De Besarabia a la pampa húmeda
Nieto de inmigrantes, Grobocopatel se asoció con Arcor y BioSidus y apuesta a la biotecnología
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CARLOS CASARES (De un enviado especial).- Cuando Bernardo Grobocopatel, abuelo de Gustavo, recorría los campos del oeste bonaerense a principios del siglo pasado para producir fardos de alfalfa o cultivar girasol seguramente no imaginaba que su nieto sería, casi un siglo después, el CEO de un grupo empresarial que da trabajo directo a 180 personas e indirecto a otras 1200 y factura unos 90 millones de dólares por año. Tenía recuerdos de su Besarabia natal, traído a la Argentina en 1912 por su padre Abraham desde aquella región de Europa del Este castigada por el hambre y la persecución a los judíos.
Es que el grupo Los Grobo no es más que un caso que refleja el aporte que hicieron los hijos y los nietos de inmigrantes a la transformación de la Argentina.
Uno de los hijos de Bernardo, Adolfo, hizo crecer la empresa familiar en los años sesenta junto con sus hermanos, desde la producción de granos hasta completar todos los eslabones de la cadena: el acopio, el procesamiento y la comercialización.
En la década del noventa, Los Grobo Agropecuaria fue una de las empresas que protagonizó el salto en la producción de granos en el país, de 30 a más de 60 millones de toneladas. La transformación, en la que fue determinante la participación de Gustavo, ingeniero agrónomo egresado de la UBA, y su hermana Andrea, licenciada en Economía, se produjo por una innovación empresarial: sembrar en campos de terceros mediante la asociación con productores. De las 71.000 hectáreas que tienen actualmente en producción, desde Formosa hasta la provincia de Buenos Aires (y se extienden a Uruguay), sólo poseen 20.000. Hace unos años corrió el rumor de que el crecimiento del grupo se dio por apoyo político. Ante la consulta de LA NACION, Grobocopatel lo desmintió en forma rotunda.
"Nos integramos con socios y formamos redes de redes", afirma el productor. Al conglomerado de compañías lo llama integración y no diversificación. "Hay empresas que quieren hacer más agricultura, sembrar en más hectáreas o comprar campos. Nosotros creemos que dentro de la cadena de valor tenemos que integrarnos hacia la provisión de insumos, la exportación y la utilización de una comercialización más sofisticada y apuntar al procesamiento de alimentos", sostiene.
Su más reciente alianza fue con Arcor, la principal empresa argentina exportadora de alimentos procesados. La firma de los Pagani tiene el 51% de las acciones. Juntos están construyendo un puerto en San Pedro para cargas generales y contenedores. "Somos dos empresas nacionales que comparten una visión; ellos son expertos en el procesamiento y distribución de alimentos y nosotros en la originación de materias primas. Somos como un pianista y un flautista", ilustra Grobocopatel.
La comparación musical es apropiada, dado que Gustavo es el cantante del trío folklórico Cruz del Sur que editó un CD que recibió la crítica favorable de la prensa especializada.
La otra gran apuesta de Grobocopatel es la biotecnología. Preside Bioceres, una empresa creada por 70 productores agropecuarios, como incubadora de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), dedicada a lograr cultivos genéticamente modificados. Bioceres recientemente se asoció con BioSidus, la empresa que clonó las primeras vacas en el país, para crear el Instituto de Agrobiotecnología de Rosario (Indear), que cuenta con el apoyo del Conicet y otros organismos estatales. La iniciativa, que demandó una inversión de cinco millones de dólares, hará menos dependiente a la Argentina de los desarrollos de la biotecnología.
Con vista al campo
Hace unos meses, Los Grobo inauguraron una oficina de 1600 metros cuadrados sobre la ruta 5, en el kilómetro 308. Con un estilo "criollo innovador", según lo definen, cuenta con un auditorio de capacitación multimedia para 200 personas y un centro de comunicación para conectarse punto por punto con los más de 30 centros de producción que el grupo tiene en el país.
Las oficinas, por su modernidad, no desentonarían en Puerto Madero o Palermo Hollywood, aunque los más de 80 empleados que trabajan en ellas, jóvenes en su mayoría, tienen vista al campo. No hay tabiques ni paredes para separar ambientes. "La mirada facilita la integración", dice Gustavo.





