Consultar al médico pantalla mediante, ¿una práctica que llegó par quedarse?

Las consultas vía computadoras o celulares no fueron frecuentes hasta antes de la pandemia
Las consultas vía computadoras o celulares no fueron frecuentes hasta antes de la pandemia Crédito: Shutterstock
Laura Marajofsky
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21 de abril de 2020  • 15:42

El paradigma de la atención médica por vías digitales, como tantas otras cosas que la actual crisis sanitaria vino a cambiar, ya no es ni será el mismo durante y después de la pandemia de coronavirus. El concepto de atención de pacientes a través de la computadora o del teléfono celular no es nueva, pero lo cierto es que en países como la Argentina la telemedicina apenas estaba siendo explotada. Hoy, la demanda ya es alta.

En lugares como Estados Unidos (donde, según reportes oficiales, se le dio en esta emergencia un incentivo de US$8,3 millones) y Europa, los gobiernos y el sistema de salud están repensando cómo aprovechar mejor esta herramienta. "La telemedicina es una opción de consulta médica de todo tipo entre colegas a instituciones; permite a la distancia tener segundas opiniones para un mejor diagnóstico. Ese uso está en el origen, así como también hacer circular la información para una capacitación continua" de los profesionales, clarifica Leonardo Mezzabotta, médico obstetra y Jefe de Obstetricia del Sanatorio De Los Arcos.

En nuestro país, si bien algunas pocas entidades de salud lo ofrecían como alternativa, no era algo que la gente usaba con regularidad. Sin embargo, en el mes de marzo varias obras sociales y prepagas comenzaron a enviar comunicaciones a los afiliados que tenían turnos médicos programados, para volcar la consulta online. También se empezó a ofrecer esta vía como primera opción para resolver dudas y tranquilizar a los pacientes, con el objetivo de evitar un colapso del sistema de salud en medio de una pandemia.

La herramienta es especialmente valiosa para quienes tienen enfermedades crónicas o inmunodeficiencias, porque pueden hacer consultas sin salir de sus casas, una premisa central en estos tiempos de aislamiento social obligatorio. Y un aspecto de su uso es que habilitar esta modalidad, además de seguir permitiendo las consultas y el vínculo entre médicos y pacientes, a los profesionales y prestadores de servicios de salud los deja habilitados a tener una fuente de ingresos, en tiempos en que la concurrencia a la atención ambulatoria a las clínicas es escasa, porque todo lo programado que no reviste urgencia quedó postergado.

En el caso de personas infectadas con coronavirus, la telemedicina permite tramitar que lleguen al hospital de un modo tal que se prevenga el contagio a otros. En países como Singapur o Corea del Sur, la posibilidad de controlar a los ciudadanos por métodos digitales (previo testeo) permitió hacer el seguimiento de pacientes con el virus y de sus allegados durante las cuarentenas. De igual manera, a los trabajadores de la salud que no sean indispensables en la primera línea de trabajo y atención al público, se les recomienda el aislamiento y la práctica de dar atención de manera digital.

Una herramienta con desafíos

En el escenario global actual parece evidente la utilidad de la telemedicina o telehealth. Pero no todo es tan simple. Lo virtual, además de tener limitaciones, acarrea algunas problemáticas. Una es de la del uso de los servicios y su nueva dinámica: hay poco filtro a la hora de hacer las consultas y, a veces, abusos por parte de los pacientes. También hay un desgaste del cuerpo médico y necesidad de entrenamiento para manejar las nuevas tecnologías.

"Es cierto que la telemedicina nos facilita, por ejemplo, dar respuesta ante el resultado de un estudio, pero claramente no reemplaza el control clínico estándar con un examen físico. Y, si bien existen alternativas para que el paciente exprese sus signos (mandar fotos, etcétera), lo concreto es que sin una visualización directa se hace complejo. Está claro que esto permite reducir los tiempos de la consulta, los costos, pero también aumenta el margen de error. Cómo manejamos estos márgenes de error al no poder hacer semiología es la cuestión", explica Mezzabotta.

