiencias. Colbert me pareció muy indicado, por su propia trayectoria.

-Lo convoqué por su experiencia como funcionario público, pero prefiero que se presente usted mismo.

-Durante 21 años fui el ministro dominante del más grande de los monarcas absolutos, Luis XIV. Aprendí el oficio de administrador de Cardenal Jules Mazarín, a quien sucedí en 1661, cuando él falleció. Me considero un mercantilista hecho y derecho. El colbertismo fue esencialmente un tratamiento sistemático de las actividades económicas, impuesto desde arriba por el rey vía su sirviente. Sobrevivió a mi muerte, generando muchas más regulaciones en los 70 años posteriores a 1683.

-Los fisiócratas fueron una reacción al mercantilismo en general y a usted en particular.

-Yo estaba por el desarrollo de la industria, a costa del agro. Como ocurre con frecuencia, en Francia se pasó de una punta a la otra. Los fisiócratas eliminaron las trabas a la exportación de productos agrícolas, con el consiguiente impacto sobre el costo de la vida de las clases bajas de Francia, y me pregunto cuánta influencia tuvo esto en la generación de la Revolución Francesa.

-Usted no fue un economista, sus ideas se desprenden de los informes que le enviaba al rey; pero un par de importantes economistas se ocuparon de usted.

-Así es. Joseph Alois Schumpeter me describió como "honesto, capaz, enérgico administrador que sabía cómo hacer dinero, intimidar a los acreedores, mejorar los métodos contables y administrativos, estimular la industria, construir palacios y muelles, desarrollar la navegación, etcétera; fue sistemáticamente poco exitoso en llevar adelante otros planes, como el desarrollo de las colonias". En tanto que Adam Smith dijo de mí que fui un "hombre probo, de grandes conocimientos específicos, gran experiencia y agudeza en el análisis de las cuentas públicas, pero que lamentablemente creía en todos los prejuicios del sistema mercantilista".

-Bien, a trabajar.

-A su pedido, senté en una mesa a cinco exministros de Economía de su país, cada uno de los cuales ejerció el cargo en más de una oportunidad, para que le dieran consejos útiles al nuevo ministro de Economía. De modo que desde aquí yo tomaré su puesto.

Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

-Comienzo por Federico Pinedo.

-Hay dos clases de ministros, los ministros secretarios y los ministros consejeros. Los primeros se ocupan de sus "quintitas", los segundos -además- acompañan al presidente en la gestión general de gobierno. El ministro de Salud de un país, que no es un especialista en relaciones internacionales, debe tener una opinión sobre lo que hoy está pasando en Venezuela, Chile o Bolivia. Las tres veces que ocupé la cartera económica renuncié por razones políticas, no económicas. No se trata de renunciar por cualquier motivo, pero sí frente a discrepancias fundamentales.

-Adalbert Krieger Vasena.

-El de ministro de Economía y el de presidente del Banco Central son cargos gerenciales. Cuando a comienzos de 1967 viajé de Europa a Argentina, convocado por el entonces presidente Juan Carlos Onganía, para hacerme cargo del ministerio de economía, compré un cuaderno y en el viaje fui anotando nombres, no medidas. Porque no me pregunté tanto "qué hay que hacer" como "con quién enfrentaré los desafíos que se me planteen". Cuando llegué al Ministerio, sito en el quinto piso del Palacio de Hacienda, me encontré con oficinas vacías. Subí tres pisos, hasta el Consejo Nacional de Desarrollo, organismo con cuyos recursos humanos poblé el Ministerio, apoyándome en un conjunto de funcionarios liderados por Enrique Eugenio Folcini.

-Alfredo Gómez Morales.

-A comienzos de octubre de 1974 sucedí a José Ber Gelbard, en circunstancias políticamente dramáticas: Juan Domingo Perón había fallecido, y encima tuve que enfrentar a José López Rega. Durante los 7 meses que duró mi gestión, en buena medida languidecí, aumentando los desequilibrios que encontré al hacerme cargo. Languidecer es un error no cometido por Antonio Erman González a comienzos de 1991, ni por Jorge Remes Lenicov en abril de 2002. Cuando uno siente que le faltan las fuerzas requeridas para seguir ejerciendo el cargo en plenitud, tiene que hablar de inmediato con su presidente, para que encuentre un reemplazo.

-Roberto Teodoro Alemann.

-A comienzos de abril de 1982 las Fuerzas Armadas intentaron recuperar por la fuerza las Islas Malvinas, dramático episodio que terminó con la vida de aproximadamente 900 seres humanos. Que la política económica forma parte de la política resultó patente. Hubiera sido inútil decirle al presidente Leopoldo Fortunato Galtieri que frenara el operativo porque el aumento de la demanda de balas, aviones y barcos no estaba contemplado en el presupuesto aprobado por el Congreso. Hubo que modificar, y de manera significativa, lo que veníamos haciendo hasta entonces.

-Juan Carlos Pugliese.

-La política económica se define en el plano de los instrumentos y los seres humanos reaccionan sobre la base de incentivos y desincentivos. Por no haber aplicado esto al comienzo de mi gestión, en los primeros días de abril de 1989 me inmortalicé cuando, al subir la cotización del dólar paralelo como consecuencia del primer paquete de medidas adoptadas, afirmé que "les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo". Como bien dice Alfred Marshall, la política económica tiene que poner la cabeza fría al servicio del corazón caliente.

-Me llama la atención que estos consejos tienen poco que ver con la técnica o con la sustancia de la política económica.

-Por favor, que el nuevo ministro de Economía sepa interpretar todos estos consejos de manera correcta. No dicen que el contenido de la política económica, como su consistencia y relevancia no sean importantes. Dicen que la sustancia es una de las tantas consideraciones que hay que tener en cuenta para arribar a buen puerto.

-Don Juan Bautista, muchas gracias.

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