Dónde estamos y hacia dónde vamos

Miguel Angel Broda
Andrea Broda
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21 de abril de 2013  

La actividad está estancada hace siete trimestres. De hecho, entre el tercer trimestre de 2011 y el primero de 2013, el PBI creció 1,3%, lo que equivale a sólo 0,2% por trimestre. En el primer trimestre de este año, el PBI habría registrado una suba interanual de apenas 0,9%, exhibiendo una preocupante heterogeneidad sectorial: los sectores productores de bienes habrían caído 2,3%, mientras que los proveedores de servicios habrían repuntado un 2.5% interanual. Con la debilidad de la actividad, se frenó también la creación de empleo formal. Por otra parte, la tasa de inflación se aceleró en enero y si bien luego cedió (febrero dio 1,3% y marzo 1,6% vs. 2,6% en enero), permanece en niveles elevados (24,7% anual).El dólar paralelo trepó a $ 8,7y la brecha con el oficial ya alcanza 68 por ciento. Mientras el drenaje de reservas continúa: en lo que va del año perdimos US$ 3480 millones, acumulando desde el máximo (enero de 2011) una pérdida de US$ 12.844 millones. A todo lo anterior, se agrega que se complicó el juicio de los holdouts en EE.UU.

Frente a estos problemas, el Gobierno reaccionó, mostrando preocupación (aunque sin explicitarla públicamente) por la pérdida de reservas, la escalada del dólar paralelo y la aceleración inflacionaria (en cambio, mostró poca inquietud por el estancamiento de la actividad). Así, para moderar la inflación, impuso el congelamiento de precios, puso topes al precio de las naftas, se intentó alargar plazos y moderar el ajuste salarial en paritarias (buscando para ello bajar la inflación esperada con el congelamiento). Asimismo, preocupado por la pérdida de reservas, intensificó el control de cambios, introdujo el "dólar-turista" (20% más caro que el oficial) e intentó incentivar la liquidación de agro-dólares bajando la tasa de devaluación esperada (a través de la venta de dólares futuro a plazos más largos y a un ritmo devaluatorio similar al actual, de 20% anualizado). Al mismo tiempo, buscó frenar la suba del dólar paralelo con "presiones" a operadores y mayor prudencia monetaria. Así, en el primer trimestre, el BCRA contrajo la base monetaria en $ 5,137 millones y subió la tasa de las Lebacsa 12 meses para esterilizar muchos pesos (a 5,5% vs. 12,9% un año antes). En materia fiscal, también hubo alguna moderación: la Nación moderó el aumento del gasto discrecional (subsidios "de caja" y transferencias a provincias) ante la desaceleración de sus ingresos tributarios y financió buena parte del agujero en pesos del primer trimestre con una fuerte caída de los depósitos públicos evitando una mayor emisión de origen fiscal.

El gran interrogante es si esta moderación de las políticas públicas va a extenderse en el tiempo. Y la respuesta es probablemente no. Es que el BCRA tendrá que emitir para comprar un importante excedente de dólares en el segundo trimestre por la mejor cosecha (US$ 4500 millones) y aumentará la emisión necesaria para financiar el agujero fiscal (de $ 2682 millones en el primer trimestre, a unos $ 13.000 millones en el segundo, $ 25.000 millones en el tercero y a $ 36.000 millones en el cuarto).

Aun con mayor impulso de la política macro, nos da la sensación de que el congelamiento de precios más las presiones para moderar los ajustes salariales pueden llevar a que antes de las elecciones de octubre la inflación se ubique por debajo de 2% mensual (o 23% en términos anualizados). La economía tendrá, así, un "efecto neutro" a la hora de votar: es que si bien la actividad está estancada, el nivel del PBI actual es elevado, y no habrá aceleración de la tasa de inflación. Sin embargo, el exceso de pesos y las expectativas condicionarán la evolución de la brecha cambiaria.

En este contexto, aparece el "fantasma" de lo que puede ocurrir después de octubre. Pero nosotros no prevemos cambios significativos. El Gobierno mantendrá su estrategia (basada en un gran tamaño del Estado; políticas públicas siempre expansivas; aumento de la coerción sobre el sector privado; mayor proteccionismo y aislamiento), y también su táctica (redoblar permanentemente la apuesta) y metodología (apelar al parche tras parche cuando surgen problemas). No dará marcha atrás con el cambio de "régimen" que impuso desde fines de 2011 (inconvertibilidad del peso; restricciones a la importación; al giro de utilidades; expropiación de YPF; "politización" de la Justicia). Cambio de régimen que ha dañado los incentivos micro a invertir, a contratar personal y a aumentar la productividad, dañando así nuestra tasa de crecimiento potencial.

Sin dar marcha atrás con el cambio de régimen que pulverizó la confianza y distorsionó los incentivos, la Argentina, que fue el país de la región que menos creció en 2012 exceptuando a Paraguay, apunta en 2013 a "repetir la hazaña" (con la probable excepción de Venezuela). Y, además, tiene por delante dos años (2014 y 2015) de languidecimiento, alta inflación y sustancial caída de la rentabilidad empresaria (aunque aquí también habrá heterogeneidad). Creemos que evitamos una crisis macro en 2013, pero la "lenta agonía" puede imponer un costo muy alto al Gobierno en las elecciones de 2015.

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