Las especialidades más solicitadas en esta crisis son ginecología y obstetricia, pediatría y psicología. "Creo que es importante diferenciar entre la decisión de un usuario de realizar terapia por videollamada de la situación actual en que no hay tal elección, sino que no les queda otra opción si desean continuar con su tratamiento. Como dificultades, destacaría en primer lugar que hay pacientes que no desean tener sesiones virtuales o telefónicas. Esto impacta obviamente en la continuidad del tratamiento y también en la economía del terapeuta. Hay usuarias y usuarios que piensan que la situación de aislamiento será breve y deciden esperar. También hay personas que podrían negarse, por el hecho de no tener la conectividad necesaria, por tener cierta resistencia al cambio o porque imaginan que las sesiones van a ser "más frías", explica la psicóloga Ariana Bastos, quien atiende en modalidad virtual desde hace un tiempo, y difunde información y ofrece servicios en Instagram.

Los cambios en la administración del tiempo y el desgaste de los propios profesionales tampoco es algo que debe subestimarse. Para Cecilia Calós, psicóloga que trabaja de forma privada y como docente en el equipo clínico de Fundación FORO, el cambio de modalidad ocasionó cuestiones tanto de adaptación del espacio como de privacidad, tanto en los profesionales como los pacientes. "Para muchos terapeutas, al pasar a los clientes a la modalidad por skype o videollamada, se generó todo un estrés y una necesidad de adaptación tanto para ellos como para los pacientes, al no saber si la prepaga les iba a cubrir este servicio –cuenta–. Eso se sumó al hecho de que no todos aceptaron la modalidad y, entonces, al comienzo esto repercutió en una baja de trabajo, si bien para la tercera semana de aislamiento muchos pacientes que se habían dado de baja cambiaron de opinión, debido a cuadros de mayor ansiedad y a otras patologías. Luego está el tema de organizar horarios, el hecho de que pueda interrumpirte alguien, porque los terapeutas también tiene su vida. La respuesta que yo tuve fue en general buena, porque la mayoría de los pacientes dijo que sentía que la consulta era más accesible y con un clima distendido"

Ingrid Briggiler es médica ginecóloga y obstetra, y hace 3 años creó la plataforma y app Llamando al Doctor. Es una empresa de telemedicina que funciona las 24 horas los 365 días del año y que tiene a la firma Galeno entre sus socios. "Vengo trabajando en el rubro hace diez años. Antes del Covid-19 la telemedicina estaba instalándose de poquito en las prepagas; nosotros teníamos llegada a 2,5 millones de usuarios y de a poco iba aumentando esa cantidad, pero el crecimiento no era tan exponencial como se dio ahora", cuenta Briggiler. Y agrega: "Nos han llamado municipios, provincias, instituciones públicas y privadas, que quieren tener Llamando al Doctor, así como tienen un servicio de emergencias o de denuncias. Buscan tener un servicio de atención primaria al que todos pueden acceder, que permita identificar patologías con un diagnóstico temprano, e identificar casos graves para hacer derivaciones y pacientes de riesgo para aislarlos".

Lo cierto es que la gente sigue enfermándose y, si se tiene en cuenta que, según Briggiler, la mayoría de las consultas son de baja complejidad (el 80%), es una ventaja que puedan resolverse de forma rápida, simple, eficaz y más económica.

Ante la pregunta de por qué la telemedicina no avanzó con fuerza antes de esta pandemia, una hipótesis es que había desconfianza por parte del paciente hacia esta metodología, que hoy adopta por necesidad. "A futuro, el desafío del sector es comprender que la tecnología viene a ayudarnos en todos los ámbitos de la vida, incluyendo la salud", señala Briggiler.

La clave, según indican quienes están en el tema, es pensar la telemedicina como un complemento dentro de los esquemas de atención, que aliviaría al sistema, de por sí muy forzado más allá del Covid-19.

"Va a haber un pico, pero luego de pasada la pandemia creo que la gente va a decir que no quiere ir más a un médico para que le haga una receta, para que le diga que mis estudios están ok, etcétera –dice Briggiler–. Si pensás en la última vez que fuiste al médico y caes en la cuenta de que en la mayoría de las oportunidades no se necesitó un examen físico, te vas a preguntar si no hubiera sido más práctico hacer la consulta de manera virtual y cuánto tiempo te hubieras ahorrado."

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