¿Dónde está el problema de la desigualdad?

Kenneth Rogoff
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11 de mayo de 2014  

CAMBRIDGE.- Al leer el nuevo libro influyente de Thomas Piketty, El Capital en el Siglo XXI, se podría concluir que el mundo no ha visto tanta desigualdad desde los tiempos de los barones de los ferrocarriles en Estados Unidos del siglo XIX o de los reyes. Eso es extraño, porque se podría concluir al leer otro libro excelente, The Great Escape, de Angus Deaton, que el mundo es más igualitario hoy que nunca.

¿Qué visión es la correcta? La respuesta depende de si uno analiza países por separado o el mundo como un todo.

El dato más abarcante en el libro de Deaton es que en las últimas décadas varios miles de millones de personas en el mundo en desarrollo han escapado de niveles desesperantes de pobreza. La misma maquinaria que ha incrementado la desigualdad en los países ricos ha aplanado el campo de juego globalmente para miles de millones.

Hay varios debates técnicos arcanos que rodean los datos que Piketty ha establecido en los últimos 15 años con su coautor Emmanuel Saez. Pero sus resultados me resultan convincentes, dado que otros autores, con métodos diferentes, han llegado a conclusiones similares. Pero Piketty y Saez no ofrecen un modelo. Y la falta de un modelo, combinado con el foco puesto en los países del mundo con nivel de clase media alta, importa mucho a la hora de recomendar políticas. ¿Los seguidores de Piketty tendrían el mismo entusiasmo respecto de su impuesto a la riqueza global progresivo si apuntara a corregir las disparidades entre los países más ricos y los más pobres, en vez de entre los que están en buena situación medido por estándares globales y los ultra ricos?

Piketty sostiene que el capitalismo es injusto. ¿El colonialismo no era injusto también? Como sea, la propuesta de un impuesto global a la riqueza está repleta de problemas de credibilidad y de aplicación.

Si bien Piketty tiene razón al decir que la ganancia sobre el capital se ha incrementado en las últimas décadas, le da muy poca importancia al amplio debate entre economistas respecto de las causas. Por ejemplo, si el principal motor es el influjo masivo de mano de obra asiática a los mercados de comercio globalizados, el modelo de crecimiento propuesto por el economista y premio Nobel Robert Solow sugiere que eventualmente los stocks de capital se ajustarán y los salarios aumentarán. Pero por otro lado, si la participación de los trabajadores en el ingreso está cayendo debido al inexorable auge de la automatización, seguirán las presiones hacia abajo sobre esa participación.

Por suerte, hay maneras mucho mejores de abordar la desigualdad en los países ricos y promover al mismo tiempo el crecimiento a largo plazo de productos de países en desarrollo. Por ejemplo, el cambio a un impuesto al consumo relativamente plano sería una manera mucho más simple de gravar la acumulación pasada de riqueza.

Un impuesto progresivo al consumo es relativamente eficiente y no distorsiona las decisiones de ahorro tanto como los actuales impuestos a las ganancias. ¿Por qué tratar de pasar a un improbable impuesto global a la riqueza cuando hay alternativas disponibles que promueven el crecimiento, obtienen una buena recaudación y pueden hacerse progresivas por medio de una exención muy elevada?

Además de un impuesto a la riqueza global, Piketty recomienda una tasa impositiva marginal sobre las ganancias del 80% para Estados Unidos. Aunque creo que Estados Unidos necesita impuestos más progresivos, en particular aplicados al 0,1% más rico, no entiendo por qué supone que una tasa del 80% no causaría distorsiones significativas.

Hay muchas políticas prácticas que se pueden adoptar para reducir la desigualdad, además de un impuesto progresivo al consumo. Centrándose en Estados Unidos, Jeffery Frankel, de la Universidad de Harvard ha sugerido la eliminación de los impuestos a las nóminas para los trabajadores de bajos ingresos, la reducción de las deducciones a los de altos ingresos e impuestos a la herencia más elevados. La educación preescolar universal aumentaría el crecimiento a largo plazo, así como un mayor énfasis en la educación adulta de por vida, posiblemente vía cursos online.

Aceptando la premisa de Piketty de que la desigualdad importa más que el crecimiento, hay que recordar que muchos ciudadanos de países en desarrollo dependen del crecimiento de los países ricos para ayudarlos a escapar a la pobreza. El primer problema del siglo XXI sigue siendo ayudar a los que sufren extrema pobreza. Sin duda la elite del 0,1% más rico debiera pagar más impuestos, pero no olvidemos que en lo que se refiere a reducir la desigualdad global, el sistema capitalista ha tenido tres décadas impresionantes.

© Project Sindicate 2014

El autor fue jefe de economistas del FMI y es profesor de Economía en Harvard

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