Dos de tres: la recalificación de la deuda argentina podría habilitar la entrada de US$6000 millones
La decisión de Fitch y S&P de elevar la calificación soberana destrabó restricciones que limitaban la inversión de fondos institucionales
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Dos de las tres calificadoras de riesgo más importantes del mundo le subieron la calificación a la deuda soberana argentina, que pasó de ser considerada CCC+ a B-. La noticia no solo impulsó una fuerte suba de los bonos soberanos y llevó al riesgo país a tocar mínimos en ocho años, sino que también habilita la llegada de hasta US$6000 millones de nuevos inversores institucionales que hasta ahora tenían prácticamente vedado invertir en la Argentina por sus restricciones normativas, según estimaciones privadas.
A mediados de la semana pasada, Standard & Poor’s (S&P) elevó la nota de la deuda soberana local, en línea con la decisión que había tomado Fitch Ratings un mes atrás. Aunque todavía falta que se pronuncie Moody’s, la combinación de ambas mejoras permitió que la recalificación general de la Argentina le abra las puertas a la llegada de una porción más amplia del capital global.
“Este segundo upgrade activa un factor clave para los inversores internacionales: un ‘technical unlock’ o destrabe técnico de mandatos institucionales. Muchos fondos de inversión operan bajo restricciones normativas estrictas que les impiden mantener activos de países calificados dentro del rango ‘CCC’. Por lo general, estos mandatos exigen que al menos dos de las tres principales agencias internacionales ubiquen al soberano en la categoría ‘B’ para autorizar nuevas asignaciones de capital. Con la mejora de S&P, este límite regulatorio se destraba, abriendo la puerta a flujos pasivos y activos de fondos que antes tenían vedado el riesgo argentino", explicó Eric Ritondale, economista jefe de Puente.
El ciclo completo de mejoras de calificación podría generar una demanda potencial de corto plazo cercana a los US$6000 millones, equivalente a aproximadamente el 10% del flotante de bonos Globales y Bonares en manos privadas, de acuerdo con estimaciones preliminares que realizó AdCap Grupo Financiero.

“Por supuesto, parte de ese flujo ya fue anticipado por inversores institucionales de largo plazo, por lo que la demanda efectiva posterior al evento debería ser menor a la cifra teórica. Aun así, la dirección es clara: la mejora de calificación debería favorecer una rotación de la base de tenedores de bonos hacia inversores más estables y respaldar una mayor compresión de spreads", dijo Federico Filippini, head of Research de Adcap.
Con este cambio de categoría crediticia, en el mercado se estima que el capital potencialmente habilitado para invertir en bonos soberanos podría expandirse desde los US$150.000 y US$250.000 millones que había en la actualidad hasta más de US$300.000 millones, según señalaron desde la sociedad de bolsa GMA Capital. Esa cifra no representa dinero que ingresará automáticamente al país, sino el volumen total de capital que, tras el cambio de categoría crediticia, ya no tiene restricciones regulatorias para invertir en la Argentina.
“Incluso, una asignación marginal de ese monto tendría capacidad para generar flujos relevantes hacia la deuda soberana y alimentar una nueva ronda de compresión de spreads, profundizando el rally reciente", remarcaron desde GMA Capital.
Desde que se conoció la noticia, los bonos soberanos comprimieron 60 puntos (un avance de US$2,8 en promedio) y el riesgo país llegó a tocar el lunes los 425 puntos básicos, valores que no se veían desde abril de 2018. Para Ritondale, a diferencia de mejoras crediticias anteriores, que mostraron efectos más acotados, se anticipa que este segundo ajuste consolidará una mejora de precio más permanente.

“Este sendero favorable podría verse amplificado en las próximas semanas por la maduración de nuevos catalizadores, tales como la formalización de líneas de financiamiento garantizadas por organismos internacionales, la realización de un nuevo pago de bonos soberanos en julio, el mantenimiento de las compras de reservas en niveles elevados y una eventual emisión internacional de bonos soberanos en el tercer trimestre del año", completó.
Sin embargo, las elecciones presidenciales de 2027 empiezan a ser un tema de conversación cada vez más recurrente entre los inversores, ante las dudas de que las mejoras que observa la macroeconomía puedan mantenerse más allá de la actual gestión de gobierno . Para Filippini, la percepción del mercado es que será un evento polarizado y, por ahora, muy incierto.
“Sin embargo, en línea con la visión de las agencias de rating que mejoraron la calificación soberana en las últimas semanas, entendemos que una fuente relevante de dólares y riqueza como Vaca Muerta tiene un carácter transversal a la política. Esto reduce el riesgo de escenarios extremos en torno a los eventos electorales y acota las colas de distribución de los retornos", cerró.
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